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 Tus escritos: Reforma sin escándalo.- E.B.E.

125. Iglesia y Opus Dei
ebe :

 REFORMA SIN ESCÁNDALO

E.B.E., 30 de noviembre de 2011

 

¿Hubiera sido posible reformar los Legionarios sin tocar el tema de los abusos sexuales de su fundador? Habría sido una reforma muy resistida y prácticamente imposible, porque la autoridad, la sombra del líder carismático habría impedido todo cambio. Para hacer una reforma de raíz, había que empezar antes por la cabeza.

Si bien para hacer la reforma de los Legionarios, la Iglesia podría haberse ahorrado el escándalo de investigar a Maciel por sus abusos sexuales, poco habría logrado reformar sin tocar dicho tema espinoso. Por otro lado, los abusos sexuales daban pie a sospechar que había problemas estructurales (de “cultura institucional”) y no sólo personales. Y desde luego, las víctimas abusadas por Maciel tenían derecho a acusarlo y obtener su condena (lo cual no lograron del todo, al suspenderse el juicio por causas de avanzada edad). Había que pasar por el escándalo para hacer justicia (a las víctimas) y para hacer la reforma (a la institución)...



Las victimas de Escrivá también tienen derecho a acusarlo, y es lo que precisamente en el proceso de canonización se evitó. Este es el escándalo, seguido de otro escándalo: su canonización efectiva (2002). Es cierto que al momento de beatificarlo (1992), no existía Opuslibros (2002), pero tampoco el Opus Dei facilitó la investigación abierta sobre la figura de Escrivá, sino todo lo contrario.

Escrivá defraudó a miles de personas con una vocación laical inexistente, además de crear una organización basada en el abuso de autoridad (recomiendo el reciente artículo de Guillaume).

Si el Opus Dei se reformara desligado de toda investigación del pasado, sería lo mismo que hablar de efectos sin causas. Tanto los Legionarios como el Opus Dei necesitan reformas por una sola razón: debido a los fundadores que tuvieron.

Dejar de lado a los fundadores es esquizofrénico, además de injusto. Pensar las reformas sólo para beneficio de “las generaciones futuras”, desligando dichas reformas del pasado que las motivaron, es peligroso: supone “borrar el pasado” y desconocer el origen de los daños. Si no hay antecedentes históricos precisos, ¿a cuento de qué tanta reforma?

Es necesario revisar la persona del fundador y la institución como tal, sin desligarlas entre sí. Si bien lo escandaloso (personal) no es la razón principal de la reforma (institucional), sin embargo cumple una función esencial. Abre la puerta a la reforma profunda, no superficial.

Lo destacable es que la mayor parte de las reformas que se están conociendo dentro de Los Legionarios, no tiene que ver con los abusos sexuales sino con los abusos de autoridad y todas sus consecuencias. Por lo tanto, los abusos sexuales fueron el detonante pero no el tema principal de la reforma. La reforma es mucho más amplia que el escándalo, aunque menos llamativa y casi hoy no es noticia, salvo para quienes siguen el tema con interés.

Lo escandaloso de la persona de Maciel han sido sus abusos sexuales. Lo escandaloso de la persona de Escrivá es haber logrado su canonización. Hay un escándalo personal, pero además hay una disfunción institucional que debe ser corregida. Dos temas distintos, pero que están íntimamente relacionados. Si el escándalo no se destapa, la reforma será débil, sin resultados.

***

En contraste con el caso de los Legionarios, la pregunta que surge entonces es si, con la canonización, el Opus Dei se ha podido ganar el silencio de la Iglesia. Pues, a primera vista, cuesta imaginar que el tema de la canonización sea tocado, y lo sea en profundidad. Y sólo lo puede replantear la Iglesia misma, quien tiene la autoridad. Y para reformar seriamente el Opus Dei, hay que tocar el tema de la canonización, como veremos a continuación.

Haber canonizado a una persona que ha causado tanto daño es muy problemático, no tanto a nivel dogmático como a nivel de la imagen pública que la Iglesia quiera dar y tener de sí misma. Seguro que una gran mayoría aplaudiría la revisión de la canonización, pero no está claro que el criterio de la Iglesia coincida con esa mayoría, y el Opus Dei apuesta a ello.

