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 Tus escritos: A quienes quieren cambiar la obra desde dentro.- Fueraborda

010. Testimonios
Fueraborda :

A todos los “Unosnumes”, unos consejillos para “serfieles

Fueraborda, 2/07/2012

 

 

Cuando leí tu escrito, “unanume”, me conmoví y deseé darte un abrazo.

He visto en ti una mujer luchadora, fuerte y honesta, pero absolutamente aislada y carente de experiencia.

Yo estuve unas cuantas décadas siendo una numemás. Robotizada los primeros años, y escuchando a mi conciencia después.

Durante de mis años-robot, fui unanumeejemplar. Pero cuando descubrí que mi forma habitual de comportarme, de aconsejar y de predicar, no estaban de acuerdo con lo que mi conciencia recién descubierta me indicaba, cometí el error de hablarlo con las directoras. Hablé por ser fiel. Fue un acto de entrega y de amor a la obra. Tampoco me importaban las consecuencias, pensaba...



¡Qué inocente fui! Como tú ahora, y como tantos que siguen pensando quieroserfiel... ¿Y sabes lo que pasó? Lo haré público en su momento, pero no deseo para ti ni para nadie, el precio tan alto que tuve que pagar por ello. Afortunadamente, es fuerte mi resistencia psíquica, pero creí volverme loca.

Nunca hubiera podido imaginar semejante campaña de desprestigio, de injurias. Nunca pude imaginar tanta crueldad por parte de aquellas personas en quien seguía confiando y llamando familia. Me pisotearon, me humillaron, me mintieron cruelmente, me amenazaron, se burlaron, me persiguieron, y lo peor para mí: dejaron de confiar y dejaron de creerme.

Y de ésta forma, funcionando como un trapo que sigue dando de sí lo mejor que tiene, aguanté décadas. Y fíjate si pensaba quieroserfiel, que no me marché de la obra ni siquiera por instinto de supervivencia, -como hubiera sido lo normal-, sino porque dejé de creer en todo lo que hacía. Es decir, por coherencia.

Por tanto, sin tener otro remedio, abandoné la obra, y entonces sí pudeserfiel…

Me fui sola. Sin dinero, sin trabajo, sin haber cotizado en mi vida, sin cobertura de seguridad social y, como único currículo, las labores de dirección y formación en las que me empleé fielmente durante toda mi vida por deseo de las directoras.

En todo ese tiempo fui incapaz de darme cuenta -como casi todos, porque para algo nos formatearon la cabeza-, de que el problema es institucional. Es de raíz.

Créeme. Los problemas de la obra no son accidentales. No son granos molestos ni tumores molestos o dañinos que se puedan extirpar.

He conocido a quienes, como tú, han intentado cambiar las cosas desde dentro. Unos, trabajando intelectualmente, (acuérdate de Ruiz Retegui, y muchos más), otros, con visitas al Prelado informándole de peligros serios. Muchos, sugiriendo mejoras, testimoniando situaciones escandalosas, presentando escalofriantes estadísticas sobre las graves y repetidas enfermedades, advirtiendo de las consecuencias nefastas de determinados criterios…

NADA. Coces contra el aguijón.

Te puedo decir que, en lo que yo sé, todo el que acude al Prelado sale escaldado. No quiere oír. No quiere oír nada distinto a lo que le enseñó su fundador.

Todo es intocable, todo ha quedado convertido en fundacional. No escucha, no razona. Es impenetrable.

Y desgraciadamente, el que se acerca a él con su mejor intención y amor a la obra, recibe el rebote del balón en la cara. Y si incordias mucho, puedes ser castigado con el destierro o similar. De esto, algunos saben bastante.

Por ayudar a la obra, unos han sufrido calumnias, otros han sido privados de confianza, otros reducidos a la nada, con la retirada de sus encargos apostólicos. Con otros, han actuado como detectives secretos saltándose no sólo la moralidad, sino las leyes de la legalidad. Han agredido y confiscado su intimidad. A otros les someten a duros e interminables interrogatorios, hasta reducirles a un estado anímico tal que, rendidos, han declarado mentiras, incluso haber cometido pecados graves, con tal de que cesara la tortura.

