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 Tus escritos: Dimisión del papa y otras dimisiones.- Gervasio

070. Costumbres y Praxis
Gervasio :

Dimisión del papa y otras dimisiones

Autor: Gervasio, 25/02/2013

 

            Un tal Yago de la Cierva afirma que la renuncia a ocupar la sede de Pedro —prevista por la legislación canónica— es una “traición a la tradición”. No deja claro si el traidor es Ratzinger o el Código de Derecho canónico. Dado su historial, me da la impresión de que de la Cierva más que sobre el oficio papal proyecta su severo juicio sobre el llamado “padre” en el Opus Dei; es decir, sobre el detentador de ese doble cargo consistente en ser “prelado del Opus Dei” —una prelatura personal, la única existente— y simultáneamente “presidente de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz”, una asociación de clérigos. A lo que no da su aprobación —me parece que esa es la moraleja— es a que monseñor Echevarría o un sucesor suyo renuncie a su doble cargo. Esto de comparar al jefe del Opus Dei con el Romano Pontífice me recuerda a la serie televisiva “Aquí no hay quien viva” y su sucesora “La que se avecina”, en la que el presidente de una comunidad de vecinos toma como referente de su cargo al presidente de los Estados Unidos, Obama. Su esposa se considera la “primera dama” de la comunidad vecinal, etc. Entre el oficio papal y el de “padre” en del Opus Dei media un abismo cualitativo y cuantitativo...



       Cuando yo era joven no estaba previsto que los obispos se jubilasen. Ahora se ha establecido para ellos como edad de jubilación los setenta y cinco años. Los cardenales ya no pueden participar en el cónclave a partir de los ochenta. Otra novedad. Es cada vez más frecuente que los reyes por razones de edad abdiquen. Así lo ha hecho recientemente la reina Beatriz de Holanda, tal como hicieron su madre Juliana y su abuela Guillermina. También por razones de edad abdicó Calos I de España y V de Alemania. En el caso de los reyes y papas suele distinguirse entre las renuncias forzadas y las voluntarias. El padre de Balduino de Bélgica hubo de abdicar en razón del papelón que desempeñó durante la segunda guerra mundial. El papa Gregorio XII se vio obligado a dimitir para poner fin al cisma de Occidente. En el caso de Benedicto XVI la renuncia se produce pura y simplemente por razones de edad, sin verse forzado a ello por circunstancias extraordinarias. El deterioro que produce la edad no es un acontecimiento extraordinario. La senilidad es una degradación psíquica y física producida de modo natural.

         Benedicto XVI ha dado a conocer su proyecto de futuro. Vivirá en el Estado de la ciudad del Vaticano en aislamiento y retiro. Se dedicará, entre otras cosas, a escribir. Era y es teólogo y hombre de letras. Continuará con algo que ya hacía antes de ser papa y antes de ocupar cargo alguno en la curia romana. No me imagino, en cambio, a Echevarría haciendo lo que hacía antes de ser prelado del Opus Dei y Presidente General de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz. Desde muy jovencito se instaló en Villa Tevere y allí fue medrando poco a poco. Lo recuerdo cuando ya era un personajillo con mando en aquella casa. Lo percibíamos algo así como un delfín. Era previsible que sucediese a don Álvaro, como de hecho ocurrió. Instalado en el mando supremo, tras ocurrírsele y poner en marcha lo de 500 vocaciones al año, le dijo al consiliario de España medio en serio medio en broma:

          — Como no lo consigas, te decapito.

Ni lo consiguió, ni lo decapitó. Por supuesto no se trataba de tomar las cosas al pie de la letra. Me refiero a la grosería que supone decir al consiliario de España —o al consiliario de la más pequeña de las regiones— semejante impertinencia. Mejor hubiese dicho:

— Si no lo consigues, abandono el cargo. Me considero decapitado.

Me recuerda a Carlos II de España. Era enclenque, enfermizo,“hechizado” y un perfecto inútil. No obstante, fue educado desde la infancia para ser rey. Adoptaba con toda naturalidad y como algo propio aires de supremacía. En eso me recuerda mucho al fundador que no sabía tratar a las personas —especialmente a sus “hijos”—, sino en un plano de superioridad. Y el que no aceptaba esa superioridad, a tomar vientos. Siempre procuraba humillar y vejar, a veces en público, viniese o no a cuento a ver si la humillación o la vejación eran aceptadas por el “hijo”.

No existe ningún peligro de que las cartas encíclicas de Ratzinger sean consideradas propiedad intelectual de su heredero o herederos —probablemente su hermano—, ni que éstos las vendan por unos millones a una editorial constituida en sociedad anónima. En el caso de las encíclicas y de otros actos pontificios queda claro que nos encontramos ante documentos oficiales redactados en el ejercicio de sus atribuciones como papa. No son escritos susceptibles de apropiación mercantil. En el caso de las cartas del fundador no sucede lo mismo, a tenor de la reciente sentencia de un juzgado de lo mercantil de Madrid.

