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 Tus escritos: Dejà vù.- Haenobarbo

070. Costumbres y Praxis
Haenobarbo :

Dejà vù

 

 

5. Si la acusada de semejantes culpas que estas, fuere convencida, luego se postre, demandando piadosamente perdón y desnudas las espaldas, porque reciba sentencia digna de sus méritos con una disciplina, cuanto a la madre priora le pareciere. Y mandada levantar, vaya a la celda diputada para ella por la madre priora; y ninguna sea osada a juntarse a ella, ni hablarla, ni enviarla nada; porque conozca así ser estada y apartada del convento y ser privada de la compañía de los ángeles. Y en tanto que está en penitencia, no comulgue, ni sea asignada para algún oficio, ni le sea cometida alguna obediencia, ni la manden nada. Antes, del oficio que tenía sea privada, ni tenga voz ni lugar en capítulo, salvo en su acusación; sea la postrera de todas, hasta la plenaria y cumplida satisfacción. En refectorio no se siente con las otras; mas en medio del refectorio, vestida con el manto, se siente y sobre el suelo desnudo coma pan y agua, salvo si por misericordia alguna cosa le sea dada por mandado de la madre Priora. Ella se haya piadosamente con ella y la envíe alguna hermana para consuelo. Si en ella hubiere humildad de corazón, ayúdenla a su intención, a las cuales asimismo den favor y ayuda todo el convento. Y la madre priora no contradiga a hacer misericordia, presto o tarde, más o menos, según que el delito requiere.

                        Santa Teresa de Jesús, Constituciones Cap XVI de mas grave culpa

                                  

No es inútil para comprender lo que quiero expresar la transcripción del texto de las Constituciones teresianas que he querido poner como introducción a este comentario.  Intencionalmente he dejado pasar varias semanas para referirme a lo que ha querido contarnos Fueraborda, porque no es lo mismo saber que estas cosas pasan que oírlo en primera persona por quién lo ha padecido…



Ni siquiera la narración de María del Carmen Tapia o de María Angustias Moreno produjo en mi semejante efecto, aun cuando, al leer sus testimonios me era imposible poner en duda una sola de sus vivencias, porque tenía conciencia de que eran absolutamente reales: me era totalmente posible ubicarme hasta en los lugares físicos en los que se desarrolló cada acto de sus respectivos dramas, conocí a muchas de las personas que intervinieron en ellos, podía percibir sonidos, voces, olores, colores.

Sin embargo, lo de Fueraborda ha sido especialmente fuerte: ha sido un dejà vu, un volver a vivir en primera persona lo que Fueraborda vivió, pero no solo lo que vivió en ese doloroso proceso que la condujo a la salida;  entre oras cosas que hemos tenido en común a mí tampoco me caía bien el fundador ni me provocaba la menor devoción:  algo parecido a meterme en el “pensadero” de Dumbledor, ese pozo mágico donde guardaba las hebras de sus recuerdos y donde hacía que Harry Potter se sumergiera para que viese y sobre todo viviese aquellos sucesos que ya solo estaban en el fondo de sus recuerdos. Y eso porque como bien dice Aquilina (Al peggio non c'è mai fine...) “…me lo creo totalmente por tener el mismo patrón, el mismo estilo de mi experiencia personal”.

Hace mucho tiempo vengo insistiendo en la matriz de “vida religiosa” en la que fue pensado y vaciado el Opus Dei. Algunos quizá piensen que aquello es indiferente, que no es lo importante y que no vale la pena perder el tiempo dándole vueltas a esa idea.  Perdónenme que insista: no es superfluo ni indiferente volver sobre esa idea, aunque no fuera más por aquello de la machacona insistencia con la que se nos repetía que no éramos religiosos ni teníamos nada que ver con los religiosos.

Comprender aquello nos permitirá explicarnos por qué nos sorprendemos, porqué nos parece inconcebible cosas como las que ha vivido Fueraborda y en mayor o menor medida, casi todos nosotros. Nos sorprendemos precisamente porque teníamos y tenemos metido hasta los huesos que no hemos sido ni somos religiosos y sin embargo vivíamos como tales: eso es cuando menos desconcertante, sino directamente esquizofrénico.

 A los religiosos, y de modo especial a aquellos que vivieron cuando los religiosos eran de verdad “religiosos”, esto es cuando el Opus Dei apareció en el mundo, estas cosas no los sorprendían porque semanalmente en el Capítulo de Culpas, cuyo remedo en el Opus Dei es el Círculo Breve, repasaban sus respectivas Constituciones, las que tenían capítulos parecidos al de las Constituciones teresianas que cito al inicio.

Animo al que tenga ganas a leerlas para que adviertan en ellas la cantidad de cosas que teníamos en común.

En el relato de Fueraborda hay una cosa que me llama poderosamente la atención: parecería que Fueraborda, respecto a la responsabilidad de lo que le sucedió, de cada una de las cosas por las que pasó, llega hasta las directoras, no tengo claro si de la delegación o hasta las directoras regionales.

Parecería -es posible que me equivoque por no saber entre líneas– que las directoras centrales y desde luego el sacerdote secretario central y el padre/prelado no hubieran tenido intervención directa.

He sido oficial en una comisión regional y puedo asegurar sin temor a equivocarme que si todo aquello que se refiere a una situación extrema de cualquier numerario/numeraria, va a Roma y regresa con instrucciones precisas, todo aquello que se refiere a una inscrita, nada menos que a una inscrita, va a Roma y regresa con instrucciones minuciosas y precisas: Ninguna directora de delegación ni ninguna directora regional resuelve nada en un caso así, sin plantear la cuestión a Roma por correo urgente y recibir de Roma instrucciones precisas, que se refieren al centro donde debe vivir, al dinero del que puede disponer, las actividades que debe realizar, las que no deben permitírsele por ningún concepto, lo que se le debe exigir, a quién debe ver y a quién no, con quién puede hablar y con quién no, con quién se confiesa, con quién hace la charla, cómo y qué se le debe exigir. Y del cumplimiento de cada una de las cosas mandadas, hay que dar cuenta y de las reacciones de la persona a la que se refieren, de los “progresos”, de la reincidencia, de la contumacia y de los retrocesos. Lo que se refiere a un inscrito no se deja al arbitrio de un consejo local.

Cada una de las cosas que cuenta Fueraborda vinieron indicadas de Roma, con conocimiento del prelado. A Carmen Tapia no le pasó lo que le pasó por estar viviendo en Roma o por haber sido llamada a Roma:  le pasó lo que le pasó porque respecto a una inscrita no se hace nada sin conocimiento y mandato expreso del padre a través de las correspondientes directoras. Lo mismo vale para los hombres.

No sé quién sería directora central cuando sucedió lo que refiere Fueraborda: pudieron ser Mercedes M., Carmen R. o Marlies K. De ninguna de las tres me extraña nada: impasibles con la mirada fija en el Capitán, cualquiera de ellas hubiera comunicado a la región correspondiente que Fueraborda debía ir caminando a buscar trabajo, que no había que darle explicaciones, sino simplemente decirle que mentía, que había que mantenerla apartada de las demás, que había que llevarla a tal o cual médico, en tal o cual lugar sin explicación alguna, que se le podía permitir abrir su negocio y que luego había que obligarla a cerrarlo, que debía tratársela con la mayor indiferencia: todo ello con conocimiento y aprobación del prelado, de su vicario y del sacerdote secretario Central. No tienen excusa, estaban al tanto de todo y mandaron lo que había que hacer, con todo detalle.

Haenobarbo




Publicado el Miércoles, 17 agosto 2016



 
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