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LA
LISTA DE SAN JOSÉ
Meditación interna (Tomo V de Meditaciones,
pp. 227 a 243)
VÍSPERA DE SAN JOSÉ
448.
18 de marzo
VÍSPERA DE SAN JOSÉ
-La Costumbre de la Lista de San José.
-La vocación a la Obra es una gracia que el Señor
quiere conceder a muchos.
-Tenemos obligación de hacer proselitismo.
ESTAMOS ya en la víspera de San José, Patrono
de la Obra y de todos sus apostolados, a quien encomendamos
de modo especial el proselitismo. Siguiendo una antigua tradición
de familia, pondremos bajo su patrocinio a aquellas personas
que dan mayores esperanzas de vocación a la Obra.
La Costumbre de la Lista de San José empezó
antes de la guerra española de 1936. Nació con
una gran naturalidad, como todas nuestras Normas y Costumbres:
con la naturalidad con que el agua mana de una fuente. Necesitábamos
vocaciones, y nada más lógico que acudir a la
intercesión de Nuestro Padre y Señor San José.
El era el cabeza de familia en el hogar de Nazaret; por eso
es natural que le pidamos que aumente la nuestra, que seamos
muchos, cada día más, en el Opus Dei: una familia
numerosa.
Al principio, también yo ponía nombres,
como todos; pero dejé de hacerlo cuando no era razonable
que lo hiciera. Ahora me uno a las listas que hacen en todos
los Centros de todas las Regiones. [De nuestro Padre,
Tertulia, 19-111-1969]
Desde ahora nos preparamos para encomendar especialmente
a San José la vocación de esos amigos, examinando
si respondemos con hechos a unas preguntas que hacía
nuestro Padre bastantes años atrás: ¿tenéis
ganas, muchas, de pegar esa locura divina? ¿Estáis
encomendando especialmente tres o cuatro nombres? Más
no. Ofreced mortificaciones, rezad, cumplid el deber, venciéndoos
en cosas pequeñas. [De nuestro Padre, Noticias
X-62, p. 43].
Al poner los nombres de esas personas en la Lista de San
José, expresamos nuestro deseo firme de rezar por su
vocación, de animarles con nuestro ejemplo y con nuestra
palabra, de procurar meterles en esta red divina que nos ha
confiado el Señor. Serán las mejores -por su
corazón, por su cabeza, por sus virtudes humanas- entre
las personas que tratamos, las que encomendaremos especialmente
a San José durante este año: almas generosas,
capaces de recibir la llamada a la Obra y de corresponder.
Cuando hagamos la Lista de San José, pediremos esta
gracia a Jesucristo por intercesión del Santo Patriarca
y de la Virgen Santísima; invocaremos a los Santos
Arcángeles y a los Apóstoles, Patronos nuestros,
y a los Angeles Custodios, para que intercedan y protejan
esas futuras vocaciones. Y hasta la fiesta de San José
del año próximo, elevaremos nuestro corazón
en el quehacer de cada jornada, para encomendar al Señor
aquellos cuyos nombres hemos escrito en este día. Y
el fruto será generoso, porque vendrán muchas
vocaciones a la Obra, hombres y mujeres que lucharán
por Cristo y por su Iglesia, calladamente, con espíritu
de servicio.
Yo os pido, hijos míos -recomendaba
nuestro Fundador-, que mañana, en vuestra oración,
hagáis un examen muy íntimo, que se refiera
solamente a ver lo que habéis hecho hasta ahora para
traer almas al Opus Dei. [De nuestro Padre, Noticias
XII-60, pp. 14-15]. ¿Cuántas vocaciones
han venido por tu trabajo? No podemos tener tranquilidad.
Hemos de traer a la Obra gente que tenga más talento
que nosotros, más prestigio que el nuestro; que sean
más eficaces [De nuestro Padre, Noticias IX-63, p.
