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 Tus escritos: Los directores que escribieron mi historia y algún recuerdo.- Fueraborda

020. Irse de la Obra
fueraborda :

Querido Haenobarbo y queridos todos:

He leído despacio, despacio, tu último escrito "Deja vu"

Y se han despertado en mi memoria sucesos ya olvidados, y también reavivado anécdotas, -llamémoslas así- de mi vida en el opus, vida ya muy lejana. Bueno, en realidad no tan lejana; más ajena que lejana. Tan ajena, que parece que le sucedió a otra persona. Tan distintas somos la fueraborda de antes de la de ahora, que casi no me reconozco en la anterior.

Cierto es que todo lo que os conté en mi relato, lo tengo muy vivo. Recuerdo algunas de las pequeñeces que rodeaban la atmósfera, gestos, tonos de voz, miradas, incluso la ropa. Pero os aseguro que no llevo la mochila encima. Todo eso le pasó a alguien que resulta que era yo...



Hay otras muchas, muchísimas otras cosas de mi vida anterior, que apenas recuerdo. Y supongo que no las recuerdo porque nunca me interesaron. Ya os conté que, aún siendo una mujer entregada y fiel, en realidad nunca quise a la obra y nunca me gustó mi vocación.

Entre los temas que nunca me interesaron estaba el de los nombres de las directoras y directores. Me los aprendía cuando lo necesitaba para instruir a alguien o por otro motivo, pero lo olvidaba pronto. Nunca estaba al día de nombramientos ni ceses, y recibía a todas las directoras que venían a la tertulia del centro o a lo que les placiera, con el mismísimo tedio, fueran de la delegación, de Madrid, o de Roma. Ninguna me impresionaba.

Así que sintiéndolo mucho, Haenobarbo, no puedo colocar los nombres de las directoras de las que hablas, con las fechas de los sucesos. Desde luego, conozco y he hablado con los tres clones y con otros que no nombras. Con alguna hice la charla en momentos puntuales, y si algo me sorprendió fue su falta de identidad. No se salían ni una coma de lo prefabricado. No había nada personal en sus palabras y parecían desconocer lo que era el afecto. ¡Y la obra estaba en sus manos! Me parecía peligroso, pero enseguida entonaba el mea culpa por mi falta de sentido sobrenatural. (O no. Porque también escribí notas sobre eso).

No sólo Haenobarbo se ha interesado por los elementos en cuyas manos caían los informes de conciencia de la numeraria inscrita "fueraborda". También, sorprendentemente, me lo preguntó un cura. Lástima no haber sabido nada más de él.

Os lo cuento: cuando mi vida en la obra estaba prácticamente finiquitada, me pidieron que acudiera a un curso anual, a lo que no me negué, siempre y cuando, (¡un mínimo de coherencia, por favor!) pudiera estar solamente de cuerpo presente en aquella bonita finca, sin que nadie viniera a distorsionarme. Y ese fue el trato, que se cumplió solo a medias, como era de prever. Hubiera sido mucho pedir que a pocos días de terminar el curso sin que yo hubiera pasado por confesionario alguno, nadie me lo pidiera. Era un cura recién llegado de Roma y con experiencia en San Miguel. Y allí fui, no tanto por ser obediente cordera, sino por haber tomado la decisión de contar mi proceso de salida a alguien, para dejar constancia, porque, desgraciada de mí, ¡me creía única!, que sólo me sucedía a mí. Esa fue la única vez que hice una "hoja de reclamaciones" y me arrepentí de no haberlo hecho antes, pues ese cura me entendió. Sorprendentemente, hablábamos el mismo idioma, y me preguntó por fechas y nombres a nivel regional y central. Y me confesó que todo le cuadraba.

No recuerdo si me dio algún consejo, sólo me centré en lo maravilloso que había sido que alguien en la obra me escuchara y me creyera.

Por aquel entonces, yo era una ingenua y no me cuadraba nada, pero tanto a aquel cura curtido, como a ti, Haenobarbo, os interesaron las fechas para cuadrarlas con nombres.

Porque la Historia se escribe así, y la obra no es una excepción, por mucho que lo pretenda.