Es imaginable que haya diversas intervenciones de la Santa Sede sobre el Opus Dei, pero ninguna que sea neurálgica, porque supondría tocar el tema de la canonización. Para ir a la raíz, hay que empezar por la cabeza. Lo contrario sería esquizofrénico: desligar los problemas estructurales respecto de la figura de Escrivá, y por lo tanto de su canonización. Salvo que se quiera hacer una reforma sin pasar por el escándalo. Valdría preguntarse ¿es realmente beneficioso –a largo plazo- pagar el precio de evitar el escándalo? A esta altura del tiempo, más que un problema para la Iglesia, lo veo como una liberación revisar la canonización. Mantenerla en el tiempo no parece saludable, como tampoco mantener indefinidamente en la heladera alimentos vencidos.

Los abusos sexuales de Maciel fueron el escándalo que permitió poner en marcha una reforma profunda dentro de la Legión. La revisión de la canonización de Escrivá sería la puerta que abriría posibilidades reales de reforma dentro del Opus Dei. De lo contario, lo que resta será siempre secundario en importancia. Sin escándalo, no hay reforma.

***

Hay otra razón de por qué la canonización es el principal obstáculo para la reforma, esbozada al inicio.

Mientras Escrivá goce de liderazgo carismático –origen y sostén del Opus Dei-, difícilmente la institución se deje doblegar. El líder ha sido “elevado” prácticamente al nivel de la infalibilidad para sus seguidores, por lo cual no aceptarán ninguna reforma ni “traición” del carisma, como bien advertía A. del Portillo, maldiciendo a quien osara cambiar “algo sustancial” del Opus Dei, como por ejemplo la relación entre gobierno y dirección espiritual.

Distinto sería que históricamente el fundador hubiera sido santo y sus seguidores unos desvirtuadores del espíritu fundacional. Pero está claro que no es este el caso de Escrivá y el Opus Dei. Acá sucede todo lo contrario: los seguidores son tan fieles al fundador, que no aceptaran reforma alguna.

En privado, el Opus Dei insistirá en que la Iglesia “no tiene poder” para revisar una canonización y por lo tanto tiene “sus manos atadas” para tocar dicho asunto. En público, defenderán la ortodoxia a ultranza, irónicamente, diciendo que “el Papa es infalible”. ¿El Sucesor de Pedro tendrá el poder de desatar? Está claro que tuvo y tiene el poder de atar.

Mientras Escrivá sea no cuestionado, el Opus Dei será irreformable. Lucharán hasta la muerte, hasta la destrucción de sí mismos y de la institución, si fuera necesario, pero no cederán un ápice.

Así como la aceptación de la doble vida de Maciel fue lo que permitió la reforma, la revisión de la canonización de Escrivá será el medio necesario para pasar a la etapa de reformas. De lo contrario, será un “conceder sin ceder, con ánimo de recuperar”: un cuento de nunca acabar. Toda reforma caerá en el olvido. En pocos años volverán a las mismas prácticas, si es que alguna vez las dejan, porque hasta ahora no las han soltado. Si no se toca la canonización, toda reforma será una farsa.

Es necesario que Escrivá caiga bajo la lupa de un severo examen, para que bajen las resistencias institucionales. Mientras siga canonizado, será muy difícil que el Opus Dei acepte la derrota, es decir, que acepte la reforma, porque la reforma es derrota para el Opus Dei.

Al menos, es necesario que se proceda a la revisión, aunque dicho proceso tome años concluir. Pero es importante dar una señal de que “no todo estuvo bien” en ese proceso, que hubo testimonios inconsistentes, fantasiosos y sobre todo testimonios incompletos, ausentes. Hay que estudiar a fondo la personalidad problemática de Escrivá, sus patologías, el fraude vocacional, etc.

Si la Santa Sede da una señal, muchos dentro del Opus Dei la secundarán. Pero mientras tanto, obedecerán al prelado, incluso antes que al Papa, de ser necesario: no denunciarán al Opus Dei frente a la Santa Sede, porque sería considerado una traición. Es necesario levantar el correspondiente “voto de la caridad” que tenían los Legionarios y que existe dentro del Opus Dei, sin ese nombre específico.