24.]. ¿NO OS da pena contemplar a esa juventud, que
bulle en medio del mundo, buscando inútilmente un ideal?
-Gritadles: ¡locos!, dejad esas cosas pequeñas,
que achican el corazón... y muchas veces lo envilecen...,
dejad eso y venid con nosotros tras el Amor!. [De
nuestro Padre, Instrucción, l-IV-1934, n. 5]
La gracia de la vocación al Opus Dei no está
reservada a unos pocos privilegiados. Por el contrario, ha
escrito nuestro Padre en una de sus Cartas, tengo certeza
de que la llamada -la llamada específica de que vengo
hablando en esta Carta- es para muchos (...) y, por lo tanto,
se necesitan toda clase de instrumentos. [De nuestro
Padre, Carla, 9-1-1932, n. 12] El Señor está
dispuesto a dar a las almas tales gracias, que serán
muchos los que, en el fondo del corazón, sentirán
el compelle intrare: porque el Señor quiere ut impleatur
domus sua, que se llene de hijos suyos el Opus Dei.
[De nuestro Padre, Instrucción, 31-V-1936, n. 103.].
Nuestro corazón se enciende en afán de almas,
al considerar ese deseo divino. Y, con la urgencia de conseguir
muchas vocaciones para servir más y mejor a la Iglesia,
acudimos a San José -ite ad Ioseph!- encomendándole
unos nombres concretos, manifestándole las necesidades
de esta familia sobrenatural que está bajo su patrocinio
y poniendo, con la seguridad que nos da su intercesión
poderosa, gran generosidad en nuestra labor proselitista.
No podemos empequeñecer el poder de Dios, que desea
llamar muchas almas a la Obra. Y la disminuiríamos
si nuestro proselitismo no tuviera metas altas, si recortásemos
el afán que ha de llenar nuestro corazón. Deben
salir muchas vocaciones, y, si no salen, será por nuestra
culpa, porque no hacemos las cosas como están mandadas;
porque no las hacemos con alegría y de una manera orgánica,
de una manera constante, de una manera santificada (...).
¡Estos son los medios que hemos de poner siempre: una
vida de oración, una vida de sacrificio, un cumplimiento
del deber en el trabajo profesional y social!. [De
nuestro Padre, Meditación, 26-111963]
Quizá pueda ocurrir, sobre todo en los comienzos de
una labor, que las vocaciones tarden en llegar. En esos momentos,
parece como si el Señor no oyera nuestro clamor,
como si se hiciera sordo a nuestras llamadas. A veces parece
que nuestro trabajo apostólico es vano. No os preocupéis.
Seguid trabajando con la misma ilusión, con la misma
vibración, con el mismo afán. Cuando la siembra
es de santidad, nunca se pierde. El Señor -que ve más
lejos que nosotros- quiere que le sigamos pidiendo por esas
almas, que pongamos en El toda nuestra confianza. Estad seguros
de que, entonces, nos prepara una cosecha abundante.
[De nuestro Padre, Crónica, 1969, p. 83]
La fecundidad de los frutos depende en gran parte de nuestra
fidelidad personal, de nuestra oración y del sacrificio
que ofrezcamos a Dios: de nuestra constancia. El oro
bueno está en las entrañas de la tierra, no
en la palma de la mano. Y en esa aparente oscuridad es donde
se puede preparar la gran mina de oro de las vocaciones santas.
La labor de proselitismo depende de ese fervor, de esa alegría,
de ese trabajo tuyo, oscuro y vulgar, ordinario. [De
nuestro Padre, Noticias X-57, p. 15.].
