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CORRESPONDENCIA

 

Lunes, 14 de Julio de 2014



Cómo crear una secta destructiva católica: Opus Dei.- Levantisco

Cómo crear una secta destructiva católica: Opus Dei

Levantisco, 14/07/2014

 

         Repasando las verdades expuestas en el verdadero rostro del Opus Dei, se me ocurre que con los modos de actuar de la prelatura personal, que muestra dicho escrito, se podría escribir un manual apropiado para la creación de una perfecta secta destructiva basada en el catolicismo, pues pone de manifiesto todo un sólido cuerpo normativo y práctico generado para la captación y el poder.

         Este manual puede redactarse considerando separadamente los objetivos externos e internos de la secta destructiva a crear, así como la forma de conseguirlos. Por supuesto, la moralidad de las estrategias no debe ser una cuestión nada relevante en el desarrollo del método.

         En los reglamentos del Opus Dei como Pía Unión ya se encontraban las líneas maestras de la organización sectaria, basada en el secreto disfrazado de discreción, y sin un verdadero espíritu que mantener en el tiempo: El espíritu de la Obra es que sus socios varones ocupen cargos oficiales y, en general, puestos de dirección (art. 28). No ha importado que el espíritu fuera cambiando, metamorfoseándose como un pulpo (Oct opus), según los intereses del momento, para conseguir los deseos y ambiciones del santo fundador en cada época y en cada configuración jurídica. Me parece que esta forma de actuar deja en entredicho cualquier supuesta inspiración divina.

         El resumen de las acciones a desarrollar en un manual de este tipo sigue a continuación...



(Leer artículo completo...)




Dejar de ser de casa: Primera Campanada.- Resopón

"X" era una gran persona, un estupendo compañero en el centro de estudios y en algún otro centro en el que, años después, coincidiríamos. "X" era un auténtico "hermano" que procuraba vivir bien eso que nos intentaban inculcar: "el espíritu de casa". Que en la meditación salía el tema de hacer corrección fraterna, "X" hacía ese día varias correcciones fraternas con todo cariño y espíritu sobrenatural. Que en el "círculo breve" salían esas palabras de "su" Padre sobre que "si ves que alguien necesita ropa y no lo dice, dilo tú", "X" entonces acudía al director para decir que fulanito o menganito necesitaban alguna camisa o algún pantalón. Que coincidía que "X" se sentaba en tu mesa en el comedor, ahí estaba "X" sirviendo agua a todos o preocupándose de que éste o aquél no comía lo suficiente. Que llegaba una nota de la delegación sobre que había que potenciar la meditación de san-rafael, pues "X" llevaba dos o tres amigos. Que llegaba la carta mensual del Padre pidiendo mortificación adicional por sus intenciones, pues ahí estaba "X" consultando hacer horas adicionales de cilicio o de aplicarse las disciplinas algún día adicional.

"X", claro, tenía sus dificultades, sus conflictos, sus problemas ¿y quién no?.

Sucedió que me nombraron secretario de un centro de san-rafael-universitarios y allí coincidí con "X". Seguía como siempre, aparentemente alegre, entregado, voluntarioso... era una nota de alegría en un centro conflictivo... conflictivo para la delegación, pues cada año dejaban de ser de casa unos 5 o 6 numerarios. Ya fuera, me enteré de que años atrás se habían largado los cuatro que formaban el consejo local (el director, dos subdirectores y el secretario) aunque de esas cosas, claro, no se hablaba.

Decía que, siendo yo secretario del consejo local, llegó el tiempo de irse de curso anual y me coincidió el mismo destino que a "X". Desde la delegación me pidieron que, durante el curso anual, fuera yo quien llevara la charla semanal de "X" (para los profanos, su dirección espiritual). Fue entonces cuando otro subdirector del centro me llevó aparte y me explicó que "X" tenía ciertos problemas psicológicos y que tuviera con él unas charlas simpáticas, poco profundas y que le sugiriera como examen personal cuestiones fáciles como examinarse del amor a Dios y cosas así. Obviamente, no voy a hacer público el contenido de aquellas charlas pues, gracias a Dios nos fuimos y, ya fuera del Opus, aprendí el valor de la confidencialidad y discreción. Y de la Etica. Lo que sí puedo afirmar es que, los supuestos problemas psicológicos de "X" no eran otros que la dificultad en confrontar las paradojas del Opus, paradojas de las que esta Web está bien servida y documentada.

