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 Recortes de prensa: Tita, mi amiga del Opus Dei.- aloevera

070. Costumbres y Praxis
Aloevera :

Tita, mi amiga del Opus Dei

Fuente: Horacero.
Autor: Francisco Bustamante

Recién llegado a mi primer destino a un país del Sur como burócrata internacional, un día se apareció en mi oficina, Tita, una asistente de oficina. Mujer mayor, grande como dicen por allá, muy amable, de clarísimos ojos azules y que en su juventud se notaba fue buena moza, me dijo que quería hacerme un regalo.

Sorprendido, ya que no tenía mayor contacto con esta señorita de lo cual se preciaba, le dije que pasara y muy compuesta me extendió su mano en la cual descansaba una estampita con la foto de un cura por un lado, y por el otro algo escrito.

Tita me dijo, mire doctor, le traigo un regalo de Dios. Esta estampita que le doy es del Beato José María Escrivá de Balaguer, que va en camino de la santidad muy pronto. Y yo, que había escuchado hablar de Opus Dei como una organización conservadora dentro de la Iglesia Católica, detractada por muchos y elogiada por sus propios miembros, quedé sorprendido...



Mi conocimiento de la insigne Prelatura viene de los tiempos en que varios miembros de la misma fueron parte de los gabinetes del Caudillo de España.

Es decir, la conocí como un organismo asociado a un régimen de corte fascista, que distribuía un manual para las esposas, realmente denigrante a la condición femenina. La asociaba, inevitablemente con la Sociedad de la Tradición, Familia y Propiedad, TFP, que conocí en Sao Paulo, Brasil, cuando estudiaba allá, una organización fundamentalista de derecha católica.

Volvamos a Tita. Esta me dijo. El Beato es muy milagroso. Lo que le pida, lo consigue. Impresionado, le pregunté. Mire Tita, lo que yo le pida, así sea un imposible, me lo concede el Beato?. Tita inmediatamente me dijo, Bueno, no precisamente.

El se lo pide a la Virgen María. Ah, exclamé entonces, la Virgen me concede entonces lo que necesite? Tita vuelve y recoge el paño y me contesta, la verdad, ella se lo pide a Jesús. Volví y comenté, por fin, cansado de tanta intermediación, meditabundo, ya veo, Jesús me concederá el milagro que necesite.

Nuevamente me corrige Tita y dice, NO, Él se lo pide a Dios y éste se lo concede.

Ahí no pude evitar que el Dr. Merengue que llevo adentro se saliera, y le dije. Entonces, yo le pido al Beato, él le pide a María, ésta va donde Jesús y finalmente, éste va donde Dios que me da lo que quiero. Dígame Tita, no es demasiada burocracia celestial?

No podría dirigirme directamente a Dios Padre? Para qué necesito intermediarios? Furibunda, los ojos centelleantes, enrojecida su cara hasta las raíces de los cabellos, Tita me arrebató su estampa y salió disparada de mi oficina, como si Lucifer redivivo, morase en ésta.

En otra ocasión que estuvimos en un retiro de planeamiento estratégico, en el almuerzo de salida del seminario compartimos la mesa ella, Hada mi asistente y Luis, mi colega. Tita, que no dejaba espacio sin hurgar, se dirigió a mi colega y le dijo. Señor, usted debe estar agradecido con esta empresa que gracias a ella puede educar a sus hijos.

Mi colega se quedó en el aire, y sólo atinó a responder, mire Tita (conociendo las debilidades clericales de ésta) mis hijos están en colegios católicos, no en colegios internacionales que son costosos. Tita sonrió con aquella beatitud que Dios me perdone, solo asocio a los santos, o a los ingenuos, por no decir otra cosa.

El siguiente lunes cuando entrábamos a trabajar, 7 a.m., le dije a mi colega: Luis, permíteme decirte que te respeto mucho. Me miró sorprendido, y le aclaré. Si Tita me hubiese hecho a mí el comentario que te hizo en el almuerzo del pasado sábado, yo le habría contestado que se equivocaba, que con éste o con cualquier otro trabajo, yo les habría brindado a mis hijas la mejor educación que hubiese podido pagar. Que la educación de mis hijas dependía de mi deseo de educarlas, no de que me sobrase dinero.

En ese momento, raudo y veloz, pese a sus piernas cortas y voluminosa barriga, que hoy también luzco yo, Luis salió corriendo de su oficina. Al rato llegó jadeando, cansado, pero con una mirada de satisfacción y me lanzó: Fui y le dije a Tita lo que me acabas de decir. Por metiche ella y tú que me diste la idea. Obviamente, Luis pasó el fin de semana rumiando su disgusto por las palabras de Tita, sobre todo que me constaba que Luis sacrificaba su comodidad personal para tener sus hijos en las mejores universidades en las que quisieron estudiar.

Otro día Tita volvió a la carga conmigo. Yo estaba hablando con Tommy, un panameño que trabajaba en Washington y estaba de misión en este país donde estaba asignado. Conversábamos de perros, entre éstos el rottweiler de mi hija. Tita nuevamente, no se pudo contener y sin ser parte de la conversación, me espetó. NO entiendo cómo puede haber gente que cuida tanto a sus perros, habiendo tantos niños abandonados en las calles.

Yo, cansado de las impertinencias y críticas de Tita, le disparé, con saña. Tita, tengo los hijos que quiero y puedo tener. Solo tengo dos, gracias a Dios, y me operé a los 32 años. Tengo el perro que puedo y quiero cuidar. Por qué me critica a mí, que soy un hombre responsable con mi descendencia y mis mascotas, y no reprocha a sus paisanos irresponsables que tienen hijos sin control y los tiran a las calles?

Por qué no critica a su sociedad que aplaude el machismo irracional y que promueve tener todos los hijos que vengan, sin tomar en cuenta cómo van a vivir en este mundo? Los hermosos ojos azules de Tita (no me gustaba Tita, pero sí sus ojos), bizqueaban sin cesar, ahogada las palabras y sin saber que responderme.

Que no se interprete estas palabras como crítica a Tita. Ella vivía en una casa de la Prelatura, todo su sueldo, que era bueno en la Región, lo entregaba íntegramente a su comunidad religiosa. Y ésta le asignaba lo que necesitaba. Tita podía comprarse un auto con lo que ganaba.

Viajaba en autobús, como cualquier vecino. Pero me impresionó su entrega e ingenuidad. Creo que mis palabras la sacudieron, porque le hice pensar fuera de la caja. Ojalá que no haya perturbado su Fe. Ni la tuya.




Publicado el Viernes, 11 febrero 2011



 
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