SEÑOR nuestro Jesucristo, que dijiste a tus Apóstoles:
la mies es mucha, pero los obreros son pocos; haz que nosotros,
inflamados por tu amor y movidos por el afán de tu
divina gloria, alcancemos humildemente del Señor de
la mies que envíe obreros a su mies [Ordo ad
petendas vocationes, Oral]. El texto de la oración
con que encomendamos al Señor esas personas de la Lista
de San José, es una llamada urgente a redoblar nuestro
espíritu proselitista. El día que un hijo
mío me diga que no hace proselitismo, que no se preocupa,
que no reza, que no vibra, que no actúa -exclamaba
nuestro Fundador-, yo le diré lo que se lee en el Santo
Evangelio, cuando fue Jesús a resucitar a Lázaro,
y los amigos de Lázaro decían: iam foetet floann.
XI, 39), hiede. Este hijo mío, que no quisiera hacer
proselitismo, estaría muerto y podrido. Y a los muertos
yo no los quiero. ¿Está claro? Luego a multiplicarse
por diez, por cien, por mil. Hay muchos sitios donde nos esperan.
[De nuestro Padre, Noticias XI-62, pp. 36-37]
Esta llamarada divina que es la Obra se tiene que extender
por todo el mundo; y aunque estamos trabajando gentes de cincuenta
y tres países -decía nuestro Padre en
1962-, nos llaman de los cuatro puntos cardinales. Tenemos
que mandar gente madura, formada, y es preciso que pasen los
años para formarse. Por eso ¿comprendéis
la necesidad de vocaciones? ¿Podéis pensar en
un ascua encendida que no queme a su alrededor? Así
nosotros: el que no quema, está apagado. [De
nuestro Padre, Noticias X-62, pp. 40-42]
El Señor está dispuesto a conceder su gracia
a raudales, deseoso de adueñarse de los corazones de
quienes pasan a nuestro lado en el camino de la vida. Espera
sólo que seamos el instrumento adecuado, que pongamos
a su servicio todos los talentos que El nos ha dado. Los miembros
de la Prelatura se disponen personalmente para el proselitismo,
como se lee en el Catecismo de la Obra, con
una preparación sobrenatural, que les mueva a encomendar
toda la labor al Divino Maestro, a la Virgen Reina de los
Apóstoles, a los Angeles Custodios [Catecismo,
5" ed., n. 335.]. Y también con una preparación
humana, que les haga vivir y conducirse con aspecto cordial,
simpático, alentador, y les lleve a no emplear nunca
una dureza amarga, rencorosa, malhumorada, pesimista.
[Ibid.].
Con esta disposición sobrenatural y humana, buscaremos
con audacia, entre nuestros amigos y compañeros de
profesión, a aquellas almas que reúnan las condiciones
requeridas para recibir la llamada. Y, llenos de confianza
en Dios, no dejaremos que nuestra vibración se entibie
por las circunstancias del ambiente, por las dificultades
o los respetos humanos. Hay que abrirse en abanico...,
insistía nuestro Padre. Abrirse como una mano,
y que cada dedo tenga prendido un grupo de almas, de las fáciles
y de las difíciles... y ¡arrastrar! Que cada
uno no sea uno, que sea diez. Y no estar aconejados ahí,
en un rincón. [De nuestro Padre, Crónica
VI-64, p. 12].
Tenemos obligación de hacer proselitismo; tenemos
el derecho y el deber de plantear la crisis vocacional -con
el permiso de los Directores- a todas las almas que den esperanza
de una posible llamada al Opus Dei. Hijos, debéis
sentir gran preocupación de que vengan muchos hermanos
nuevos. En las familias cristianas se desea que Dios mande
hijos, porque una familia joven, sin criaturas, es una familia
sin luz, una familia que se extingue. Y nosotros somos una
familia joven. [De nuestro Padre].
Terminamos nuestra oración acudiendo de nuevo a San
José y a Santa María, considerando unas palabras
de nuestro Padre que tenemos grabadas en el corazón:
quien hace proselitismo consigue vocaciones; quien
hace poco proselitismo, consigue pocas vocaciones; quien hace
mucho proselitismo, consigue muchas vocaciones. Si no hay
vocaciones, falta amor de Dios. [De nuestro Padre,
Crónica 111-66, p. 11].
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