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 Tus escritos: Trastorno Narcisista y el Opus Dei (Segunda Parte).- Nelli

105. Psiquiatría: problemas y praxis
Nelli :

SINTOMAS DEL DESAPEGO
Nelli, 1 de marzo de 2010

 

Según nos comenta el Dr. Arthur Weidman Becker, hay cuatro patrones comunes entre las personas que sufren de desapego:

 

  1. Maltrato crónico.
  2. Problemas en el control de impulsos, problemas en regular el afecto.
  3. Desconfianza.
  4. Se perciben a sí mismos como defectuosos, “no son amados y no son dignos de ser amados.”

 

1. Maltrato Crónico

 

Como lo mencioné en el correo que envié el 3 de febrero del 2010 (Trastorno Narcisista y el Opus Dei –Primera Parte-), creo que es evidente la angustia que le provocaba a Escriba hablar de su niñez. Lo que refleja el maltrato sufrido durante su infancia.

 

También está el persistente relato de esconderse debajo de la cama por vergüenza. Cuando un niño es tímido, se oculta detrás de la falda de su madre, o si es más grande, trata de estar desapercibido en un rincón o simplemente se retira a su cuarto. Pero llegar al extremo de esconderse debajo de la cama por vergüenza es algo que sí he presenciado muchas veces en los niños con desapego. Y al decir niños, me refiero incluso a ya casi adolescentes. Les he visto esconderse detrás de algún sillón cuando se les niega algo, sin importar que tan amable y considerada sea esa negativa, también les he visto irse muy enojados a su cuarto y esconderse debajo de la cama o en un rincón dentro del closet. Escriba tenía razón, se escondía por vergüenza, pero a mi ver la causa de la vergüenza es por revivir esa falta de afinidad con su madre. El tomó ese rechazo no hacia la ropa que no debía usar o hacia el comportamiento de tener que saludar de beso, sino que percibió ese rechazo hacia sí mismo, hacia su persona y se le rechazó en su entender porque él “es malo”. Si a esto se le suma que la madre en lugar de ir y tratar de restablecer la afinidad con el niño haciéndole ver que sigue siendo amado por ella, por el contrario ésta llega con un garrote para darle duro a la criatura, pues se ve claramente cómo se llevó este maltrato crónico que pudo haber sufrido Escriba...



Según los relatos oficiales del Opus Dei la madre de Escriba estaba siempre ocupada. Aquí yo me pregunto qué tan ocupada estaba la madre de Escriba. ¿Acaso estaba tan ocupada que no tenía tiempo de atender las necesidades (físicas y/o emocionales) de su hijo? Hay testimonios en esta web sobre la insistencia de tener una casa perfecta. Incluso se llegó a comentar de “correcciones fraternas” a supernumerarios por no usar dos clavos para colgar los cuadros y para poder que estén perfectamente alineados. También hay testimonios que Escriba exigía que las casas de la obra fueran perfectas y hacía rabietas si un cuadro no estaba alineado. Yo recuerdo a una supernumeraria haciendo un comentario similar cuando entramos a la casa de un tío: “Así es como debe ser una casa cristiana. Perfecta hasta el último detalle”. ¿Acaso habrá sido así la mamá de Escriba? ¿Es eso una virtud? No, de ninguna forma lo creo. De lo que estoy segura es que los niños no necesitan una casa limpia y perfecta. Lo que los niños necesitan es una mamá DESCANSADA.

 

¿Habrá sufrido de desapego la mamá de Escriba lo que dificultó el apego natural madre-hijo? No lo sabemos, pero al parecer la “Madre Guapa” sí maltrata crónicamente a sus hijos. Ella es la “Madre Guapa”. Me llama mucho la atención esa definición, sé que es una expresión muy española pero sin embargo no se le refiera como la madre buena, la madre alegre, la madre preocupada por sus hijos o simplemente la madre. Ella es Guapa, preocupada en sí misma por su frívola guapura. Ella maltrata crónicamente a sus hijos al exigir de ellos más de lo que pueden dar:

 

·   Les exige dinero y mucho. Todo para ella nada para sus hijos mas que lo indispensable para darle a ella imagen de poder. Pero si dejan la obra ni lo indispensable será para los hijos. Lo importante es que ella esté bien, NO sus hijos.

