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 Tus escritos: La roca se resquebraja.- Atomito

125. Iglesia y Opus Dei
atomito :

LA ROCA SE RESQUEBRAJA
Atomito, 29/10/2012

Escrivá, usaba un lenguaje gráfico para referirse a su “obra de Dios” con expresiones como “unidad monolítica” y “espíritu esculpido”. Otro tipo de afirmaciones grandilocuentes que hacía era  que la obra iba a existir “mientras hubiera hombres en la tierra” y que “el cielo está empeñado en que la obra se realice”. Al leer los últimos días la serie de escritos sobre el tema de la administración y las numerarias auxiliares, lo que se me venía a la cabeza es, cómo tan solo a 40 años de la muerte del fundador, la “roca monolítica esculpida” empieza a agrietarse y verse antigua y obsoleta...

El modelo de tener un grupo de sirvientas célibes, que se dedican a las labores domésticas en los centros del Opus, y que le dan ese “aire de familia” que es tan importante en el “espíritu esculpido”, está basado en la servidumbre de las familias aristocráticas tradicionales. A mí siempre me resultó curioso y original lo del director haciendo sonar la campanita para que viniera la sirvienta a cambiar los platos. La sirvienta está siempre en silencio, sin hablar una palabra con los comensales, a lo sumo el director le dirige alguna palabra en voz baja si hace falta decirle algo. Años después de irme del Opus, vi una vez una película ambientada en los años 20 en el sur de Estados Unidos (para el que le interese, la película se llama Ragtime) y entonces me enteré que la historia de la campanita y la silenciosa doncella con delantal cambiando platos, era lo que se estilaba en las casas de la gente pudiente y con clase en las primeras décadas del siblo XX...



Hoy en día sólo en países atrasados, donde existen diferencias sociales injustas de larga data, se mantienen ese tipo de instituciones. Cuando las mujeres de extracción humilde no tienen acceso a la educación ni a los servicios de los que se benefician los ricos, la posibilidad de trabajar como sirvienta de las familias ricas es vista como una opción atractiva. En los países desarrollados, las familias pudientes contratan a alguien que vaya a hacer la limpieza un par de veces por semana, pero a nadie se le ocurre tener una sirvienta cambiando platos cuando uno toca una campanita. A la institución opusina de la administración, las nuevas generaciones la pueden asociar con hoteles 5 estrellas: eso de que te laven y te planchen la ropa y te la dejen sobre la cama, que te cocinen y te limpien la habitación a diario, es propio de hoteles, no de casas de familia. Podrá ser algo atractivo para alguna gente, otros preferimos tener que ocuparnos de las tareas de la casa, pero tener libertad de abrir la heladera cuando se nos ocurre, poder invitar a quien queramos a comer o quedarse a dormir, etc. Lo que está claro en cualquier caso, que un centro del Opus, se asemeja más a un hotel que a una casa de familia.

Hay otros temas, donde el espíritu que esculpió el fundador resulta chocante y extraño en la sociedad de hoy día. El ejemplo más claro es el control de la información y el acceso al arte. Escrivá decía que confiaba más en la palabra de un hijo suyo que en la de 100 notarios unánimes, pero como tantas otras cosas que decía, esto era una flagrante mentira. La realidad es que Escrivá instituyó todo tipo de controles, como por ej:

- los miembros del Opus no pueden leer alegremente cualquier libro que se les ocurra, tienen siempre que consultar antes, y si les dicen que no se puede leer (un porcentaje importante de libros están en la lista negra), no pueden leerlo sopena de cometer un pecado.
- las cartas que los miembros numerarios mandan o reciben deben ser leídas por el director
- en los centros del Opus la TV solo se enciende cuando el director así lo determina. Los numerarios de a pie no pueden ir y sentarse a mirar TV cuando les parezca, sino solo cuando lo determina el director, que no suele ser más de 4 o 5 veces al mes.
- los miembros célibes no van al cine ni espectáculos públicos. El único cine que ven, es el que se pasa de vez en cuando en los centros del Opus.
- en las épocas que Escrivá vivía no existían los PCs, los celulares ni los Ipods. La única manera de escuchar música, era en la radio, en un tocadiscos o un grabador. En los centros del Opus, los numerarios no podían tener ninguno de estos aparatos, sino que había un equipo de música para todo el centro, que para usarlo había que consultar al director.
- en los centros del Opus, el diario primero lo leía el director, y si había “fotos inconvenientes”, estas se tapaban pegándoles un papel encima

Todo este control paranoico de la información no debía chocar mucho en los ambientes religiosos en la España franquista. Pero hoy día es inimaginable. Hoy no hay diferencia esencial entre un diario, un canal de tv o una radio. Los libros, las películas, los informativos, las series televisivas, los reportajes, al final de cuentas son contenido digital que se accede a través de un dispositivo electrónico personal conectado a internet. Tratar de controlar lo que la gente lee o las películas que mira no lo pueden hacer ni las dictaduras. El modelo de control de Escrivá simplemente es inviable.

