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 Tus escritos: El Opus Dei y los ovnis.- Paulino

040. Después de marcharse
Paulino :

Hola, amigos:

Una cosa que siempre me ha intrigado es lo que Josemaría vio el 2 de octubre de 1928. Me intrigó desde que era numerario y me sigue intrigando ahora. Cuando era numerario, y procuraba verlo todo con buenos ojos, el hecho era que además no tenía tiempo para averiguarlo. Se procuraba que uno estuviera tan ocupado que no tuviera tiempo para pensar por propia cuenta, lo cual requiere de cierta calma. Pero ahora tengo tiempo y calma para averiguarlo, pensando por cuenta propia, y verlo con más objetividad y ojos menos “buenos”. Me resulta poco aceptable que Josemaría no se haya tomado la molestia de decirnos qué fue lo que vio, y que nos dijera simplemente que... “vio”.

¿Qué fue lo que Josemaría “vio” el 2 de octubre de 1928? ha llegado a convertirse en una pregunta de mal espíritu. Es como pretender delimitar, acotar, definir o identificar el contenido de aquella visión inefable. Es como atreverse a cometer una irreverencia enorme. Es como pretender identificar lo inefable o delimitar lo enorme procurando reducirlo de alguna manera...



Todos los otros videntes han comunicado lo que vieron u oyeron o recibieron de Dios: los patriarcas, los profetas, los evangelistas y los hagiógrafos en general; lo mismo que Juan Diego, Bernadette, los niños de Fátima, etcétera. Todos los que han recibido revelaciones privadas han manifestado su contenido a fin de que los Pastores de la Iglesia pudieran juzgar su autenticidad. Sólo Josemaría no ha manifestado el contenido de lo que “vio”. Y aun así, ha sido considerado como auténtico, incluso por los Pastores de la Iglesia.

Si Dios es el que Es, sin restricción alguna a su acto de ser, parece como si Josemaría fuera el que Ve, sin restricción alguna a su acto de ver. Parece que Josemaría hubiera visto la voluntad divina como Dios mismo la ve, y que no tuviera necesidad de manifestar qué fue lo que “vio”. Y parece que después, lo que Josemaría dijera en serio –no en broma o en una simple tertulia o en una comida-- fuera lo que Dios quiere, ni más ni menos. Parece que Josemaría fuera Dios.

Surge entonces la pregunta: ¿es Josemaría Dios?

A lo que se responde: no, no, eso sería idolatría.

Hagamos una pregunta menos fuerte: ¿son las palabras de Josemaría palabras de Dios?

A lo que se responde: no, pero sí; sí, pero no (como en tantas otras contradicciones que bien conocemos); no, no, sí; sí, sí, no... Y así en adelante, como en el cuento de nunca acabar...

Josemaría no se atrevió a decir de manera explícita que sus palabras fueran divinas, pero les pidió a sus hijos que obraran como si lo fueran. No hay idolatría en teoría, pero sí en la práctica. Y así es como se explica que la pregunta sobre lo que Josemaría “vio” el 2 de octubre de 1928 llegara a convertirse en una pregunta de mal espíritu.

* * * * * * *

Como las reflexiones anteriores resultan muy molestas para muchos, se acaba por optar que Josemaría sí manifestó el contenido de lo que “vio”. Lo que “vio” fue la Obra; la Obra de Dios, en español; el Opus Dei, en latín. Pero esto es un engaño. La Obra es el nombre que se le dio a lo que “vio”, lo cual de ninguna manera esclarece o identifica lo que “vio”. Una cosa es manifestar el contenido de algo, y otra cosa es ponerle nombre. No por ponerle nombre se manifiesta o identifica el contenido. Lo que Josemaría “vio” sigue sin estar identificado.

Lo anterior se comprende con claridad al considerar que el nombre de “Obra de Dios” surgió cuando un sacerdote le preguntó a Josemaría cómo iba esa obra de Dios; y entonces él reflexionó y pensó que ése era el mejor nombre: “Obra de Dios”, “Opus Dei”. Pero esto sucedió años después del 2 de octubre de 1928.

Remontémonos al 3 de octubre de 1928, y preguntemos qué fue lo que “vio”. No se podría responder que fue la Obra, porque la Obra todavía no era el nombre de lo que Josemaría “vio”. Lo que “vio” todavía no tenía nombre, y no se nos podría engañar dándonos el nombre en vez del contenido. Hoy lo que “vio” ya tiene nombre, pero sigue sin conocerse el contendido (no caigamos en la confusión y en el engaño). Y por tanto las reflexiones anteriores están en pie.

