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 Tus escritos: Cambiar de vida después de 30 años, parecía una locura.- Laotra_orilla

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laotra_orilla :

Cambiar de estilo de vida después de 30 años, parecía una locura
La otra orilla, 31/03/2014

Hace unos días tuve la oportunidad de charlar con un viejo amigo que fue de la obra por más de 30 años, la verdad él y yo estuvimos casi lo mismo, he de decir que yo más. Me comentó que hacía unos meses había estado hablando con un numerario contemporáneo nuestro que se estaba pensando muy seriamente dejar la obra a los 58 años pero que estaba muy confuso. Mi amigo le escribió un par de cartas contando su experiencia y proceso que me entregó con el ánimo de publicarlas en Opuslibros. Ahora lo hago prescindiendo de cualquier referencia personal por aquello del “anonimato”, pues hace unos días me enteré que hay numerarios y agregados encargados de leernos en  aquí y dar su impresión a los directores. Son las “otras orejas de turno”.

Cumplo con la misión encomendada y procedo a poner las cartas de mi amigo, espero os sirvan. Sé que hubieran venido muy bien antes del 19 de marzo pero nunca es tarde...



Querido X: En los años que estuve como director en la Comisión Regional, descubrí aspectos que me inquietaron seriamente. Contradicciones de hechos históricos, simulaciones e incongruencias entre lo que leía y lo que veía, entre lo que oía y predicaba y lo que vivía. Mi conciencia me decía algo diferente a lo que tenía que decir porque así estaba mandado. Por unos 15 años después de estar en la cr estuve tratando de explicarme lo que había aprendido y visto; reubiqué vivencias y justifiqué posturas inexplicables. En una visita de D. Joaquín Alonso a la región, le pedí que me sacara de la cr porque me estaba haciendo daño (ahí viví el desvirginare como el padre cuando llegó a Roma), y me hizo caso! 5 años después le pedí al cs que me permitiera trabajar profesionalmente y no más de cargos internos. Y me hizo caso a medias 5 años después, y muy a fuerzas. Estaba saturado del Opus Dei y de cargos internos en cl, dl, cr. Muchas veces pensé que no estaba entregado ni a Dios ni a la Iglesia, mi vida estaba entregada al Opus Dei y a lo que el director dispusiera; sin embargo, con tantos encargos y normas y actividades y charlas fraternas, no tenía tiempo ni paz para reflexionar y dimensionar lo que hacía.

En noviembre del 82 aparece la PRELATURA que fue definitiva para aclarar mis inquietudes: no tengo más vocación que la que tiene cualquier bautizado que está llamado a ser santo por el bautismo, es decir, igual que 1200 millones de católicos. Nada me distinguía de mis hermanos, vecinos y conocidos, ni ante Dios, ni ante la Iglesia ni ante los demás, excepto que yo tengo acceso a medios de formación más puntuales pero con un costo muy alto: no pensar diferente, no cuestionar, no vivir mi propia vida, renunciar a una familia, y “obedecer o marcharte”. Mi frustración creció junto con una sensación de entrega estéril a algo en lo cual yo dudaba a pesar de mis más de 20 años en cargos internos. Los años de “formador” los viví con el mejor deseo de servir a Dios, dando buen ejemplo y haciendo lo que me pedían. Pero, a partir de 1988, después de leer 2 libros sobre Prelaturas personales, me convertí en numerario cuestionador e incómodo. Tuve 2 o 3 desencuentros con el cs que terminó diciéndome que me faltaba fe, humildad y visión sobrenatural, y era cierto, probablemente. Por fin en el curso anual del 94, con el cs, tuve una bendita controversia por la corbata que no la llevaba puesta y además, por ser director, por no llevar puesta la chaqueta en la Misa, tenía que dar ejemplo. Según el cs esa era la voluntad de Dios para mí en ese curso anual: usar la corbata y la chaqueta. Yo pensé y se lo dije, que Dios andaba ocupado por China, por la India, por la pobreza en África, por los narcotraficantes y la trata de personas, qué le importaba si yo me ponía o no la chaqueta para la Misa? Bendita gota que derramó el vaso, y en 2 días se armó el rompecabezas. Me puse la chaqueta y ahí tomé la decisión de irme al terminar el curso anual. 