Fijaos de qué tamaño monumental era mi comedura de coco acerca del espíritu sobrenatural de la obra y bla bla bla... que yo, después de mi larga historia, y de encontrarme arruinada desde todos los puntos de vista, seguía pensando que lo mío había sido cuestión de mala suerte con las personas con las que consecutivamente me iba tropezando e iban forjando mi historia. Y es que habían reducido mi cerebro a un tamaño tan pequeño que no me cabía en la cabeza pensar de otra forma, y con esa inverosímil creencia, me fui por fin de la obra.

Es decir, me fui absolutamente convencida de que las únicas que habían escrito el guión, habían sido las directoras de mi delegación tras haber leído mis escritos a su juicio muy críticos, en temas no opinables. "Porque no hay opinión en lo que es fundacional" (Recuerdo, y viene al caso, que esa fue la respuesta ante mi comentario sobre la enmendatio del círculo, revelando así que habían calificado mi escrito como no viable).

Interpretaba esta falta de información de la delegación al gobierno regional como una miseria más. Desear no dar disgustos, no plantear problemas, y ser delegación modélica.

(Os acordáis de aquel "¿y cómo le digo yo al padre que se me escapa una inscrita?")

Así que yo más bien pensaba en el "yo me lo guiso, yo me lo como" para evitar broncas.

Y así se entiende mi repentina idea de hablar con Sagrario, de san Miguel del gobierno Regional, como lo de escribir una carta al padre en cuyo sobre ponía: “para abrir después de mi muerte”.

No. Nunca pensé que mi guión se escribiera desde tan lejos. Siempre pensé que la maldad andaba muy cerca. Y me equivoqué una vez más.

El sobre y su contenido lo rompí el feliz día que decidí dejar la obra, descongelar mi alma y volver a mi vida. Sólo había que superar un paréntesis de 40 años y un mes. Te acuestas sin haber cumplido los quince, y te levantas a punto de celebrar tu 56 cumpleaños. Sólo se trata de un pequeño salto acrobático en la vida.

A los pocos días del salto, andaba yo libre y feliz por la calle, cuando tuve la suerte de toparme con mi querida A.P.

A.P., siendo adolescente, sufrió la extorsión de la obra forzándola a cambiar su ilusión profesional por los falsos estudios de Ciencias Domésticas. Y yo fui cómplice de ese injusto y malvado crimen.

Por este motivo, me puse doblemente contenta cuando me presentó a su marido. Me alegré de que ya no estuviera dentro, probablemente tanto como ella, que según dijo, era evidente, por mi indumentaria y aspecto, que también me había marchado.

Sin perder el tiempo, nos citamos en aquella cafetería donde mi querida amiga A., me informó de que el mal que acaba con la salud física, psíquica y espiritual de las personas era la institución. Las personas solo son víctimas, me decía. Como tú, como yo, y como tantos y tantos.

La conversación acabó en los sofás de su casa, supongo que con alguna copa, risas y confidencias. Fue mi primera experiencia de la amistad. Sus argumentos sobre la bondad de las personas de la obra y la maldad de la institución, no me habían convencido todavía. Pero el descubrimiento de la amistad, me hizo feliz.

Y se me olvidó seguir intentando averiguar los extraños motivos por los que había podido sucederme en la obra lo que me sucedió.

No le di más vueltas a mi caso, pero sí al de tantas personas que sufren y sufren hasta la desesperación creyendo que lo hacen en nombre de Dios. Y que lloran en la confidencia a moco tenido mientras dicen que son felices. Y que viven en la continua amargura que produce el sentido de culpa, por no conseguir hacer una cosa y su contraria. Y por tantas incoherencias más, de las que el mismo Jesucristo se escandalizaría.

Y no tardé mucho en entender que el daño en las personas, el dolor y el sufrimiento, es porque el mismo espíritu de la obra les impide vivir la Caridad. Por lo que no es posible crecer en amor de Dios, en fraternidad, en lealtad... El espíritu se queda raquítico y la personalidad que Dios había proyectado, se retrae. Y así no hay quien viva la hipocondriaca norma de siempre de la alegría, porque por no alcanzarla, ni a ella, ni a las demás, se crea ansiedad, inquietud, y el eterno espíritu de culpa...

Quita, quita. Olvídate, y a ser feliz, que para eso te han creado. ¿O no?

Que seáis felices,

Fueraborda




Publicado el Viernes, 19 agosto 2016



 
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