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 Tus escritos: Espíritu de pobreza, Pobreza de Espíritu y Pobreza Espiritual.- Sancho1964

090. Espiritualidad y ascética
sancho1964 :

Espíritu de pobreza, Pobreza de Espíritu y Pobreza Espiritual
Sancho1964, 3 de marzo de 2014

Hace algunos días platicaba largamente con un buen amigo que siempre ha estado muy cerca de los Legionarios de Cristo; nos preguntábamos cuál sería la razón por la cual estas dos instituciones (iba a decir empresas… ¡Perdón!) –Legionarios y Opus Dei-, habían tenido tanto éxito entre la clase alta en todos los lugares en donde se instalaran. Desde luego que ésta es solo parte de la posible explicación, pero a nosotros nos pareció interesante el punto de vista.

Hablaré del Opus Dei, que es lo que conozco.

La ciudad en donde vivo es considerada, por lo menos hasta hace poco, una ciudad especialmente católica. A pesar de que la masonería estaba enquistada en el gobierno, la sociedad era profundamente practicante y con mártires en su historia. Hace aproximadamente 50 años llegó el Opus Dei; parece ser que llegaron muy bien recomendados y se dirigieron directamente a esas familias “bien nacidas” -¡y bien acomodadas…!-. Unos sacerdotes bien vestidos y unos seglares comprometidos -“leidos y escribidos”- entraron sin ninguna dificultad en esa sociedad ejemplar: ¡Como cuchillos en mantequilla!...



¿Cuál es la razón de que sea tan atractiva esta institución entre las clases altas? Pareciera ser que algo del éxito es hacer compatible la fuerte exigencia por la pobreza en el Evangelio, con solo tener “espíritu de pobreza”, es decir, ser pobres de espíritu”. Me explico: que sólo el espíritu sea el pobre.

Recuerdo que cuando yo tenía 14 años e iba por el centro de sr; me parecía muy atractivo ser numerario y terminé deseándolo tanto que escribí la carta. Pero ¿qué era lo atractivo de esa vida que observaba en los miembros numerarios del Opus Dei? Ahora lo veo claro; no descarto la recta decisión de servir a Dios y entregarle mi vida entera, pero: ¿Servir a Dios y entregar la vida así…? Pienso que a pesar de mi buena intención y disposición, mis sentimientos estaban contaminados por la expectativa de una vida fácil, sin sobresaltos, sin necesidades… (¡Una vida fuera de este mundo!).

Lo que yo deseaba -quizás subconscientemente, siendo yo un niño- era esa vida cómoda que veía en los numerarios. El centro al que yo iba -y en donde viví apenas teniendo 15 años-, era una gran casona donada a la Obra por una familia muy generosa a la que le sobraban propiedades… (¿?): Jardines, alberca, salones, gran oratorio, recamaras individuales, administración de guantes blancos, fiestas “A” con comida exquisita y vinos finos (antes de la gran prohibición). Tomar 3 semanas de vacaciones-curso anual en fastuosa hacienda y -no podía faltar- otra semana de retiro espiritual en otra espectacular casa de retiros, eso sí, muy sencilla... (Y en estas casas de retiro se esmeraban aún más nuestras hermanas con una comida exquisita… Ahora aprovecho para agradecerles a todas ellas, de todo corazón, tantos años en que me sirvieron sin que yo las conociera. De verdad, ¡Gracias!)

Por supuesto que desde el primer momento aprendí a vivir una pobreza exigente de muchas maneras.: (Mmmmm… (….. pensando…)). Créanme que me cuesta trabajo recordar situaciones de “pobreza real”: posiblemente sería el no comer postre los sábados…; o comer crespillos no sé qué día; ¿dormir en el suelo un día a la semana?; ¿o sería sólo poder usar la alberca los fines de semana por indicación del director?(¡!); ¿hacer la cuenta de gastos…?; posiblemente sería tener que hacer caja,  pero no, porque al final no me hacía falta nada.