Hoy la fuerza del carisma de Escrivá es demasiado intensa como para permitir una reforma. Y si encima tenemos en cuenta que fue canonizado, ese liderazgo carismático se ha tornado imposible de cuestionar por parte de sus súbditos, porque detrás del líder los seguidores “ven a Dios”, más aun que detrás del Papa. Por eso pueden obedecer a Escrivá y desobedecer al Papa, aunque haya sido quien canonizo a Escrivá. Pues en realidad –para la visión del Opus Dei- el Papa no hizo más que “obedecer a Dios” canonizando a Escrivá, y de alguna manera, el Papa no hizo más que “no ser un obstáculo” a la misión de Escrivá, quien obedecía a Dios. El Opus Dei es “Voluntad de Dios”, por lo cual el Papa “no tiene nada que hacer”, no debe interferir. En resumen, la jerarquía siempre fue Dios, Escrivá, el Papa. Y como todo santo, quien está canonizado ha llegado a la meta, antes que cualquier papa en vida. Ya lo decía Escrivá “modestamente: “papas he conocidos muchos, fundadores del Opus Dei, uno solo”.

La revisión de la canonización de Escrivá es el primer gran obstáculo a remover.

***

¿Y no podría suceder que generaciones futuras se distancien de la figura carismática de Escrivá y hagan la reforma gradualmente? El tema es qué quiere decir hacer la reforma. Si reforma es conversión, ello implicará reconocer el pasado y parte de ese pasado es la figura carismática y canonizada de Escrivá. Difícilmente una reforma suponga el desconocimiento del pasado, hacer de cuenta de que nunca nada sucedió y empezar de nuevo.

¿Podrá perder fuerza carismática la figura de Escrivá con la distancia del tiempo, con el paso de las generaciones? Si, podrá perder su fuerza, su presencia, con el cambio generacional. Pero depende de cómo sea capitalizada por los futuros gobiernos también. Tener al líder carismático canonizado es de un gran valor estratégico, sirve para legitimar muchas situaciones: doctrinas, órdenes, resistencias a la autoridad, etc.

Además, el gran problema del Opus Dei es su débil fundamento –sólo la palabra “revelada” de Escrivá-, compensado por la fuerza de la figura carismática de su fundador (en resumen, el fundamento es un solo: Escrivá). La consistencia institucional del Opus Dei depende de la fe que se tenga en Escrivá y de ningún otro “elemento estructural”. No hay consistencia vocacional, no hay consistencia jurídica (constituciones y estatutos “teóricos”, que los miembros no saben de qué tratan por estar en latín, reglamentos internos no aprobados por la Santa Sede, etc.), no está claro el carisma (demasiado general y en contraste con las prácticas religioso-conventuales) y lo único que queda es “la fe en Escrivá”.

Es Escrivá quien sostiene al Opus Dei frente a todas sus contradicciones internas, por lo cual no veo de qué manera vaya a perder demasiada fuerza su figura dentro de la organización. El Opus Dei es una amalgama de fuerzas contradictorias, parafraseando a un historiador, que sólo se armonizan en la figura de Escrivá.

Escrivá canonizado es quien sigue dirigiendo el OD, con sus doctrinas fundaciones y sus prácticas controvertidas. El Opus Dei es irreformable así. Y no se puede fácilmente ir contra las prácticas y doctrinas de un fundador canonizado. Ello generaría efectos paradójicos en sus seguidores y finalmente deberían elegir entre el Papa y Escrivá, y optarían por Escrivá, como lo vienen haciendo.

Mientras Escrivá siga entronizado, el alto mando del Opus Dei no podrá capitular jamás. Podrá desesperarse, pero jamás capitular. No tienen permiso para hacerlo. Y reformar es capitular.

Existe sin duda un peligro al investigar: y es la posibilidad real –debido a tanta evidencia reunida en OL- de descubrir que el Opus Dei es una farsa (pura “forma” –jurídica, estética, de predicación, etc.- sin contenido alguno –teológico, jurídico, moral, evangélico- salvo el tomado del padre Poveda, de los Jesuitas, etc.) y concluir entonces que Escrivá fue un farsante. En tal caso, no quedará nada por reformar sino todo por enterrar: el cadáver del Opus Dei.

E.B.E.




Publicado el Miércoles, 30 noviembre 2011



 
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