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 Tus escritos: Más encuentros al atardecer.- Maripaz

077. Numerarias auxiliares
Maripaz :

Hola, en primer lugar dar las gracias a Amandus y a Hormiguita por sus entrañables palabras. 

Amandus, yo también de vez en cuando busco con nombre y apellidos en Facebook o Google a alguna de mis antiguas compañeras, e incluso a numerarios a los que atendí en numerosas ocasiones. Suelo hacerlo por curiosidad y porque guardo incluso bonitos recuerdos de esas personas. No hace mucho descubrí en Facebook a un numerario al que recuerdo estudiando la carrera, muy joven, y que ahora es todo un catedrático y le llaman de usted con mucha reverencia. Lo curioso es que me pidió él estar en mis contactos, y yo le acepté sin reconocerle, pensando que era amigo de otro amigo mío. Por supuesto ha cambiado mucho, pero cuando me fijé bien, pude darme cuenta de quién era perfectamente y me hizo ilusión. Él sigue dentro. Yo, hace diecisiete años que me fui. De alguna manera pude colaborar desde la Administración en sus necesidades más primarias y elementales para que pudiera llegar a donde ha llegado... jejeje. ¡Si entonces era un crío!

También he sufrido algún que otro desengaño con gente que se ha ido o que siguen dentro...



Respecto a tu deseo, Hormiguita, de que te gustaría leer alguna novela escrita por mi algún día, solo me queda reírme un poco de mi misma, pues aunque si soy bastante "novelera" es bien distinto de ser escritora de novelas... jajaja.

La verdad que con mi blog voy haciendo prácticas, y dedico algún rato a aprender a escribir, pues me encanta.

Eso sí, me uno a tu experiencia de que lo mejor es no volver a pisar donde uno no se siente bien, e incluso el cuerpo de alguna manera tiende a huir y se pone en guardia.

La verdad que yo lo he tenido muy fácil, porque vivo en un pueblo donde al principio de mi llegada y con un síndrome de Estocolmo que no me dejaba ser yo misma, me uní a un grupo de supernumerarios porque me encontraba perdida. Luego vino el proceso de ir reconstruyendo mi ser y los abandoné sin ningún miramiento. Todos han ido falleciendo y ya no tengo contacto con personas de la obra. Es más, no me acuerdo de ellos para nada...

Es aquí, en concreto en Pamplona, donde casi siempre te encuentras con alguien que conoces de los cursos anuales - yo era de la Delegación de Sevilla- y que bajan la cabeza para disimular que no te han visto.

Aunque en honor a la verdad, no todas tienen esa actitud. Conozco a una auxiliar de mirada clara- tiene los ojos azules- a la que por circunstancias suelo ver por el pueblo y que me habla con total naturalidad.

Después de haberos contado mi angustia de los encuentros del otro día, hoy quiero relataros que esta misma tarde al bajar del autobús, me he encontrado con esta auxiliar, la de la mirada clara, y otra compañera. Ella, me ha saludado con un abrazo, y la otra, con mirada huidiza, se ha quedado unos pasos atrás. Como me considero una persona natural y cariñosa, me he acercado a saludarla y se ha unido a nosotras. Entonces la auxiliar conocida, me la ha presentado con su nombre y apellidos y la he reconocido perfectamente, y se lo he dicho:

- Te conozco de algún curso anual.

-Ah, en que centro vives?

- Vive en su pueblo- le ha respondido la auxiliar conocida- sin apenas darme tiempo a contestarle.

En ese instante su mirada se ha cruzado con la mía con un poco de desconcierto.

Esta mujer lleva en la obra toda una vida. Quizá tenga setenta y cinco años y debió pitar muy jovencita. Se conserva bien, aunque sus manos le delatan. Las tiene envejecidas de tanto trabajar manualmente. Me escudriña de arriba abajo. Se fija en mi bolso, mis sandalias, mi indumentaria y hasta en mi pelo... Por cierto me han dado un corte el otro día horrible . Me han pelado como si estuviera haciendo la mili...

Yo, con enorme naturalidad la miro a los ojos y hacemos broma de mi corte de pelo.

Estamos un rato charlando de los planes que tengo para esa tarde y alguna cosa más, tan encantadas.

Quizá al principio sí me miro como con pena. Después, creo que ha captado la paz de mi interior, y hasta he podido percibir que me ha tenido un poco de envidia.

La he mirado con ternura. Me hubiera gustado preguntarle como se encuentra, si es feliz allá dentro. Noto un halo de tristeza en su rostro. Ella, mientras tanto, me sonríe tímidamente, pero con cariño. Nuestro encuentro se ha llenado de calidez, y no lo digo por los cuarenta grados de temperatura que marca el termómetro de la esquina.

Después, la otra auxiliar, la "conocida" muestra mucho interés en quedar conmigo. Y es de extrañar. A lo mejor ahora les interesa cambiar de actitud. Yo, me escabullo como puedo. De sobra sé que no dan puntada sin hilo... No me apetece nada irme con ellas.

Es precisamente aquí, donde al pasar por delante de la Clínica Universitaria, miro con bastante angustia la cuarta planta y recuerdo los meses debatiéndome entre la cordura y la locura, que pasé, junto con un grupo variado de personas tan rotas como yo misma. Y tengo pánico de cruzar el umbral y encontrarme de nuevo con aquellos angustiosos días en los que medicada al máximo sin poder comer, dormir, pensar... no vislumbraba en mi camino un poquito de esperanza.

Tan solo se me alivia el alma, cuando paso cerca de una cafetería donde mis queridos padres me llevaban todas las tardes cuando era la hora de visita, y vuelvo a recordar con enorme emoción, su generosidad y su amor impagables para conmigo.

Y es curioso, porque esto no me ha ocurrido en mis innumerables visitas a Sevilla, que es donde siempre viví, y de alguna manera mi historia está escrita por las esquinas. También me he encontrado con más de una conocida y compañera de fatigas, y no me ha afectado tanto.

No cabe duda de que el pasado nos acompañará siempre. Unas veces haciéndose el encontradizo y otras olvidado y escondido en lo más secreto.

De lo que sí tengo seguridad, es que yo, ahora, vivo mi presente con toda la plenitud de la que soy capaz, tratando de recuperar el tiempo perdido, aunque haya cosas irrecuperables.

Ahí está mi riqueza.

Un fuerte abrazo queridos amigos.

Maripaz.




Publicado el Miércoles, 01 julio 2015



 
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