·   Les exige sumisión completa. Obediencia absoluta e incondicional. Nada pueden hacer sus hijos por iniciativa propia, se les exige a los hijos que rechacen su libertad. Todo tiene que ser bendecido y aprobado por ella (para que no yerran el camino y la hagan quedar mal).

·   Les exige que abandonen todas sus amistades y familiares y se aíslen en un mundo de rituales y soledad.

·   Les exige idolatría hacia su persona (la Madre Guapa). Nadie, ni siquiera la Santa Madre Iglesia quien la parió está por encima de ella. Los demás hijos de la Madre Iglesia están muy por debajo, ella es quien levanta a sus hijos a las alturas y los salva, por eso se le debe idolatrar y no cuestionar en lo absoluto.

·   Les exige a sus hijos perfección hasta el más mínimo detalle mundano así como ella es “perfecta”.

·   Les exige a sus hijos que la hagan quedar bien ante la sociedad y que sirvan de ejemplo a costa de lo que sea aun en contra de su propia conciencia.

 

2. Problemas en el control de impulsos, problemas en regular el afecto

 

El retraso emocional es un síntoma común en el desapego. Son como niños muy pequeños porque quedaron psicológicamente estancados en una edad muy temprana y siguen teniendo la necesidad de tener una mamá que les quiera incondicionalmente y enseñe a amar. De repente hacen berrinches que podrían lastimar seriamente a alguien sin remordimiento y después son tan tiernos e inocentes y pueden besar los pies de quienes les rodean.

 

Gervasio nos dice el 9 de abril del 2007 en “Cosillas del Fundador” que José María Escriba era como un niño. Si bien se puede confundir esta “niñez” con el mandato de Jesús de tener que ser como niños. Jesús hacía referencia a la confianza (fe) que tienen los niños hacia sus padres. Es MUY diferente de la inmadurez emocional del desapego que es producto de la desconfianza que el niño les tiene a sus padres. Así, la niñez que nos describe Gervasio es “Se hacía querer, porque en gran medida era como un niño, con sus rabietas, con sus momentos de ternura, con sus ingenuidades, con su sabiduría que también la tenía, con su sentirse culpable por cosas tontas y no sentirse culpable por cosas que no tienen pase.”

 

Ya bastante han sido los testimonios que hablan sobre la dificultad del fundador en controlar sus impulsos y sus frecuentes rabietas de cuando las cosas no se hacían como él decía, en ese volver a sentirse “rechazado” y ante el miedo de su vulnerabilidad se tornaba agresivo.

 

Gervasio nos comenta sobre la falta del sentido común de Escriba al tratar de imitar a María Magdalena y lavar el sagrario con perfume. Si se le alaba a María Magdalena por hacerlo, pues él imita ese comportamiento, pero al notar que ocasiona risas lo deja de hacer. Esta forma de aprender lo que es socialmente aceptable” a través de las consecuencias naturales (en este caso la risa/burla) es muy común por quienes sufren de desapego pues carecen de sentido común. Escriba carecía de ese sentido común, probablemente también batallaba en entender causa-efecto y como “el león cree que todos son de su condición” pues se le puede dar una explicación al interrogante de Gervasio de por qué se le tenía que explicar “a sus hijos” una y otra vez que los sagrarios solo se limpian con agua.

 

Otro aspecto interesante a resaltar también nos los trae Gervasio: Otra excentricidad consistía en repartir besos. Como era padre repartía besos”. Aun recuerdo claramente cuando la maestra en la escuela reclamaba a mi esposo y a mí que uno de los niños que adoptamos, no sabía como mostrar su afecto y se agarraba abrazando a todos los niños en el salón. Curiosamente, después este niño fue diagnosticado con desapego severo y apuntando hacia el trastorno narcisista.