Volvimos del curso anual y comenzó en septiembre otro curso académico. Nuevos numerarios en el centro, nuevos chicos-de-san-rafael, nuevos planes apostólicos... y la vida cotidiana. "X", aparentemente seguía siendo el de siempre. Si bien, ahora yo lo sabía bien, tenía sus conflictos y dudas, en lo exterior seguía siendo el hermano alegre. Participaba en las tertulias, hacía corrección fraterna, llevaba amigos a las meditaciones, quería a la gente y la gente le quería a él.

Un día, llegaron tres directores de la delegación, lo cual no dejaba de ser algo excepcional. Nos convocaron a todo el consejo local del centro y, una vez cerrada la puerta, nos dijeron simplemente "hemos decidido que "X" no puede seguir siendo de casa. Debéis decírselo mañana y quizá pueda irse a vivir con su tía". Una bomba que hubiera caído no nos habría dejado más boquiabiertos; los del consejo local nos mirábamos entre nosotros sin saber qué decir; a mí me tamblaban las mandíbulas, al director espiritual de "X" se le escapaban las lágrimas, el propio sacerdote del centro guardó silencio y creo que atisbé en él una mirada dura... Nos pidieron que saliéramos porque iban a hablar los de la delegación con el cura y con el director del centro. Ya fuera, nos dirigimos al oratorio para, quién sabe, quizá pedir respuestas. No las hubo. A "X" no se le volvió a ver. Cuando le pregunté al director del centro sobre el tema, sobre por qué estaban expulsando a "X", por qué le mandaban a vivir con una tía anciana... sobre qué estaba pasando, me contestó con dificultad que teníamos que ver la voluntad de Dios en la voluntad de los directores y poco más. Ese día recibí en mi corazón la primera campanada que me indicaría que no debería continuar en el Opus mucho tiempo más porque, si es cierto que "ubi caritas et amor Deus ibi est", a sensu contrario, donde no hay caridad ni amor no puede estar Dios.

Resopón





Otra anécdota sobre Juan Cotino.- Jiménez

Frente a la anécdota relatada el pasado viernes por Resopón referida a Juan Cotino, quiero confrontar otra que viví personalmente en torno a la misma persona. Vaya por delante que no pretendo salir en ningún caso en defensa del Opus Dei; ni siquiera minimizar los presuntos jaleos político-judiciales que rodean a Cotino en la actualidad, aunque personalmente me gustaría, por el aprecio que le guardo, que saliera indemne de todos ellos.

Conocí a Juan a principios de la década de los 80. En aquel entonces creo recordar que su actividad política se circunscribía a algún cargo dentro de un pequeño partido local de su población.

En el trato personal Juan Cotino siempre ha sido una persona cercana, campechana y llena de sentido común. Una muestra de esta última cualidad, y por la que siempre le estaré agradecido, sucedió un verano, en el transcurso de una convivencia. Yo andaba entonces atenazado por las dudas –quería dejarme la Obra- y atormentado por miedos a los que no eran ajenas las más o menos veladas amenazas de los directores si abandonaba. Terrible momento.

En esas estaba cuando tuve la suerte de “caer” en el grupo de los que Juan llevaba la charla semanal. Angustiado por mi situación me sinceré con él, aunque pensaba que, como todos, tiraría de manual y me leería la cartilla de la vocación, la infelicidad de saltar de la barca, el amargo rejalgar y otras lindezas. Me equivoqué. Juan Cotino, tras escucharme, se limitó a decirme unas sencillas palabras: “Dios te quiere feliz, dentro o fuera de la Obra”. Creo que nadie mejor que vosotros para entender lo que supuso esa bocanada de esperanza y de paz, en ese tiempo de intensa zozobra interior.

Saludos a todos.

Jiménez




 

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