Claro que tenía miedo. Cambiar de estilo de vida después de 30 años, parecía una locura. Me aconsejaron “vive tu vida”, “acomódate”, pero yo no pude hacerlo. Pedí dispensa de “vida de familia” y me fui para respirar aire limpio, para descontaminarme, para desintoxicarme mental, emocional y… espiritualmente. Después de un ultimátum y bastante cabreado, me conceden la dispensa y esa misma noche me fui a un piso que había conseguido a dormir en el suelo. 

20 años después no me he vuelto a pararme en un centro del Opus Dei. Al piso vinieron numerarios y sacerdotes pero no quise asistir a nada ni dialogar NADA con nadie, con ningún director. Necesitaba cortar con todo para rehacer mi vida.  Bueno X, quizá ya te he enfadado con estas historias, la verdad nunca había escrito estas vivencias.  Si te interesa mañana le sigo, un abrazo.

En otra carta le escribe lo siguiente:

Querido X: pienso que te puede servir para ordenar tu mente que escribas los puntos que más te hacen ruido, a mí ese ejercicio me sirvió mucho. Te envío lo que escribí por los años 90 y conservo, hasta la fecha, en el forro de mi misal. Te los escribo en el orden en que los fui escribiendo, en medio de la crisis por la que estaba pasando:

1.- Escepticismo creciente sobre la sobrenaturalidad de la Obra y la autenticidad del Fundador. 2.- Harto, asfixiado, saturado de modos, reglamentos y normatividad a las que tenía que sujetarme. 3.- Ficticia y constante auto-alabanza institucional (soberbia colectiva) a diferencia de otros movimientos  apostólicos  4.- Saturado de tanto Opus Dei, de los escritos del fundador y de su grandiosidad. Lo descubría sintiéndose intérprete de una doctrina salvadora de la Iglesia, al mismo tiempo que dudaba de sus orígenes sobrenaturales y sus fines espirituales (recuerda que fui 8 años administrador y me cansé de estar organizando campañas económicas). Me empalagué del buen espíritu. 5.- La vida de familia, así llamada, cada vez más antinatural provocando desubicación humana, subdesarrollo profesional, rigidez en las formas del trato y en las costumbres de la vida familiar. 6.- De los directores, nula sensibilidad ante circunstancias individuales, lo que está dicho se cumple a rajatabla y cuidado con el dinero, la pureza y la vocación. El cansancio me llevó a la incomodidad y al espíritu crítico. Me volví cada vez más indiferente a las cosas de la Obra. 7.- Aversión creciente a todo lo repetitivo (o sea A TODO): cb, rtm, cfi, tertulias, canciones de casa… no me aportaban nada y cada vez me era mayor mi desinterés por todo eso. 8.- Me convertí en cuestionador (internamente boicoteador) y como todo lo ponía en duda, faltaba a la unidad, a la obediencia, a la fe, a la visión sobrenatural. 8.- El culto al fundador llegué a criticarlo en voz alta lo mismo que la doble moral que justificaba todo si así convenía. Me decían que era autosuficiencia, soberbia y mera visión humana. 9.- De pronto descubrí que era un numerario que iba por la libre casi sin darme cuenta. Me sorprendí y me sentí SOLO pero no me regresé. Un año después de irme, me casé (no fue nada fácil encontrar alguien que entendiera mi proceso), tengo hijos, paz, gran paz y muchas satisfacciones con un estilo de vida que no dejo de agradecerle a Dios. Durante la crisis, hubo 3-4 amigos que me “ubicaron” en la vida real y me animaron a no tener miedo a volver a empezar la vida casi a los 50 años. Que te digo: NO TENGAS MIEDO, DIOS ESTA CONTIGO DENTRO o FUERA DEL Opus Dei. Lo vas a descubrir y te vas a sorprender.

Un abrazo.




Publicado el Lunes, 31 marzo 2014



 
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