Y así fue después en el centro de estudios, y el siguiente centro y el siguiente… Todas esas casas con áreas deportivas, servicios de administración y buenos vinos… (No sé por qué se me viene a la mente los vinos… ¿será que hasta que fuide la obra los tomé?).

Vivir nuestra pobreza era tan sencillo como lograr no estar apegados a todas esas comodidades que nunca imaginé vivir y que nadie más tenía. La pobreza más costosa era cuando nuestros padres nos regalaban algo que posiblemente deseábamos, pero finalmente no lo necesitábamos realmente (y desapegarnos a eso que nunca tuvimos no era especialmente difícil). Posiblemente lo que más me desagradaba de ese tipo de pobreza era que alguien me tuviera que acompañar a comprar ropa, pero al final de cuentas comprábamos lo que necesitábamos.

Pobreza real la viví en mi familia antes de ser de la Obra: era el penúltimo de muchos hijos y mi padre murió cuando yo tenía solo 8 años. Puedo decir que mi madre se las ingenió para que nunca nos faltara nada, pero nunca nos sobró nada. Jamás  tuve tantas cosas materiales hasta que me acerqué al Opus Dei. Pobreza real la he vivido después de ser numerario, pero no en esos años de lujo.

¿Y los supernumerarios…? Existen simples supernumerarios y supernumerarios de primer nivel. Estos supernumerarios se distinguen porque tienen mucho dinero, pertenecen a consejos de colegios y universidades; son promotores de templos para el santo; donadores de terrenos para casas de retiro y en ocasiones son embajadores de la Obra ente los obispos e instancias de la Iglesia. Se distinguen por ser muy fieles al espíritu del fundador y son invitados con frecuencia a las casas de la delegación y comisión. Se presentan como el paradigma del miembro del Opus Dei. Tengo la teoría de que los directores piensan que son muy fieles al espíritu del Opus Dei justamente porque tienen esas cuentas en el banco. No investigan mucho -ni lo quieren hacer- el cómo lo han logrado: tener todo eso es señal de que han hecho bien su trabajo, es decir, que lo han santificado: no hacen falta más preguntas. (Desde luego que son mucho más numerosos los simples supernumerarios que los de primer nivel, pero ya quisiera la institución que no hubiera pobres entre sus filas y que todos fueran de primer nivel... Es un poco desprestigiante en una institución en la que el meollo es “santificar el trabajo”).

Desde luego que no estoy en contra de que un buen cristiano tenga una buena empresa, buena casa, buen auto, tome vinos buenos y posiblemente tenga una casa en la playa con un yate (por supuesto que pequeño para no escandalizar…) y otra en la montaña... Y claro, un crucero al año (por las islas griegas, o las que sean... Total, hay suficiente islas para variar cada año). El avión es obligado, ya que por motivos de trabajo es necesario viajar 3 veces por semana…Conozco supernumerarios así.

Pero el problema viene cuando la preocupación por la pobreza de sus trabajadores– ¡y del mundo!-, se afronta organizándoles pláticas mensuales y cursos de mejora profesional, o dándoles una plática en semana santa y realicen una pastorela en navidad con rifa de regalos. Piensan que ya están siendo heroicos pagando -según ellos- mejores sueldos que los que pagan aquellos empresarios que no son tan buenos cristianos… Me consta, realmente me consta, como en algunos casos abusan de sus proveedores sin ninguna piedad ni cargo de conciencia con tal de sacar adelante sus negocios, pero esto no parece ser tema de la charla fraterna. Pareciera que el tema de la Doctrina Social de la Iglesia es para estudiarla como algo anecdótico del siglo pasado, que nunca es vinculante y se aplicara solo a los gobiernos, pero no a ellos, que sí saben cómo santificar el trabajo… Y terminan apagando su conciencia yendo unos días al año, en familia, a dar catecismo y repartir cobijas a familias pobres en algún pueblo de la montaña y reconstruirles su capilla… (Eso sí, van en sus grandes camionetas, sus tiendas, baño portátil, buena comida…). Esa pobreza no me convence.

