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 Tus escritos: Mi especial discernimiento (ironía) vocacional en el Opus Dei.- Torch

010. Testimonios
torch :

Mi especial discernimiento (ironía) vocacional en el Opus Dei
Torch, 5/11/2012

 

Leer el testimonio de HALMA: “De cómo entré en el Opus Dei y otras tribulaciones” me motivó escribir lo siguiente. La carta de Víctor (q.e.p.d), “Que mi muerte sirva para que no se trunque la vida de más adolescentes, me ha llevado a publicarlo. Me he limitado, hasta ahora, a publicar en OpusLibros reflexiones más bien teóricas. Quizás en alguna de ellas he vertido alguna que otra anécdota. He caído en la cuenta, sin embargo, de que era necesario poner mi historia por escrito y publicarla. Han pasado ya los suficientes años para poder reposar lo que aquí escribo. Durante el tiempo transcurrido desde que dejé ‘la peña esa’ (saludos, Mediterráneo), ha habido momentos de enojo, frustración, anhelo, un poco de remordimiento a veces, gozo, risa, lágrimas liberadoras, etc.

Mi historia – suena repetitivo decirlo – no es esencialmente distinta a la que muchos cuentan. Quizá no sea leída, pero quizá sí y pueda ayudar – como muchas de las que ya se encuentran disponibles en OpusLibros – a que alguien (uno basta) no caiga en las redes que me fueron tendidas en mi temprana juventud. Quiero evitar que haya otro(a) adolescente incauto, ingenuo, inseguro, tímido, generoso, idealista y soñador que se deje seducir por unos lazos que no vienen de Dios, sino más bien de una estrategia humana para hacer crecer ‘la empresa familiar’. Campañas de 500 vocaciones, o de ‘pitajes’ en beatificaciones, UNIVes o canonizaciones son una estrategia humana que resulta abusiva incontables veces...



La finalidad de este relato no es tampoco denunciar. Creo que, ante un juez neutral, será mi palabra contra la de miles de miembros actuales en activo que se empeñarán en señalar que mi caso es ‘particular’ o bien, que estoy exagerando algunas cosas por la razón que fuera. Sin embargo, si alguno está siendo reclutado, estoy seguro que verá repetir el patrón de mi propio proceso. Si no es así, yo me retiraré satisfecho, pues significaría que la obra ha entendido el verdadero sentido del discernimiento vocacional y se ha alejado de la manipulación y el engaño.

El contexto en el cual este relato está escrito, y lo que – pienso – le da significado, es la convicción de mi propia responsabilidad en que la estrategia proselitista funcionara en mi caso. Es verdad, los reclutadores ocultaron información que fueron luego dosificando inteligentemente. También es cierto que nunca llegué a conocer el proceso de discernimiento vocacional que debería ocurrir a lo largo de las incorporaciones. Ni siquiera me enteré que de los 16 años 6 meses a los 17 años fui supernumerario (con lo que me hubiera encantado ir a fiestas y tener alguna novia en ese momento, je), ni que en aquellos momentos de oscuridad y frustración (que fueron muchos, no me quejo) tenía un recurso a repensar mi membrecía al fenómeno gnóstico del Opus Dei (pues la membrecía jurídica no comenzaría sino hasta que había cumplido los 18 años). Es verdad que toda la ‘formación inicial’ lleva a convencer al iluso candidato de que dejar la Obra es abandonar la salvación personal (mentira herética) y esto provoca en el sujeto la construcción de tabúes sobre su fidelidad al grupo, cosas que no se deben pensar, que deben ponerse ante el conocimiento de los directores inmediatamente, para no volverlas a contemplar jamás.

Pero digo que soy responsable de estos años de numerario, pues, si hubiera tenido la madurez y la valentía que se me exigía en esos momentos, hubiera dejado la Obra mucho tiempo atrás. Adquirir esa madurez y valentía me tomó más tiempo. Por otro lado el hubiera no existe. Mi vida es lo que es, con década y media en el Opus Dei que sirvió en parte para ser lo que soy (con sus cosas buenas y malas) y para conocer gente fenomenal (una gran cantidad, muchos de ellos ya fuera). Eso no significa que, si tuviera la oportunidad, volvería a tomar las decisiones que un día tomé. Pero es vano planteárselo: ‘lo que no fue, no será’.