 

Carmen Tapia en “Tras el umbral: Una vida en el Opus Dei” nos comenta que no había una relación de hermandad entre José María y su hermana. “Por otra parte, monseñor Escrivá no la iba a ver con demasiada frecuencia (su hermana Carmen) y cuando iba no había una conversación fácil. Encarnita, que estuvo presente en más de una de estas visitas, contaba que era muy incómodo ver los silencios de tía Carmen y los silencios del Padre”. Las personas con desapego no saben relacionarse íntimamente con nadie. Tienen temor a la intimidad porque implica vulnerabilidad y temen mucho volver a sentirse vulnerables y ser lastimados nuevamente. Sus relaciones con las personas son muy superficiales y volátiles. Es muy probable que por eso Escriba no entendiera por qué los seres humanos necesitamos de esas relaciones íntimas para nuestro bienestar y no vio ningún problema en dictar que sus hijos no tuvieran amistades entre sí. Solo podían intimidar con la obra (directores) y con Dios.

 

Escriba demostró muchas veces su falta de empatia con Carmen Tapia, con las numerarias quienes le servían la comida, con la madre a quien le dijo que él no hablaba con gallinas cluecas… Esa falta de empatia demuestra la falta del desarrollo de la conciencia. Al no tener conciencia, se tiene que aprender “a la fuerza y de memoria” lo que está bien y lo que está mal, pero sin llegar a entender el por qué. Aquí es en donde yo entiendo la forma de llevar la dirección espiritual en el Opus Dei. Si Escriba no tenía la conciencia desarrollada, cree que sus hijos son igual y se les tiene que dictar lo que se puede y no se puede hacer en forma minuciosa.

 

La madre guapa también tiene problemas en regular el afecto hacia sus hijos:

 

·   Les exige relacionarse con ella solamente. NO entre “los hermanos”. Igual que lo hace los niños con desapego al querer que los padres les sirvan “a ellos solos” ni hermanos ni a cónyuges solo a ellos. Hablo de servir NO de amar, porque ellos no saben como amar, miran a sus padres (y demás personas) como objetos (no como personas) quienes tienen que servirles lo que ellos pidan.

·   Les exige dependencia absoluta hacia ella, no respeta la autonomía ni libertad de sus hijos.

·   Si abandonan la casa materna, ella “los niega” y abandona. No les quiere si no están con ella y los acusa de ser ellos, NO ella quienes fallaron.

·   Invierte los papeles y en lugar de ser la madre quien cuida y vela por sus hijos, son los hijos quien tienen el trabajo de mantener económicamente a la madre y cuidar de su buen nombre social. Primero están las necesidades de la madre antes que la de las de sus hijos.

 

3. Desconfianza

 

La desconfianza se debe a que no se confía que las necesidades básicas físicas y/o emocionales sean satisfechas. El bebé solo, con frío, no le dan de comer, el no puede comer solo… ¿Lo dejaran morir de hambre? La mamá casi nunca viene a hablarle, a arrullarlo, a jugar con él… ¿Será él un objeto?

 

Así, desde la niñez esa desconfianza se demuestra con una necesidad de controlar todo, la híper vigilancia que quizás se perciba como un “meter las narices” por todas partes, también se demuestra con un encanto personal. Se dice que los mejores actores son las víctimas de abuso y estas personas tienen un “magneto” especial. Este “encanto personal” se derrumba cuando se tiene un trato más íntimo y se descubre que ese encanto es solo manipulación. Esta manipulación fue esencial durante la infancia para poder sobrevivir. No se confía que los adultos le den lo necesario para subsistir y hay necesidad de manipularlos para poder obtener lo que se desea.

 

Aun cuando mi esposo y yo hemos llevado a la escuela cartas de psicólogos emitiendo el diagnóstico de los niños quienes adoptamos, puedo dar testimonio de cuán difícil es para la gran mayoría de las personas poder comprender que estos niños quienes son tan encantadores y amables pueden padecer de trastornos tan severos que incluso se le considera como el hoyo negro del estado psíquico. Después de tratarles por un tiempo y ser víctimas de la manipulación, es cuando se comprende lo que hay detrás de ese compartimiento que a primera instancia parecía tan inofensivo y encantador.