Recuerdo que algún director, para que aprendiera cómo se debe vivir la pobreza en el Opus Dei, me ponía de ejemplo a un supernumerario de esos que tienen avión privado: este señor -me comentaban en tono de confidencia- tenía la gran delicadeza y la gran humildad de consultar en la charla fraterna si podía comprarse una camisa nueva… (Aquí añado yo: Perfecto ejemplo de pobreza al estilo Opus Dei: Claro está, este director pasaba por alto que esa camisa la compraría en el extranjero, en un viaje de negocios en el que utilizaría su avión privado y que aprovecharía -¿por qué no?- para llevar a su familia y estar una semana extra para esquiar –¡todos necesitan un descanso…!- y, finalmente, aprovechar para comprar un sinnúmero de artículos para la familia –como el yate-, que por supuesto no consultaba porque no eran solo para él, o simplemente porque era una “prestación” de la empresa…).

Eso sí, son muy buenos cristianos porque van a Misa todos los días, rezan el rosario y van a su círculo semanal (claro, con otros buenos amigos que también tienen casa en la playa y son tan buenos cristianos como ellos y se confiesan, igual que ellos, de que no rezaron el Salmo II el martes con el rosario en la mano…).

Conozco muchos supernumerarios y tengo muy buenos amigos entre ellos. Algunos son muy ricos y otros sufren cada mes para pagar sus cuentas. Me atrevo a decir (es mucho atrevimiento, lo sé, pero también es algo que se nota) que los segundos están más cerca de Dios que los primeros, a pesar de que rezan lo mismo y están muy, pero muy cerca de los directores locales y nacionales, cuentan con fama de santidad e influyen mucho en la sociedad… (Pero influyen en la sociedad por sus millones y no porque sean conocidos por su bondad o caridad. Sé que habrá muchas excepciones, pero es mi experiencia y percepción de la realidad).

En mis años de numerario me explicaron claramente que la recristianización solo podría venir de “arriba hacia abajo”, ya que las tendencias mundiales no las marcan las masas de pobres, sino las clases dirigentes ya sea por su cultura o por su riqueza. Ahora veo claro que el cristianismo no es así: Jesús no actuó así (Y ahora yo me pregunto cómo me presentaron al cristianismo como tendencia…).

Por otro lado yo veo las empresas (y algunas muy grandes empresas) de conocidos míos que pertenecen al Opus Dei, y me pregunto ¿en qué manera esos grandes empresarios han influido, o quisieran influir, para la recristianización del mundo? Me pregunto si influir desde arriba es más eficiente que desde abajo (Hay quienes eligen el camino contrario, como las Hermanas de la Caridad y tantos otros, como Jesús de Nazaret…).

Esto es un dato real y comprobable, porque a muchos los conozco de cerca. Esos grandes empresarios ni siquiera han influido de manera positiva en sus propios empleados: conozco a personas que trabajan en esas empresas y no notan absolutamente ninguna diferencia con otras empresas “no cristianas” en donde han trabajado; al contrario, notan un ambiente cerrado, obsesivo y discriminatorio. Más aún, ni siquiera estos empresarios han influido de manera ejemplar en sus propios hijos: conozco algunas familias, padres supernumerarios millonarios, en la que los hijos están alejados por motivos de dinero, con familias desintegradas y desde luego -y no pretendo juzgar a las personas, solo es dato empírico- no son ejemplo notorio de vida cristiana o al menos no son ejemplo de ser “hogares luminosos y alegres”.

Aún más, conozco personas que trabajan o han trabajado en la universidad del Opus Dei (“que no es del Opus Dei”), y se sorprenden y lamentan del ambiente pesado, de las intrigas palaciegas, de los cotos de poder, despidos injustificados y, para acabar, la falta de profesionalismo que las invade. Desde luego que no se puede decir que sean espacios en donde se vive o procura vivir -o al menos que se facilitara- un ambiente verdaderamente cristiano. Conocí en el último mes a tres jóvenes que decidieron cambiar de universidad, decepcionados y asqueados del ambiente, después de solo un semestre de estudiar ahí. Pareciera que definitivamente alrededor de ellos no se respira ese “Bonus Odor Christi” que tanto predican.