Me imagino los debates internos que habrán habido en las últimas décadas, a medida que la tecnología se desarrollaba y la gente la adoptaba. Por ejemplo, cuando la gente empezó a sustituir las cartas por los emails, se debe haber planteado si los emails los tiene que leer el director, como se hacía con las cartas. Y obviamente la “vieja guardia” de directores que toda su vida vivieron esa costumbre divinamente inspirada, se opondrían a que se abandonara al migrarse a las “cartas electrónicas”. Seguro que más de uno era partidario de que los numerarios de a pie tuvieran que informar de sus passwords a los directores, de que las redes wifi en los centros filtraran determinado tipos de sites, de que los PCs de los numerarios tuvieran spyware que le reportaran a los directores los sites que se visitan, etc, etc. No tengo duda de que algunas de estas cosas se hayan en realidad ensayado en pequeña escala, pero a la larga, habrán experimentado que pretender controlar a los miembros en la era digital, es una batalla perdida. Si resulta chocante para la gente de afuera que un numerario no pueda ir al cine o a una fiesta o que use un cilicio, se imaginan el papelón institucional, si se hiciera público que los miembros del Opus tienen que tener spyware instalado en sus máquinas, para que los directores puedan estar al tanto de todo lo que hacen?

A un amigo que tengo que sigue en el Opus y que a veces conversamos, le planteé este tema alguna vez, y lo que me dice (que supongo es la version oficial del Opus) es que lo esencial del espíritu no cambia, pero que la forma de vivirlo se adapta a los tiempos. Pero este es un terreno peligroso, porque Escrivá no hacía claras diferencias cuando hablaba ni cuando redactaba documentos, de que “esto es esencial” y “esto otro puede cambiar según las circunstancias”. Más bien, con su obsesión con las cosas pequeñas, da la impresión de que para él todo era importante, hasta el cerrar bien una puerta o enderezar un cuadro era parte fundamental del espíritu. Decir ahora que lo de controlar la correspondencia no era esencial, suena a excusa para tratar de justificar lo injustificable.

Otro ejemplo de anacronismo a tan solo 4 décadas de la muerte del fundador, es el tema del celibato. El fundador se llenaba la boca con la gran innovación del Opus de admitir miembros casados. Pero la realidad es que los supernumerarios son miembros de segunda categoría, que no pinchan nada, y en realidad su función es parir numerarios, poner plata y llegar a cargos de poder, de los cuales el Opus se pueda servir. En el Opus, sólo los miembros célibes (y además varones) son los que cortan el bacalao. En la época y los lugares en que el Opus se expandió, era algo visto como totalmente normal que la gente tuviera una vocación religiosa que implicaba vivir céibe. Hoy en día en las sociedades occidentales se ve como más normal ser gay que ser célibe. A pocos le chocan que un gay se case con alguien de su mismo sexo, e incluso que adopten hijos, pero en cambio eso de vivir en un centro con personas del mismo sexo y pasarse todo el día rezando o en actividades religiosas, es algo de otro planeta.

A los directores del Opus de hoy se les plantea el dilema de seguir para adelante con las claras indicaciones dejadas por el fundador, o modificarlas para adaptarse a los tiempos. En cualquier institución humana, esto no es mucho dilema, las empresas tienen que adaptarse o desaparecen, como le pasó hace poco a Kodak. Pero en una institución que pretende no ser humana, sino divina, tener que empezar a cambiar las cosas tan solo 40 años después de la muerte del fundador el dilema es terrible. Sobre todo si uno empieza a hacer comparaciones con las cosas que decía Jesucristo hace 2000 años. La iglesia en sí ha pasado por reformas y contrarreformas, ha ido para atrás y para adelante, pero las parábolas y enseñanzas de Jesucristo tienen hoy la misma fuerza de siempre y no necesitaron nunca ser re-escritas ni adaptadas a los nuevos tiempos. Yo creo que un porcentaje bajo de la población de hoy día vió alguna vez un agricultor saliendo a sembrar, pero la parábola del sembrador igual la entiende cualquiera. La iglesia, como institución humana que pretende ser divina, tiene y ha tenido problemas similares al Opus. Pero las palabras de Jesucristo han resistido el paso del tiempo sin necesidad de ninguna adaptación. Las palabras divinas de Escrivá, en cambio, tan grandilocuentes y rimbombantes, se han vuelto obsoletas en una generación. Y si miramos hacia adelante, las cosas van a ponerse cada vez peor. Eventualmente el Opus va a tener que empezar a cambiar cosas que claramente para los ojos de cualquiera, no son superficiales, o va a desaparecer.

Alguno puede pensar que la situación no es tan terrible. Después de todo, el Opus tiene los colegios y los supernumerarios, que le aseguran un suministro de nuevos numerarios que puedan ir reemplazando a los que mueren o desertan. Pero el problema es que si las nuevas vocaciones provienen solamente de los hijos de los miembros actuales, el Opus se convierte en una especie de guetto, ya no es la levadura que fermenta la masa. Si los miembros del Opus son bichos raros que no forman parte realmente de la sociedad, sino que viven en una campana de cristal que los proteje de tanto pecado y perversión, llevando una vida que es totalmente diferente de las personas corrientes, entonces la visión beatífica de Escrivá aquel 2 de octubre, se viene abajo. El Opus ya no es el fermento que cambia la sociedad desde adentro. Podrá intentar cambiarla de afuera, como hicieron los conquistadores en América, imponiendo su religión y su cultura, pero no va a ser nada parecido a lo que hicieron los primeros cristianos, como decía Escrivá.

Nadie sabe cómo va a ser el mundo ni el Opus dentro de 100 años. Pero para mí está claro que si Escrivá resucitara dentro de 100 años, simplemente no reconocería su obra. Eso, o directamente que haya desaparecido. La famosa “visión” que tuvo el 2 de octubre de 1928, no fue una visión del futuro a largo plazo que Dios le permitió ver. Fue algo que se imaginó Escrivá, y que como les pasa a todos los que imaginan el futuro, como los autores de novelas o películas de ciencia ficción, puede tener algún elemento interesante en que acertaron, pero básicamente, le erró como a las peras.

Atomito




Publicado el Lunes, 29 octubre 2012



 
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