Comprendo el interés del Opus Dei en que sus “experiencias sobre el modo de llevar charlas fraternas” y otros muchos escritos —a los que sus dirigentes deben acomodar su actuación— no se divulguen, pues se han revelado como contrarios a Derecho y a las buenas costumbres. Gracias a su publicación en Opuslibros se levantó la liebre. El Opus Dei aparece en varias listas oficiales y oficiosas clasificado como secta. Y es comprensible que deseen “pasar ocultos” y que sus modos de proceder no sean conocidos. Esos documentos no desatan intereses económicos mercantiles, sino el interés que revisten las sociedades secretas, máxime si aparecen en las listas sobre sectas.

¿Qué hacer con un prelado del Opus Dei cesado? Resultaría difícil encontrarle acomodación, porque es muy difícil distinguir la actividad desempeñada en el ejercicio de su cargo y la desempeñada con carácter no oficial. Imaginaos que le dé por reclamar la propiedad de sus cartas escritas en calidad de “padre”, alegando derechos de propiedad sobre ellas.

Escrivá instauró un régimen personalista. Quería ser designado y se le designaba con el apelativo de “padre” —hasta ahí, menos mal—; pero de ahí pasaba a que su hermana Carmen y su hermano Santiago eran designados con el nombre de “tíos”. Y Tía Carmen acudía al cine a Villa Tevere, donde sus “sobrinos” asistían con ella y con “el padre” a visionar películas. ¡Que cosa más natural! Como somos una familia… Es corriente llamar al sucesor de Pedro “Santo Padre” o bien “papa”, que también significa padre. Es usual en algunos países llamar al sacerdote “padre” o “padrecito”, pero a sus hermanos y hermanas no se los llama tíos y tías. Esta terminología es muy significativa de que con la palabra “padre” no se designa a un cargo, sino a una persona. El resultado fue un régimen personalista.

El Opus Dei se edificó sobre el prestigio personal de su fundador. Tenía revelaciones divinas. Dios le había comunicado sus designios sobre la humanidad y sobre la propia Iglesia. El mundo y la Iglesia misma tienen al parecer que opusdeizarse. Leíamos hace poco en Opuslibros la opinión de un militante de la prelatura que proclamaba con gran convicción que lo que menos le importaba del Opus Dei era su configuración jurídica como pía unión, instituto secular, prelatura o cualquier otra cosa. Es mentalidad muy extendida dentro del Opus Dei. Lo del cargo es lo de menos, puro ropaje exterior. Como si hay que vestirse de lagarterana. Lo importante es la persona que lleva el traje.

Imaginaos a un “ex padre” que redacta y divulga una carta a la que para mayor solemnidad adorna con una incipit en latín, por ejemplo Evolutio Operis. ¿Sería considerada una carta oficial? Si la atendibilidad de esa carta se basase en el cargo, carecería de valor alguno. Si se basase en el prestigio personal del autor sería muy atendible. Primar el prestigio personal sobre el cargo o viceversa origina muy distintas consecuencias y modo de entender las cosas.

Ni los estatutos de 1950 (Cfr. n. 341), ni los de 1982 (Cfr. n. 134) contemplan la posibilidad de que “el padre” renuncie al cargo. Se prevé, en cambio, que cese en sus funciones si el consejo le asigna a petición propia —o en contra de su parecer incluso— un “vicepresidente” (un “vicario auxiliar” en terminología de los estatutos de 1982). En ambos casos conservaría el título de “padre”; pero despojado de sus funciones. Hasta ahora nunca ha sucedido. La solución prevista para el caso de un “padre” valetudinario es la de la asignación de un vice; no la de renuncia. Se prevé esa misma solución en caso de mala conducta.

Recuerdo al fundador expresando esa posibilidad con estas palabras:

—Si resultase que el padre “non è molto spirituale”.

El eufemismo “non è molto spirituale” viene a significar llevar una conducta desordenada. En esta solución se vuelve a percibir personalismo, independientemente de otras valoraciones que pueden hacerse. Lo importante en el que ocupa un cargo no es el cargo que ocupa, sino su conducta. El fundador nos enseñaba a amar mucho el cargo de romano pontífice y simultáneamente a despreciar mucho a cada uno de los romanos pontífices. De Pío XII decía: “Que Dios le haya perdonado” y contaba de él anécdotas negativas. De Juabn XXIII, tres cuartos de los mismo. Lo calificaba de bobalicón. De Pablio VI, mejor no hablar, porque lo tenía entre ceja y ceja. Esos sí: omnes cum Petro ad Iesum per Maríam!

Me vienen a la cabeza Hugo Chávez, el de Venezuela, y el rey Juan Carlos de España. A los seguidores de Hugo Chávez les importa poco que no haya tomado posesión del cargo ni esté en condiciones de tomarla. Son consideradas formalidades sin importancia. Lo importante es su persona. De Juan Carlos algunos dicen: “no soy monárquico, pero sí juancarlista”. Es decir, no respetan su cargo; pero si su trayectoria y papel en la reciente Historia de España.

Veo oscuro el futuro del Opus Dei en razón de ese planteamiento personalista de la figura de “el padre”. Don Álvaro en sus encuentros públicos inclinaba al bostezo. El actual padre reduce esos encuentros —se les suele llamar tertulias— al mínimo. Parece no tener nada que decir. No fue entrenado para ello, sino para estar calladito.

Gervasio




Publicado el Lunes, 25 febrero 2013



 
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