 

Cuántos escritos hay en esta web site sobre la manipulación sufrida dentro de la obra y el ser percibidos como objetos y no considerados como personas. Los mismos nombres que se les dan a los diferentes miembros lo delatan. Numerario (un número), agregado (“algo” que se agrega), Supernumerario (súper número) mas las sirvientes quienes fueron sufriendo transformación en el modo de llamarles.

 

La manipulación dentro de la obra se ve reflejada en la confesión, donde el sacerdote manipula al penitente al no decirle que lo que hable después de la absolución lo va a comunicar en una junta con varios directores de la obra. El director espiritual tampoco le dice a la persona que lo que le diga en la charla lo apuntará por escrito y será hablado en las juntas con directores. También ese manipular a los pitables mostrando solo la cara bonita de la obra y no mostrar en realidad a lo que se van a comprometer.

 

La fe y la confianza caminan juntas y van de la mano. Escriba, al no tener fe en que Dios lo fuera a salvar (no confían en nadie), tuvo necesidad de buscar múltiples ritos que él pudiera controlar para poder llegar a la salvación. Sin esos ritos la salvación no era posible ante sus ojos.

 

Esta desconfianza produce angustia. Las personas con desapego viven en un estrés constante y para “no pensar” distraen su mente, por eso es común que hablen mucho o en este caso yo creo que Escriba procuró que tanto sus hijos como él estuvieran siempre ocupados “para no tener pensar”.

 

La desconfianza también se refleja en el Opus Dei en que Dios no pueda salvar “su propia obra”.

 

·   Se desconfía de Dios al apartar a sus miembros de sus familiares para que no vayan a salirse de la obra cuando Jesús mismo simplemente decía “ve regala lo que tienes y sígueme” sin necesidad de manipular la conciencia y coartar la libertad de la persona.

·   Se desconfía de Dios al tener que reclutar niños bien y guapos para atraer más gente cuando el mismo Jesús escogió de todo entre sus apóstoles y al ignorante y pobre de Pedro lo eligió como cabeza de su Iglesia.

·   Se desconfía de Dios al tener la necesidad de que su fundador sea santo y no solo santo sino “El Santo”. Nadie superior ni con más santidad que José María Escriba, cuando Jesús reprimió a sus apóstoles diciéndoles que quien quiera ser el primero que sea el último.

·   Se desconfía de Dios al exigir que los numerarios tengan que ser físicamente perfectos cuando Dios elijó al tartamudo de Moisés para liberar a su pueblo y guiarlo a la Tierra Prometida.

·   Se desconfía de Dios al decir que si los miembros del Opus Dei dejan la obra se condenan cuando Jesús mismo alabó el cumplimiento de la ley de Dios del buen Samaritano quien en la parábola pertenecía a la sociedad de los que se habían apartado y no cumplían con todos los reglamentos del pueblo elegido de Dios.

·   Se desconfía de Dios al hacer mucho énfasis en la necesidad económica de la obra para poder estar en las esferas más altas y poder atraer a más almas cuando Jesús dijo que El no tenía ni en dónde recargar la cabeza y que su reino no era de este mundo.

·   Se desconfía de Dios al dar una imagen agradable de la obra a los pitables y no decirles a lo que realmente se van a comprometer “para no escandalizar” porque ellos “todavía no entienden el espíritu de la obra” cuando Jesús hablaba claro y no prometía rosas sino que advertía a sus discípulos que serían perseguidos por su causa.

 

4. Se perciben a sí mismos como defectuosos, no son amados y nadie los puede/debe amar

 

Aquí yo creo que esta es la “falsa humildad” de Escriba. Yo sí creo que él realmente creía que era poca cosa: “Si mi mamá me rechaza y no me atiende es porque soy malo”. Y las personas que lo rodearon lo percibieron como signo de humildad. Pero nada tan lejos de la realidad y empiezan a haber contradicciones.

