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Miércoles, 19 de Febrero de 2020


Sano orgullo.- Guillermez

Queridos amigos,

En este 2020 cumplo 10 años desde que dejé el Opus Dei, y estoy enormemente feliz de este aniversario. Lógicamente, no ha sido un proceso fácil. He tenido mil obstáculos que superar y una vida que reconstruir desde cero. Pero mereció la pena haberme ido, mucho.

Ayer pensaba justamente en esto antes del almuerzo. Había quedado con un amigo de entonces -aún sigue de numerario-, y no sabía cómo me lo iba a encontrar. La comida comenzó como siempre que anda un numerario de por medio: risas forzadas, aire de superioridad, reparto de consejos que nadie le ha pedido,... y un mantra contínuo a mis preguntas: "estoy muy bien, no tengo ningún problema, todo va fenomenal". Pero ahí estaba mi amigo, casi con 40 años, todavía cuidando niños en un club juvenil, y una sonrisa más falsa que Judas. Después de la segunda cerveza llegó la hora de entrar en materia:

- ¿Cómo te va trabajando en la Delegación? ¿mucho trabajo?

- Super bien, tío, es un sitio inceíble, gente buenísima. Se hace mucho bien. Toco el apostolado cada día con mis manos...

- ¿Y te están pagando ya las cotizaciones a la Seguridad Social?

- (Silencio). Tío, no empieces. No estamos robando a nadie. Es una familia, actuamos como una familia normal en la que los hijos trabajan con el papá. No les des más vueltas, yo moriré en Casa, no me preocupa ese tema para nada.

Y pasó al contraataque:

- Tú qué tal, ¿sigues echando de menos cuando eras numerario?

- Javi, sabes perfectamente que no echo de menos nada de esa vida. Por algo me salí.

- Ya te acuerdas lo que decía nuestro Padre, que siempre caen lágrimas como puños...

- Jajaja. Puedo prometerte que en 10 años no he llorado ni una sola vez por haberme ido. Si acaso, me duele no haberme ido antes.

- No me lo creo.

- Pues ya ves.

Y de ahí pasamos a temas triviales, pedimos la cuenta, y nos despedimos con un abrazo. Hasta la próxima comida.

De regreso a casa, le conté a mi mujer. Me había hecho pensar mucho lo de las lágrimas como puños y el famoso dolor eterno que sentirá todo ex-Opus si lo deja. Estaba enfadado de que aún haya idiotas que puedan soltar semejante afirmación y quedarse tan frescos. Y más aún, que haya gente que les crea.

- "Cariño, tienes que estar muy orgulloso de ti mismo. Sólo alguien con un par es capaz de dejar el Opus y seguir adelante".

Qué gran verdad me dijo mi mujer. En una frase acertó de pleno. Por eso quiero hacer aquí un llamamiento a mirar atrás con satisfacción. No somos unos parias ni unos apestados, sino unos valientes. Traición hubiera sido quedarse en una institución que en conciencia sabíamos que no era lo nuestro, o veíamos que no era sino un engaña-bobos. Conozco a varios que aún siguen dentro por motivos humanos (no tienen ahorros, no saben hacer otra cosa, son muy mayores para buscar otra vida). Qué pena. Nosotros -queridos amigos-, le echamos valor y seguimos a nuestra voz interior. Sin dinero, sin trabajo quizás, sin amigos... pero con la determinación de vivir. Así de simple. Por todo ello, una vez más, no puedo sino decir: gracias, Dios mío, porque me fui.

Guillermez




 

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