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010. Testimonios
UnaMas :

Dudas”: Intentaré responderte, tal y como lo pides: sin despecho, sin intentar juzgar a la institución o a las personas que estuvieron a mi alrededor, sin buscar culpables, sin juzgarme a mí misma. Voy a intentar omitir todo eso y simplemente compartirte mi experiencia.

Hace algunos días cumplí 18 años de haber pitado: recuerdo bien la fecha, el momento concreto, las circunstancias… Fue sin duda un día que marcó mi vida. Dejé el Opus Dei después de más de 13 años. No sé quién eres ni dónde vives, así es que no sé si nos conocemos, pero por lo menos sé que las fechas son similares y podemos haber vivido circunstancias semejantes.

En realidad no sé si entré al Opus Dei convencida de que mi vocación era para toda la vida. Tal vez no me lo pregunté. Pero sí sé que al paso de muy poco tiempo, tenía “comprada la idea”. Así es que no viví ese período de reflexión o discernimiento en los primeros años de mi vida como numeraria. Viví solamente ese “irme empapando” de todo lo que se trasmitía en los medios de formación (personales y colectivos) y en la vida en familia. Tomaba notas, intentaba no perderme aquellas tertulias donde alguna de las mayores venía a contarnos algo, me sentía privilegiada cuando alguna de aquellas “personalidades famosas” o alguna directora me daba el apartado no sé cuál o una clase o hablaba conmigo… Absorbía todo “como esponja”.

No hablaba mucho, pero siempre escuchaba. Hacía caso de aquello de la “sinceridad salvaje”, tanto en la dirección espiritual como en todas las cartas que escribí al Padre (no fueron pocas) a lo largo de los años.

A veces me parecía que tanto en la charla fraterna como al hablar con alguna directora (del centro, delegación o lo que fuera), descartaban aquellos temas que para mí eran más importantes y se centraban en otras cosas. Pero yo lo aceptaba tratando de ver también en eso la voluntad de Dios.

Dejé de preguntarme quién era yo, cómo era yo o qué quería y solamente me preguntaba cómo debía ser, qué se esperaba de mí, cómo podía ser una numeraria más entregada y más fiel.

En general era obediente y cumplida y pocas veces tuve disgustos con alguien de la casa o alguna directora.

¿Crisis? Hubo muchas, pero yo no les ponía el título de “crisis de vocación”. Eran crisis de la carrera, de salud, familiares, laborales, de personalidad. Pasaba una crisis y, unas veces más pronto que otras, venía la siguiente. Unas eran más fuertes que otras y las crisis de salud fueron, en mi caso, las más frecuentes. Siempre me preguntaba qué hacer diferente o cómo resistir, pero pensando en ser mejor numeraria y nada más. Tomé pastillas, fui a descansar a distintas casas de retiro, reduje las horas laborales, pedí largas vacaciones, cambié de trabajo, me levanté tarde, me fui a dormir temprano, pasé un tiempo fuera del centro, etc.

Hasta que un día me detuve y contemplé mi tristeza, mi falta de fuerzas, mis dolores de cabeza, mis ilusiones apagadas, mi personalidad en “stand-by”, mi indiferencia ante mi propia vida. Y entonces me atreví a plantearme la posibilidad de dejar el Opus Dei. Y supe que iba a dejarlo.

Fue así: un día, un momento. Visto hacia atrás sé que fue un proceso y que se dieron algunas circunstancias y hubo algunas personas que me ayudaron a llegar a ese punto. Pero ese momento fue de lo más íntimo de mi vida (no fue así de íntimo el momento en que pité): un momento frente a Dios, pero sobre todo frente a mí misma, con el corazón abierto, con la vida en mis manos y todas las posibilidades por delante. Fue, después de más de 13 años, el único momento de reflexión y discernimiento sobre mi opción de vida.

El proceso de salida duró todavía algunos meses y tuvo sus dificultades, pero lo viví con una serenidad que no había tenido en mucho tiempo.

Cuando vamos por la vida con demasiadas certezas (como me pasó a mí durante 13 años), nos estancamos, nos enfermamos, nos volvemos espectadores. Cuando despierto cada mañana, no pienso que tengo el cielo ganado por seguir siendo una fiel numeraria y cumplir con una serie de cosas. Pienso que tengo una oportunidad, un riesgo que correr, una búsqueda pendiente.

Los últimos años han sido duros, pero también han sido hermosos: un proceso de redescubrimiento, una etapa para derribar y reconstruir, muchos nuevos aprendizajes. No sé si encuentre o no una pareja o si viva sola el resto de mi vida. Pero sí sé que mi corazón ya no está solo porque he ido aprendiendo a compartir, a darme y recibir, y ha sido una experiencia sorprendente. He corrido más riesgos y he cometido más errores, he tomado decisiones que no han sido avaladas por nadie. Estoy viviendo.

Te deseo que tengas ese momento frente a ti, íntimo, en el que puedas hacerte cualquier pregunta y en el que quepan todas las respuestas. Y que con esa respuesta “tuya”, vivas tu vida… dondequiera que sea.

UnaMás




Publicado el Viernes, 11 abril 2014



 
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