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CORRESPONDENCIA

 

Miércoles, 13 de Febrero de 2019



Cacharro viejo, roto y con lañas.- Hondo

Me resultan conmovedores los correos entre Andy (1),  Demócrito y Andy (2). Y es que reflejan los diálogos interiores ("juicios críticos" según los que me llevaban la charla fraterna) que fueron el comienzo del fin de mi vocación.

Lo malo fue que entre ese "darse cuenta" y el tomar la decisión de marcharme, fui dócil "como barro en manos del alfarero" durante años, muchos años.

Pero el alfarero resultó una bestia que me trató con la delicadeza de un Troll del Señor de los anillos: me atiborró de pastillas y lo que quedó de mí al final fue un cacharro viejo y roto que apenas hay laña (mi familia, sin especificaciones sangrientas) que me pueda sostener.

Debí haberme marchado enseguida. ¿Por qué no lo hice? ¿Porque tenía miedo, porque quería ser fiel, porque me faltaron cojones?

Ahora ya no importa. Cuando veo fotografías -hay pocas- de quien era el que se entregó "del todo y para siempre" apenas cumplidos sus catorce años y medio, me digo que era demasiado joven, que lo hice con buena intención y que Dios me ayudará a salir adelante.

La anécdota que cuenta Salypimienta ("En mi país hubo un caso, no hace mucho tiempo, en el que un preceptor fue acusado de abuso sexual. Sucedió que en un campamento organizado por el colegio, el preceptor en cuestión contó cuentos de terror, uno de los niños se asustó de tal manera que no podían tranquilizarlo, y el numerario-preceptor le dijo, con ánimo de calmarlo que podía dormir con él. Según el numerario no hubo ni el más inocente tocamiento, pero cuando los padres de la criatura se enteraron, armaron la gorda. No es normal que alguien duerma con un menor a menos que se trate de sus padres y en casos excepcionales.") va en la misma línea de lo que manifesté en mi escrito "Prudencia e imprudencias."

Andy, que Dios te proteja, porque el Opus Dei no lo hará. El breve testimonio de Severia es uno más de tantos que describen el modo habitual de proceder de las autoridades de la Obra con quienes ya no puede exprimir más. Lo dejó claro el escrito de Castalio, "¿Vocación a la Obra?".

Hondo





Por nuestro propio bien...- Agustina

Por nuestro propio bien: recuerdos del cura acusado de abusos sexuales del Opus Dei

 

Por Francisco Javier Leturia
12 de febrero de 2019

Me cuesta creer que hace no tantos años, hubiera un lugar donde nadie mirara con extrañeza el afán de indagar en áreas tan íntimas de la vida de un adolescente, sin siquiera cuestionarse las razones de fondo que pudieran existir para ello. Por otro lado, esas “tutorías involuntarias” solo podían darse dentro de un esquema de relaciones asimétricas de poder, donde la posibilidad de decir “no” por parte del invitado era casi inexistente, convirtiéndola, en la práctica, en una coacción. En otras palabras, un uso abusivo de poder, completamente normalizado.

Pasé buena parte de mi infancia y adolescencia en el mismo colegio donde Patricio Astorquiza (el sacerdote del Opus Dei recientemente acusado de abusos) ejercía sus funciones ministeriales.

Se destacaba sobre los demás sacerdotes por su alta dedicación al colegio, su figura espigada y atlética (corría alrededor del colegio varias veces a la semana, más de una hora y a muy buen tranco) y por el rumor de su un hombre preparado en finanzas (se decía que era economista).

Pero lejos, su conducta más llamativa era la de buscar comida en los basureros y… comerla.

Se decía que había adquirido ese hábito en sus años de misionero en Africa, y que era un ejemplo de renuncia, sacrificio y austeridad. Algo que debíamos valorar. Sin embargo, para la mayoría de nosotros, simplemente comía basura.

Artículo completo en El Mostrador

 





La dedicación profesional de los numerarios.- JaraySedal

Señala Demócrito que hacia la década de los setenta se decretó un general y contundente repliegue que llevó a l@s numerari@s a una auténtica reclusión cuasi-monástica y “todo por disposición divina a través del Prelado y los directores”, frase que entiendo irónicamente.  No creo exista ninguna inspiración divina en esta reclusión.