* * * * * *

La realidad es que en lo referente al 2 de octubre de 1928 hay un tremendo círculo vicioso del pensamiento. La divinidad de lo que Josemaría “vio”, cuyo contenido se ignora porque él no lo quiso manifestar, se apoya sólo en el testimonio de Josemaría mismo. Dicho de manera más lógica y clara:

1. La autenticidad de Josemaría como vidente se fundamenta a la divinidad del mensaje que él “vio”.

2. La divinidad del mensaje que Josemaría “vio” se fundamenta en Josemaría mismo como vidente.

Es patente el círculo vicioso del pensamiento o petición de principio. Lo primero se fundamenta en lo segundo, y lo segundo se fundamenta en lo primero. ¡Falta fundamento! Y ese fundamento debería ser el contenido de lo que Josemaría “vio”, a fin de que su autenticiad fuera debida y objetivamente valorada y juzgada; de donde luego se habría de derivar, o no, la autenticidad de Josemaría mismo como vidente.

Y supuesto que el mensaje fuera considerado auténtico, faltaría aún juzgar lo referente a la correcta interpretación de dicho mensaje de parte del vidente, como sucede con todos los otros videntes que reciben revalaciones privadas. Todo eso falta en la supuesta revelación que Josemaría simplemente “vio”. Sin la manifestación del contenido de lo que Josemaría “vio”, con todo derecho podríamos decirle: “Todo eso ve y cuéntaselo a tu tía, o a quien mejor te parezca”.

Se podría tratar de deducir lo que Josemaría “vio” el 2 de octubre de 1928 a partir de la Obra que él fue realizando poco a poco. Pero eso es muy difícil debido a los cambios notables que fueron teniendo lugar: sin mujeres, con mujeres; con votos, sin votos; con intereses políticos y económicos, sin intereses políticos y económicos; sin colegios, con colegios, etcétera. Lo que “vio” no pudo ser eso, tan cambiante y contradictorio, si fue Dios quien se lo reveló. Lo que “vio” sólo pudo ser algo muy, muy, muy vago, como hacer un camino de santidad en medio del mundo, sin más aclaraciones; y todo lo demás sería invención suya. Pero eso él no lo aceptaba; él quería que todo viniera directamente de Dios.

Que todo eso se le haya creído a Josemaría por los primeros, sólo se explica por el carisma seductor de Josemaría y por las circunstancias españolas y mundiales de la época. Y también pudo deberse al aplomo de quien hablaba convencido de lo que decía; pero en este caso no puede explicarse que él no quisiera manifestar el contenido de aquello que le convencía. Sea de ello lo que fuere, la decisión de no manifestar el contenido de lo que “vio” --con su implícita petición de principio--, indica la pobre formación filosófica de Josemaría.

Todo el Opus Dei está construido sobre una supuesta divina revelación privada hecha a Josemaría, carente de fundamento alguno. Josemaría pudo simple y llanamente habérsela inventado, o ser fruto de alucinaciones psicológicas más o menos patológicas. O pudo ser una revelación real, cuyo contenido él no quiso manifestar a fin de lograr un halo de divinidad en todo lo que se le ocurriera, sin caer en la cuenta de la implícita petición de principio, debido a su pobre formación filosófica.

* * * * * * *

Es bien sabido que el cristianismo encontró dificultades para difundirse entre los griegos y en el Imperio Romano. Una de las principales dificultades fue la mitología griega, como religiosidad más o menos vigente. Zeus era la divinidad mayor, quien tenía el poder de lanzar los rayos. Era conveniente bajar a Zeus de su pedestal a fin de facilitar la difusión del cristianismo.

Providencialmente, sin pretenderlo en favor del cristianismo, los filósofos griegos fueron bajando a Zeus de su pedestal. Pero sus argumentos no eran del todo accesibles al hombre común, es decir, al pueblo en su gran mayoría. Faltaba bajar a Zeus de su pedestal a los ojos del pueblo. Y esto se logró, también providencialmente, gracias a la comedia. Fue Aristófanes quien bajó a Zeus de su pedestal a los ojos del pueblo. En efecto, en su comedia “Las Nubes”, de distintas formas afirmó lo siguiente:

No, los rayos no son lanzados por Zeus. Los rayos son sólo pedos que se echan las nubes.

No podemos dejar de reírnos, aún hoy. La comedia de Aristófanes sigue ejerciendo su efecto hasta la fecha. Y la consecuencia es que no podemos tomar en serio a Zeus; ni siquiera pudo hacerlo el pueblo griego.