Todos estos relatos para no dormir que te comento de forma muy esquemática, están sacados de historias reales que conozco de cerca. Podría decir los nombres, el lugar, las fechas, y relatar los hechos. Podría también nombrar a los testigos presenciales.

Y no es sólo que a Javier Echevarría y a la cúpula no les interese lo que podáis aportar los entregados numerarios de a pie, que sois los que lucháis en primera línea de batalla, sino que tampoco entra en sus planes –no ha entrado nunca- (conceder sin ceder con ánimo de recuperar), obedecer a las leves llamadas de atención que reciben de la Santa Sede, porque grandes, no las hay. A estas alturas, todos sabemos de qué va el tema.

Querida nume: ¿Tienes deseos de martirio? ¿No crees que harías bien protegiendo tu salud y midiendo tus fuerzas? ¿Por qué ponerte a prueba si TODOS, TODOS, los que lo han hecho han perdido la batalla? ¿Crees que te merece la pena la quijotada de salir al ruedo a pecho descubierto hasta quedarte K.O?

Son multitud los miembros de la obra que desde hace muchos años ya tuvieron tu idea. ¿Es que crees que vas a ser tú la que les vas a meter el gol? Ya que escribes para pedir consejo, te diré que tus probabilidades de victoria son CERO.

¿Olvidas el deseo del aspirante a beato Del Portillo? Pues era que Dios confundiera al que en la obra intentara cambiar algo. Eso es lo que nos escribió en una carta a sus hijos.

Oye, quiereserfiel@... dime: tú a quién quieres ser fiel, ¿a Dios, o a la obra? Date cuenta de que es distinto.

Si tu deseo es ser fiel a una llamada Divina para buscar la santidad en el mundo en medio de tu trabajo y haciendo el bien a los demás, ¿por qué no lo haces? Si pitaste para ello pero te han estafado, ¿no debes ser fiel a Dios y rectificar el camino que emprendiste equivocadamente?

¿Por qué te sientes moralmente obligada a someterte a unas normativas que ni siquiera están aprobadas por la Iglesia, porque las desconoce y que te das cuenta de que no son de Dios?

¿Crees de verdad que serías infiel a Dios, simplemente por el hecho de romper un contrato al que ellos nunca se ajustaron y que tú nunca firmaste?

Si la obra debe cambiar, que cambie. Mayorcitos son los de la cúpula para hacerlo. No seas ingenua, no te necesitan.

Si decides irte de la obra para seguir tu camino vocacional con mayor libertad, mi consejo es que no te compliques, que planifiques una salida no traumática. Basta que digas o escribas a boli -en la misma octavilla destinada al comentario del Evangelio- que rescindes el contrato, o que te vas, o que te has ido mientras desayunaban… simplemente. No tienes que escribir ninguna carta, y ¿qué es eso de que tienes que esperar a que te den la dispensa? ¿Dispensa de qué? No te tienen que dispensar de nada.

Ahí se descubre el sentido de posesión que tienen sobre ti.

Vete buscando tu nido, aunque sea provisional, y rellenándolo con tus cosas. No caigas en el enredo de hablar con directoras ni directores.

Basta que hables con Dios. No habrá traumas. Siéntete libre.

Espero que hayas tenido la prudencia de ir haciéndote un colchoncito, porque vivir es caro. No incumples nada, ya que no tienes obligación de entregar tu salario. (Otra bola que nos metieron).

Si te arrepientes y al fin te quedas, lo entregas de nuevo y ya verás qué contentas se ponen.

Escribí hace tiempo unos consejos prácticos para los que estáis pasando por esta situación. Lo titulé: “A mis amigos de la barca: no queméis las naves

Te deseo la mejor elección,

Un abrazo con cariño,

Fueraborda




Publicado el Lunes, 02 julio 2012



 
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