Doy gracias a Dios porque no tomé la decisión de dejar la institución antes de tiempo (antes de que estuviera preparado), y también que no se me ‘invitó’ a marcharme por parte de los directores. Si me hubieran dicho antes de la fidelidad que ‘no era lo mío’, que ‘no renovaría’, etc., conociéndome como me conozco, hubiera caído en una gran frustración e inseguridad. Hubiera seguido completamente dependiente de la organización para muchas cosas, incluidas el conocimiento de mi mismo (en el que se equivocaron, por cierto, pero creo que no soy el único: uno encuentra potencialidades antes desconocidas cuando deja el grupo aquel).

Ignoro si con conocimiento de causa o por casualidad tan sólo, en el Opus Dei se busca que ‘piten’ numerarios a edades infantiles (14 años y medio, ahora, según algunas fuentes con ‘permiso’ de sus padres). Se les atribuye a los jesuitas el dicho ‘dadme un niño de 7 años y os entregaré un hombre’. Esa frase puede ser usada como síntesis de la manipulación, o bien, como guía para una buena educación. Es un hecho, sin embargo, que entre más inmaduro es alguien más se le puede adoctrinar. Y, a veces, pasa como en la fábula del elefante que de pequeño le atan a una estaca en la tierra. La misma estaca sería fácilmente movida por el elefante adulto, y sin embargo, como ha luchado hasta el cansancio contra la cadena que lo esclavizaba cuando pequeño, cuando grande ya ni siquiera lo intenta.

La obra es una ‘guardería para adultos’ (Joseph Knecht dixit). La descripción me ayudó sobremanera al salir de la obra y a entender mi paso por esa organización. Yo le agregaría que, en muchos casos, como el mío, la organización es una guardería de niños que deberían ser adultos. ‘Pitamos’ con menos de 18 años (en el supuesto de que la adultez comenzara realmente a esa edad). Pasamos de ser menores de edad bajo la tutela de nuestras familias a ser menores de edad bajo la tutela de una organización.

Durante este relato no pretendo generalizar. Hablaré de hechos vistos desde mi muy particular perspectiva y en mi caso particular. Cada uno es responsable de sus propias decisiones. Yo de la mía de entrar, permanecer, y por qué no, salir. Si uno ve los testimonios de esta página, sin embargo, se dará cuenta de que mi caso no es único y que, gracias a la exactitud y ‘fidelidad’ (lo llaman allá dentro) al ‘carisma fundacional’, los métodos se replican en muchos lugares del mundo. En algunos países (Alemania, Gran Bretaña, Noruega, Bélgica, Holanda, Estados Unidos, Canadá, Australia, etc.), lo tienen más difícil por las particulares reglas y costumbres. Pero en los que pueden (España, Latinoamérica entera, Italia, Filipinas y ahora, parece, África sub-sahariana) se sirven con la cuchara grande. Esto, claro, con gran exactitud, provocando esa crisis de vocación que sigue fidelísimamente el espíritu fundacional delineado en la ‘Instrucción sobre el Modo de hacer Proselitismo’ (y que tan bien explicó Castalio en “Cómo fabricábamos numerarios en México”).

Esta narración está escrita ‘en buena lid’. Mi intención es ayudar. El lector disculpará, sin embargo, que a veces el tono sea un poco irrespetuoso. Es mi manera de luchar contra los tabúes que durante década y media mantuve y que no merecían – ni merecen – respeto alguno.

Post Scriptum: Si hay algo de lo que me arrepiento es de haberme aprendido tanta ‘historia’ de la organización (fechas, nombres, lugares, anécdotas, etc.) y tanto criterio ‘entrañable’ lleno de ‘razonadas sin razones’ para explicar lo que éramos y no fuimos y, al mismo tiempo, lo que no éramos pero, en efecto, fuimos.

PostScriptum 2: Este testimonio lo escribí antes de leer el de Pixie (“Una historia más”) de hace algunas semanas. Y, sin embargo, estoy sorprendido de algunos parecidos. Yo sí era un chavalín incauto cuando caí en las redes.

 

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Publicado el Lunes, 05 noviembre 2012



 
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