El abandono de las actividades profesionales, la dedicación básica a actividades corporativas de muchos numerarios, el férreo control sobre cualquier actividad que realicen, la represión de cualquier criterio propio, todo no es más que una manifestación de la desconfianza de la dirigencia hacia la pervivencia de la propia institución, por la falta de perseverancia de los propios numerarios, aunque lo primero sería de mal espíritu reconocerlo. Los directivos saben el grado de perseverancia.

A medida que el “virus” vocacional se expandió, por la orientación a la captación de simples adolescentes y la ausencia absoluta de discernimiento, cuando casi todo el mundo vale, la única forma de lograr permanencias es un control estricto sobre los que han caído en las redes. Y aun así, no muchas.

También hay una relación causal con el paso de una sociedad cerrada, como fue aquella que posibilitó que se engendrara y prosperara un fenómeno como el Opus, a una sociedad abierta y plural. En la primera, el propio cerco mantiene a la oveja dentro del redil, y hasta el Opus mostraba por contraste una imagen más liberal en ese contexto. En una sociedad abierta y plural, solo cabe, para que no abandonen el redil, el repliegue de los numerarios sobre los propios centros: la información que llega de fuera es abrumadora en el contenido y en los cauces, las tentaciones de abandonar innumerables. Lo cierto es que con todo esto han arrumbado el espíritu fundacional totalmente, o lo que escribieron después era ese espíritu.

Se ha escrito infinito sobre el tema en esta web, pero produce sonrojo leer en los Estatutos de la Prelatura que, todos los fieles de la misma “se obligan a no abandonar el ejercicio del trabajo profesional o de otro equivalente, porque por medio de éste llevarán a cabo su santificación y desarrollarán su apostolado peculiar”. Tengo la impresión que los numerarios profesionales se dedican muchos al “equivalente”.

La situación pretérita descrita por Demócrito responde a los Estatutos del Instituto Secular cuando de los miembros laicos numerarios se decía que “asumen o conservan funciones o cargos, ya de Administración pública, ya de la enseñanza en las universidades o instituciones civiles, o también profesiones privadas de abogados, médicos y otras similares; asimismo también se ocupan de comercio o de asuntos financieros. En el ejercicio de todas estas funciones han de procurar proponerse antes que nada una verdadera actividad apostólica, que justamente realizan con un perfecto cumplimiento de su profesión o cargo, con el ejemplo, con la amistad, o con el trato”. A esos tiempos referirá Demócrito. O a los pretéritos, cuando como Pía Unión predicaba de sí misma que buscaba los altos cargos en la Administración y los puestos directivos en las empresas.

A los miembros numerarios del Opus de hoy no les dejan ser cristianos corrientes en medio del mundo, porque no les dejan estar en el mundo. Pueden dejarse ver, si alcanzan suficiente grado de libertad, pero siempre se encuentran a la vez dentro y fuera, y con prisas por volver al convento o cumplir algún encargo. Y si alguno despliega alguna actividad profesional externa remunerada de la que pudiera derivar que alzara el vuelo, pronto les cortan las alas, aunque pierdan sus buenos ingresos, y los encomiendan a labores internas donde puedan desarrollar su vocación. Arquitectos dedicados a decorar centros, ADEs a administrarlos. Para que luego se diga que no fomenta el desarrollo de las vocaciones profesionales. Ese es el trabajo profesional “equivalente”, es decir, que vale lo mismo, aunque solo lo sea para la Obra.

JaraySedal





A ver si os suena esta historia de algo.- C.S.

Buenas tardes, amigos,

 

A ver si os suena esta historia de algo. 

 

Tan sólo cambiad Legión por Opus, o Marcial Maciel por Escrivá de Balaguer, y obviad los abusos sexuales del fundador: todo lo demás —es decir, el proceso de captación, proselitismo salvaje, la salida dolorosa de la Cosa, y el proceso de reconstrucción personal tras la salida— es idéntica a la experiencia de abuso espiritual que sufrimos en la Opus.

 

Ahí va el enlace:

 

13 años después de revelados los crímenes de Maciel, los Legionarios de Cristo aún celebran su legado

 

C.S.




 

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