Todos mis conocidos, todos, que no están dentro del círculo del Opus Dei tienen una mala percepción o referencias de la Obra; luego entonces: ¿En dónde está su influencia positiva en la sociedad? ¿No será que su influencia es solamente hacia arriba, hacia donde les interesa para su permanencia y no hacia abajo, de donde no reciben nada? Ahora recuerdo, platicando con un director regional no hace mucho tiempo, al comentarle la mala fama que tiene el Opus Dei en todos los ambientes que me muevo (menos del ambiente Opus, por supuesto), no solo no me creyó, sino que no le importó un comino el tema. ¿No será que su preocupación, su influencia, es solo entre ellos mismos y los pocos que, sin referencias, se acercan a ellos…?

¿En dónde está ese influir en la sociedad desde dentro? ¿En dónde está esa recristianización desde arriba hacia abajo…? ¿Cómo sustentar esa preocupación por llegar a los mejores?

Me da la impresión de que todas las actividades con los necesitados, así sean visitas a pobres o escuelas en África, las hacen “por el qué dirán” y porque son“políticamente correctas”, pero en esas actividades se sienten como “pulpos en garaje”; no las quieren ni les queda… En donde se sienten verdaderamente cómodos -y lo presumen- son en sus prestigiosas escuelas de negocios, en sus colegios pulcros o esas iglesias dedicadas a su fundador de arquitectos de renombre, en las mejores zonas de la ciudad. Y se sienten orgullosos porque el obispo fulano ha develado una imagen del santo en tal catedral.  Por no decir lo orgullosos que se sienten por esa nueva casa central de la que no entiendo cómo no se avergüenzan (y de la cual algo ya he escrito en opuslibros). Pero lo que no he visto en mi vida es una sotana enlodada del vicario o los zapatos de los directores por haber visitado un barrio pobre.

Este “cristianismo” sí que es atractivo entre los que tienen puesto su corazón en las riquezas; esa pobreza es muy deseable y llevadera. La Iglesia se ha pronunciado en más de una ocasión sugiriendo una “opción preferencial por los pobres”. Podríamos decir sin lugar a dudas que existe en esta institución una “opción preferencial por los ricos”, lo cual yo traduzco: “opción preferencial por su dinero”.

No puedo dejar de comentar un caso reciente. Un numerario –buen amigo- de más de 50 años, que por dedicar gran parte de su juventud a la obra y a vivir aquí y allá apoyando la labor en ciudades de medio nivel, no tuvo oportunidad de desarrollar su profesión lo necesario para destacar. A pesar de que trabaja en una universidad de la prelatura, no le alcanza para completar los gastos del centro ya que necesita ayudar a sus padres ancianos. Le piden que deje el centro por deficitario. Encuentra un lugar discreto en donde vivir y después de un tiempo lo corren de su trabajo (¡y lo corren sus propios hermanos!) por una verdadera estupidez sin tentarse el corazón... ¿lo tienen? ¡Ni tocarse la inteligencia! ¿la tienen? (Poca, ya que en esa universidad lo que precisamente falta son numerarios que aporten por lo menos algo de ambiente cristiano). Y yo me pregunto: ¿Cómo es posible que a los directores, ante un numerario mayor que resulta deficitario por entregar su vida a la institución, se enfoquen más en el dinero que en la persona? ¡Prefieren perder un numerario que unos cuantos pesos! No tienen un gramo de inteligencia ni de justicia para ver lo que vale una vida entregada ¡Patético!

Vivir la pobreza es un tema y un reto que cada quien deberá afrontar de la mejor manera que pueda, pero que no me digan que en esta institución se vive algún tipo de pobreza, ya que a los pobres ¡los corren!

No conozco a una madre que corra de su casa a un hijo porque no tiene dinero, pero conozco a una madre guapa que sí lo hace… Se me ocurre pensar si pudiera existir un esposo que corre a su esposa del hogar -después de 35 años de casados y de que los hijos se han marchado-, porque no logra ser exitosa en su profesión, la cual no pudo ejercer por atender el hogar y los hijos, y es deficitaria ya que no aporta “suficiente” dinero a la casa.