Algo semejante sucede hoy con Josemaría, pues sus hijos lo han colocado en un pedestal, presumiblemente con el apoyo y la ayuda de él mismo. Algunos sesudos intelectuales de Opuslibros lo han venido bajando ya de su pedestal, como hicieron los filósofos griegos con Zeus. Pero sus argumentos no son –tampoco hoy-- del todo accesibles al hombre común, es decir, a la gran mayoría del pueblo opusino y ex-opusino, y también extra-opusino. Falta bajar a Josemaría de su pedestal a los ojos del pueblo. Y pienso que esto se logrará también gracias a la comedia, o al menos al buen humor

El pueblo sigue teniendo a Josemaría en un pedestal, sea para idolatrarlo, o para amarlo, o para criticarlo, o para aborrecerlo. Nada de eso sucedería si Josemaría fuera a los ojos del pueblo sólo un hombre más, uno más del común de los mortales. Josemaría sigue estando encumbrado en un pedestal a los ojos del pueblo, para bien o para mal. Y yo voy a intentar bajarlo de su pedestal recurriendo al buen humor, del que él tanto hacía gala. Y antes de intentarlo quiero reconocer dos cosas:

1. Después de leer lo dicho en Opuslibros, sobre todo lo dicho en los documentos internos referente a la violación del silencio de oficio en la dirección espiritual, la figura de Josemaría se me derrumbó.

2. Sigo teniéndole cariño al Josemaría que conocí en lo personal.

Yo pienso que Josemaría está hoy en el Cielo –quizá después de un intenso Purgatorio--, y que por tanto es ya un santo. Incluso ofrecí una demostración de ello en mi “Rompecabezas Religioso 3”, del 14 de noviembre de 2011. Esa demostración se apoya en el presupuesto de que Dios avaló la canonización de Josemaría llevada a cabo por Juan Pablo II, como también ha avalado muchas otras canonizaciones. Aun así, estoy convencido de que las canonizaciones no son infalibles.

Pienso que la canonización de Josemaría dice verdad, dado que está en el Cielo. Pero también pienso que esa canonización fue inoportuna, porque el conjunto de la vida de Josemaría no es un modelo de vida para nadie. Sucede como con san Dimas –el buen ladrón--, quien se ganó el Cielo en el último momento junto a Cristo en la Cruz, pero cuya vida en su conjunto no es un modelo de vida para nadie. También pienso que la Obra es un mal, como ya lo dije en mi escrito “Visión panorámica del Opus Dei”, del 4 de abril de 2012.

Si, pues, Josemaría está en el Cielo, y sigue haciendo gala de su buen humor, no se molestará por lo que voy a decir. Y seguramente se alegrará de que hagamos todo lo posible por desfacer sus entuertos en este mundo.

Lo que Josemaría “vio” el 2 de octubre de 1928 no ha sido identificado. Pero algo “vio”, y eso fue sin duda algún objeto. Se trata por tanto de un único (objeto “visto” no identificado), es decir un “Ovni”, y no un “ovni” (objeto “volador” no identificado).

Como puede apreciarse, escribo “Ovni” (con mayúscula) para referirme al único objeto “visto” por Josemaría, a fin de diferenciarlo de los múltiples y comunes “ovnis” (con minúscula) que parecen pulular por nuestros cielos; y también, por supuesto, por deferencia hacia Josemaría.

Lo que luego sucedió fue que Josemaría Escrivá, o simplemente Escrivá, puso en marcha su Ovni tripulándolo él mismo.

Por lo cual Escrivá no es sólo el Fundador, sino también El Tripulador.

No sólo es Escrivá Fundador, sino también Escrivá Tripulador. Abreviado: “ET”.Y así, en vez de decir que san Josemaría fundó el Opus Dei, podemos decir que ET puso en marcha su Ovni. Que la cinematografía nos traiga a la memoria el significado de “ExtraTerrestre” de “ET”, favorece la analogía de que ET ponga en marcha su Ovni.

Y también podemos decir que Papas, hemos conocido varios; Cardenales, decenas; Obispos, manada (lo de “manada” se lo oí decir a Josemaría con estas orejitas que se comerán los gusanos); pero Tripulador sólo hay uno.

Y también: asociaciones religiosas o eclesiales hay muchas; pero Ovni sólo hay uno.

He observado que en Opuslibros a Josemaría se le llama “chema”, “el turbosanto”, etcétera. Y también he observado que a la Obra se le llama, “la cosa”, “la secta”, “el lado oscuro”, etcétera. A algunos les puede parecer que tales expresiones conllevan algún tinte de inquina o de mala leche. Y me viene a la memoria que una amiga que salió de la Obra la llamaba “la cápsula espacial”, que es una expresión más bien jocosa o humorística, y sin tintes de mala leche.

Me parece que es mejor el buen humor que la mala leche, o lo que pueda parecerlo. Y por eso invito a mis amigos de Opuslibros a hablar de “ET” y su “Ovni”, con preferencia a usar otras expresiones. Pero con toda libertad. No se vaya a pensar que pretendo enviar una instrucción que deba leerse de rodillas...

Va un abrazo.

Paulino.




Publicado el Lunes, 16 abril 2012



 
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