 

En el desapego, para poder aliviar el dolor de no ser amados y sentirse poca cosa, hay que parcharlo. Se exige lo mejor para ellos sin reparo. Hay necesidad de buscar suministros para levantar el ego: personas (objetos) que les idolatren y les den lo que ellos quieran, objetos de lujo, dinero que le den poder, mentiras que lo hagan aparecer como alguien grande. El problema es que estos suministros solo podrán parchar el ego momentáneamente y tienen más y más necesidad de estos suministros, pero en el fondo lo único que puede reparar su tan machacada autoestima es el amor. Los objetos y/o poder nunca podrán llenar ese vacío.

 

Se habla mucho de que Escriba sufrió de percances económicos en su niñez y por eso idolatraba el dinero. Aunque tuvo que influir en el “la vergüenza” de tener menos, yo más bien creo que esa afinidad por el dinero se debe a su desapego. Ya antes de haber perdido la tienda nos comenta Jesús Infante en “El Santo Fundador del Opus Dei” que una vecina recordaba que José María le encantaba entretenerse contando el dinero de la caja registradora: “Algunas noches después de cerrar la tienda, José María, acompañado de otros niños, se quedaba ayudando a su padre a contar el dinero que se había ganado ese día, según el testimonio de una vecina de Barbastro, María Esteban Romero. Junto con otros amiguitos, José María se sentaba encima del mostrador y se entretenía mucho contando las monedas. [Bernal, Salvador, ob., cit., p. 21]”. Además, él mismo dijo en una tertulia que entendía muy bien a las mamás porque a él se le iba el dinero, lo que supone no era buen administrador. Las personas que sufren de percances económicos aprenden muy bien (causa-efecto) de cuidar del dinero. Es impresionante el ver a los narcisistas la fascinación que les da el dinero. Es muy difícil de describir esa fascinación, robándole la expresión a AlChile, pues sí diría que es casi “orgásmica”. He llegado a ver cuando en medio de rabietas se encuentran una moneda, el cambio es tan radical, de repente se cambia del enojo/agresividad a un estado como de euforia.

Otro detalle interesante es que es común el síntoma de lastimar su propio cuerpo. Esto se hace para calmar la ansiedad/angustia, el dolor físico es mejor que el dolor interior que tratan de negar. Tienen problemas en controlar sus impulsos y al no poder lastimar y/o destruir se auto flagelan. ¿Les recuerda el cilicio? ¿Por qué será que Escriba estaba tan de acuerdo es su uso y se lo exigía a sus hijos en forma tan continua? Aunque es una práctica también usada por muchas órdenes religiosas en la antigüedad también hay que resaltar que se parece a un síntoma del desapego, además se puede cuestionar el origen de su uso en general y no solo por parte del Opus Dei.

 

CONCLUSION

 

El grado de apego que la madre tenga predice en un 80% el grado de apego de su hijo. No se sabe con exactitud hasta qué edad el daño es “irreversible” (ver nota) ya que aún se sigue investigando sobre el tema. Se sabe que los primeros tres años son críticos para el apego madre-hijo aunque algunos psicólogos lo extienden hasta los cinco años. Así es que las posibilidades que los niños de los narcisistas sufran de desapego, es muy alta. No sabemos si la madre de Escriba sufría de desapego, tampoco sabemos si la enfermedad de José María pudo haber influido en este trastorno mental, pero sí logro ver muchas coincidencias entre la institución del Opus Dei y el desapego.

 

En lo personal no creo que la forma de vida cristiana en el Opus Dei sea revelación divina ya que ha demostrado tener muchas fallas naturales. No creo posible que Dios nos haya pedido vivir de una forma que provoca tantos trastornos mentales. Las estadísticas hablan por sí solas, tener una institución con aproximadamente 80% de sus miembros con problemas mentales no es una cifra que se deba pasar desapercibida. Esto va en contra de la naturaleza humana.