Tan el dinero es esencial y primordial en esta institución que se habla del Apostolado de no dar. Estoy seguro que muchas instituciones de la Iglesia no regalan el dinero, pero de eso a aclarar que no se obsequia nada… Recuerdo cuando yo era apenas un niño y ya vivía en el centro, en ocasiones invitábamos a algunos amigos a comer y… ¡se les cobraba la comida! Nos recordaban que éramos pobres, por eso este tipo de apostolado… Todo un ambiente de familia en esta familia que tiene una madre guapa, pero muy tacaña. No puedo pensar en un padre de familia, común y corriente, que cobre  una cuota a los amigos que lleven los hijos.

Tan es esencial y primordial el dinero que no puedo concebir que la comisión regional de este país supriman, por falta de dinero, un solo día del año doncella de guantes blancos y postre en charola de plata: primero corren a los numerarios deficitarios, cierran centros, recortan la ayuda a las familias de algunos numerarios y/o realizan una campaña financieras, antes de que al vicario y séquito les falte algo que en verdad les duela.

Creo que es significativo que después de los entonces consiliarios en este país, Pedro Casciaro y Rafael Fiol, (ambos españoles), el relevo lo tomó el ahora Mons. Francisco Ugarte Corcuera, de apellidos harto conocidos entre la “alta nobleza mexicana”. No dudo que tenga dotes para estar en ese puesto, pero lo que me parece más interesante es que esa clase de personas se mueven como pez en el agua entre los de su clase, entre la clase gobernante y, desde luego que entre la jerarquía de la Iglesia. Desde luego que me hace pensar que al momento de buscar un candidato para ese puesto se busque ante todo las relaciones hacia arriba... Mas me hace pensar el dato de que el dirigente de los Legionario hasta hace poco, ha sido un mexicano, Álvaro Corcuera Martínez, ¡su primo…! Por algo será. Hay un dicho en estas tierras: “En política, la forma es fondo”.

Nuestra conclusión fue, después de sesudas discusiones, que esa forma de pobreza que predica el Opus Dei no existe; esa “pobreza de espíritu” y “pobreza de desprendimiento” enseñada y llevada a la manera del Opus Dei-en la que no falta nada ni se privan de nada necesario-, simple y sencillamente no es pobreza, es solo simulación de pobreza (estoy seguro que otras instituciones de la Iglesia entienden y viven esa “pobreza de espíritu” de alguna manera que sí es pobreza evangélicay como la entiende la Iglesia que fundó Jesús)

Me pregunto ¿cómo se mide, cómo se demuestra, como se justifica, cómo se comprueba el desapego de los bienes de la tierra cuando se usan todos los días sin temor a perderlos? Es muy fácil decir que se está desprendidos de todo y que se está dispuestos a dejarlo en cualquier momento, cuando en el fondo saben que no se lo pedirán, y seguros de que si “son fieles”, nunca les faltará nada… (en este sentido, ordenarse sacerdote de la prelatura es sacarse la lotería…)

Recuerdo que me explicaban en el Opus Dei que Jesús tenía una túnica inconsútil, y de aquí se pasaban a que no es malo tener cosas materiales buenas y finas, el reto era simplemente no estar apegados a ellas. Desde luego nunca profundizaron ni se referían aaquello que dice: “…el Hijo del Hombre no tiene en dónde reclinar la cabeza”.

Creo yo que para llegar a tener esa ceguera y no poder ver esta falta de coherencia y caridad, no solamente han esquivado el tema de la pobreza material, sino el famoso espíritu de pobreza para caerde plano en la pobreza espiritual.

Ya entiendo mejor aquello de que “…es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja…”

Pensamientos de un día cualquiera.

Saludos a todos, Sancho1964

PS: Pido una disculpa; comencé pensando que llenaría con trabajos una cuartilla y ya no sé cuántas van… Creo que me emocioné.




Publicado el Lunes, 03 marzo 2014



 
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