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 Tus escritos: Detalles de caridad en el Opus Dei.- U2

010. Testimonios
U2 :

Leyendo estos días a no valió la pena me vino a la mente algún detallito de cómo se vive el amor y la caridad allí dentro.

Viví dos años con una numeraria que se trasladó de delegación a la otra punta de España. Como es habitual en la Obra, nos escribió una carta al centro contando algo cuando llegó y nada más. Pasado un tiempo, nos dijeron que acababa de fallecer una hermana suya, también numeraria. Yo, nada más enterarme, le escribí una carta diciéndole que lo sentía, mandándole unas palabras de apoyo. Al poco tiempo me contestó diciendo cuánto le había alegrado mi carta, pues era la única persona de la delegación que le había escrito. Yo, personalmente, no podía dar crédito a sus palabras. O sea, que una numeraria conocida, que había vivido en muchos centros de varias ciudades sólo había recibido mi carta. Por cierto, como yo no sabía su dirección, la mandé al Colegio Mayor de la ciudad, sabiendo que ya se la darían. Ya se ve que cuando se quiere a la gente, se pueden idear cosas para localizarla, como yo hice. Tengo que señalar que esta persona no me caía especialmente bien- ni mal-, simplemente me puse en el lugar de alguien que acababa de pasar por tanto dolor como aquella muerte repentina. Ya había visto cosas semejantes, pero esto me dio mucho que pensar sobre el amor que se demostraba en la Obra.

Vamos a por otros detalles...



Al igual que novaliólapena, yo era buena a tope (lo hacía todo de buena fe, siempre, todo en buen plan, buen rollo, etc. pero sin cargos directivos especiales). Llevaba mucho tiempo diciendo que quería dejar la Obra, que aquello no era lo mío. Fui a un curso anual a un sitio VIP. Ya sabéis que hay sitios “más mejores” que otros, a los que van las mayores, los mandos, etc. Me pusieron para hablar con la directora de un centro que tenía fama de rara. Luego entendí por qué. Nada más sentarnos a conversar le dije que quería dejar la Obra. ¿Sabéis la respuesta? Simplemente, se echó a reír, sin más y me preguntó por mi examen particular. La conversación se acabó a los cuatro o cinco minutos. Al igual que a novaliólapena, no me dejaron hablar del tema. Y eso que iba en buen plan. Me imagino que mucha gente que podrían “retener”, se la cargan con este método tan amable, caritativo y cariñoso de comprender y animar a la gente.

Otra bella y deliciosa anécdota sobre el amor.

Una de mis hermanas estaba gravemente enferma y en navidades empeoró notablemente, así que pasé esos días en donde vivía mi familia, con la lógica pena y preocupación. El día de Nochebuena, una numeraria muy amiga de mi hermana se ofreció para quedarse con ella en el hospital y que nosotros cenásemos todos juntos. Era muy buena amiga, siempre tuvo muchos detalles con todos y al poco tiempo dejó la Obra. Sigo el relato.

A la vuelta de las ”vacaciones” navideñas, regresé en tren a la ciudad donde residía. Era un viaje largo. El tren se estropeó y llegué con unas cuatro horas de retraso, tras múltiples peripecias y percances. Avisé varias veces de que llegaría tarde. Cuando bajé al andén de la estación, ¡oh, sorpresa!, no había nadie esperándome. Telefoneé a “mi casa, a mis hermanas” para que viniesen a buscarme. Respuesta: es tarde, toma un taxi. Así hice. Como no tenía llave del portal de “mi casa”, llamé al telefonillo y bajó una a abrirme. Me dio saludo totalmente impersonal. Llegamos al piso y yo solo quería meterme en la cama a llorar.

Al cabo de dos meses, cuando me iba a ir del centro, me despedí de casi todas personalmente y dos de ellas me pidieron excusas por no haber ido la noche aquella a buscarme, porque, aunque se ofrecieron a hacerlo, “no me dejó la directora”. A día de hoy sigo sin comprender qué puede pasar por la mente de una señora como aquella, que ya sabía que quería irme. O bien pretendía darme el empujón final o, si creía que así me iba a animar a perseverar, estaba de la cabeza peor de lo que yo pensaba.

Y para no cansaros con tanta sobreabundancia de amor, acabo ya con estas dos historietas.

Al igual que muchos que se han ido, me hicieron hablar varias veces con gente de la delegación, curas incluidos. Cuando le conté este bonito detalle de caridad y amor fraterno al sacerdote secretario (creo que se llamaban así), no decía ni pío al otro lado del confesonario. Conociendo cómo era de sensible y comprensivo, supongo que estaría atónito. Él también acabó dejando la vocación y ya ni es siquiera sacerdote, y eso que llevaba muchos años dentro. Supongo que oiría cosas como la que yo le conté y muchas más.

El cura del centro me dijo la siguiente perla: ”si en veinte años no tienes ni pizca de vida interior, ya no creo que la tengas nunca, y menos fuera”. En honor a la verdad, el otro cura del centro, un señor ya mayor y comprensivo me dijo algo así como “Dios nunca nos abandona, tienes que seguir siendo una buena cristiana”.

Bueno, pues como algo de vida interior sí que parece que tengo, y medito la Biblia a menudo, sé que el primer mandamiento es amar a Dios y a los demás por Él. Perdono de todo corazón a esa gente de la que hablo por el daño que me hizo y supongo que me habrán quitado varios años de purgatorio, pues ellas me lo hicieron pasar ya aquí.

A las que estén dentro, les deseo lo mejor. Yo, por mi parte, aún ni he olido ni probado el rejalgar y soy feliz, muy feliz.

U2




Publicado el Viernes, 01 julio 2011



 
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