 

Dios nos creó como seres sociales para poder sobrevivir. Todos necesitamos de una mamá que nos cuide, enseñe a amar, a socializar y a confiar en las personas. El desapego va en contra de la naturaleza y rompe la armonía de la socialización. El desapego es el antagónico del amor. Pero tampoco creo que el Opus Dei haya sido “planeado” por una mentalidad macabra con la pura intención de hacer sufrir, sino que ha sido el producto de una mentalidad trastornada, víctima también, y quien no entendía lo que es amar y creó un camino hacia la salvación desde su trastornada perspectiva. En su camino, muchos le creyeron que Dios hablaba a través de él.

 

La pregunta aquí sería ¿por qué los directivos del Opus Dei siguen creyendo y defendiendo ese programa de vida? ¿Será porque promete un camino de alcanzar la salvación sin dejar de salirse de las altas esferas de poder y riquezas mundanas? Muy contrario al camino que prometió Jesús. ¿Será por temor a admitir el haber sido engañado? El aceptarlo implica un golpe duro a la soberbia, cosa que el Opus Dei procura mantener en lo alto, o por lo menos así lo he percibido yo entre muchos de sus miembros. Y después, ¿qué hacer? ¿Hacer público el engaño? ¿Ser la burla de todos? ¿Cómo hacer para poder sobrevivir económica y socialmente en el mundo real?

 

¿Cuándo el Opus Dei dirá que ya tiene los suficientes integrantes y poder para volver la cara y extender los brazos hacia los pobres y marginados en forma desinteresada como lo hizo Jesús?

 

Alguien una vez comentó que el narcisista era como el mago de Oz, cuando Dorothy abrió la cortina, lo que vio fue a un hombre pequeño, con mucho miedo y sin poderes, manejando un personaje enorme y haciéndole creer a la gente que era un mago poderoso y dictaba órdenes a todos.

 

Pero hay que tener MUCHO VALOR para abrir esa cortina… 

Un abrazo,

Nelli

 

P.D. Muchos en esta web, han comentado sobre las similitudes de la obra con el comunismo y sobre la afinidad de Escriba hacia el comunismo español. Curiosamente, hace ya tiempo, mi esposo y yo nos percatamos de las similitudes del comunismo con el desapego. Los estudios del desapego empezaron cuando comenzaron las adopciones de la parte este de Europa, especialmente de Rusia y Rumania donde se vieron con mucha frecuencia estos síntomas en los niños institucionalizados. No es solo el vivir en esas instituciones lo que ocasiona el desapego. Rusia desde hace mucho tiene un problema muy grande con el alcoholismo y la madre, por estar más ocupada en beber y estar borracha no atiende las necesidades de sus hijos. Por eso no es de extrañar que la mentalidad comunista tenga mucho de desapego. Ese ver a las personas como objetos desechables y utilizarlos según convenga, el querer controlar todo (personas, riquezas), el visualizar las riquezas como bien común y sin dueño. Ojo, es MUY diferente al compartir y dar las riquezas en forma altruista como nos lo pidió Jesús. Los niños con desapego roban muy fácilmente porque si el objeto esta allí y me gusta es mío, sin importar si tiene o no dueño. No entienden por qué no pueden ir con a la casa del vecino y así sin más abrir un closet y agarrar algo. Si no lo hacen es porque se les tuvo que enseñar una y otra y otra vez que no lo hagan, pero siguen sin entender el por qué. Solo saben que no se debe hacer. Que es la mentalidad de los niños de dos años quienes no entienden el concepto de propiedad ajena y de respetar los derechos de la otra persona. 

 

Nota: Cuando digo “irreversible” NO quiero dar a entender que ya no hay cura con tratamiento. El desapego logra hacer daño a nivel neurológico. El cerebro está aun en desarrollo durante la infancia y el llanto prolongado en el bebé ocasiona la segregación en exceso de cortisol lo que altera el desarrollo del cerebro. Pero el cerebro es un órgano “plástico” y se puede revertir el daño con terapia psicológica y mucho esfuerzo por quienes forman parte de la vida de la persona, en especial con quien se trata de apegar.

 

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Publicado el Lunes, 01 marzo 2010



 
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