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 Tus escritos: Mayoría de edad.- ElCanario

040. Después de marcharse
ElCanario :

Hoy 28 de octubre de 2016 para mí es un día especial. Hoy se cumplen los dieciocho años de que pisé por última vez un centro de agregados del Opus Dei. Aunque tenga ya 71 años, me siento más joven que nunca. Respiro con la libertad que hace no estar atado por las ataduras de una prelatura personal, que los directores me indicaban que era para hacerme santo y para santificar el trabajo y a los demás. La realidad era otra. Yo no era feliz, aunque permaneciera dentro por casi treinta y cuatro años y ahora sí lo soy. Gracias Agustina y todos los que colaboráis y leéis Opuslibros. Parte de mi felicidad os la debo a vosotros.

El día de hoy es el de mi mayoría de edad fuera del Opus Dei. ¡Qué bien se está fuera! Si alguno de lo que me leéis estáis aún dentro os animo a iros. Es lo mejor que podéis hacer. Como dicen muchos otros ex, siento no haberme ido antes. Por supuesto que hoy lo celebraré aquí en Maspalomas, en la isla de Gran Canaria en un buen restaurante. El aniversario merece una celebración así.

Recuerdo el día de mi salida. Yo había avisado al director de mi centro en los días de la Navidad anterior de que me planteaba abandonar el Opus Dei y le había pedido que rezara por mí, a la vez que le había indicado las cosas de mi centro que no me gustaban. No hizo nada. Eso sí, en mi último día me invitaron a contar cosas de mi profesión de periodista, pero me negué. Había unos cuantos que no me dejaban hablar. Solo interesaban sus cosas. Invité a uno de ellos, médico en un hospital de Madrid, que narrara lo que vivía en su trabajo.  Sabíamos todo de la vida y milagros de ese centro sanitario. Ahí quedó la cosa. Ese día me despedí del Señor en el sagrario del centro y le di gracias por los años vividos en el Opus Dei.  Si hubiera quedado dentro me hubieran hecho unas fuertes correcciones fraternas. Al cabo de quince días me llamó a casa Enrique, con el que hacía la charla fraterna. Quería saber qué me había pasado para no ir por el centro. Y la respuesta fue esa, no quería seguir en la Obra. Algo de este escribí en mi primer  artículo en Opuslibros, titulado "El buen pastor". Rafael, el director del centro de agregados, un hombre muy seco, no era el modelo del que habla el Evangelio.

Luego vinieron las llamadas de los directores de la entonces Comisión Regional y de la Delegación de Madrid Oeste. Hablé con ellos explicándoles las circunstancias de mi salida. No me querían dar la autorización para irme. "No me importa. Lo mío no tiene marcha atrás", respondí. Al cabo de un año,  en los días cercanos a la fiesta de la Inmaculada me llamó Gonzalo, el encargado de agregados de la Delegación. Quería verme para encontrar una salida a mi situación. En pocos días escribí una carta al Padre solicitando la baja, sin añadir detalles criticando algo de lo vivido. Unos treinta días después, me volvió a llamar Gonzalo. Quería verme. El 20 de enero de 2000 accedí a la Calle Marqués de Riscal número 4 de Madrid, donde estaba la Dlmo, y me dijo que "el Padre ha accedido a tu solicitud".

"Es la buena noticia que quería darte", afirmó con una sonrisa como para satisfacerme. "Aún estás a tiempo de quedarte en la Obra" añadió. Yo le dije que lo tenía pensado y quería irme.  También con cara de satisfacción le indiqué, que yo también quería darle una noticia: hacía cerca de un mes que me había tocado el segundo premio de la Lotería Nacional de Navidad, 14.400.000 pesetas, 84000 euros de hoy. Un amigo mío periodista me comentó  en esos días que me había tocado una doble lotería, la de Navidad y la de abandonar el Opus.  Así se lo indiqué. Afortunadamente la Obra ni hizo intención de cobrarme esa cantidad. Si lo hubiera intentado, me hubiera negado.

Cuando abrí la puerta de la casa de la Delegación, estaba muy contento. Ya era libre. Pisaba la calle de nuevo, pero esta vez con auténtica libertad, no la que dicen que tienen en el Opus Dei. Me enfrentaba a todo lo que vendría después. Confieso que me ha ido muy bien, sobre todo a raíz de que me prejubilaron en la empresa donde trabajaba. Desde entonces sí que soy auténtico hombre de la calle y nadie me impone nada. Leo y viajo lo que quiero y con ello me considero satisfecho. La libertad no tiene precio. Ahora alterno Madrid con Maspalomas en la isla de Gran Canaria. Estos días os he confesado que he leído los tres libros de María Angustias Moreno y me considero satisfecho. Se han mezclado con libros de Miguel Delibes y de Mario Vargas Llosa.  

Para mí, un descubrimiento ha sido Opuslibros. Desde hace poco tiempo he vuelto a escribir en la página, tras un periodo de no hacerlo. Fue positiva la primera etapa mía aquí, en la que firmaba como Nachof, y ahora también en esta segunda etapa. Vengo porque tengo cosas que aportar para abrirle los ojos a mucha gente que de buena fe están dentro y no saben lo que hay detrás. Si me preguntáis qué opino de lo que vivo fuera os responderé con una frase del fundador que he visto en muchos centros de la Obra: "Vale la pena. Vale la pena. Vale la pena". Y cuando preguntaban a San Josemaría por qué lo decía tantas veces, él respondía "porque realmente vale la pena". Estar fuera del Opus Dei vale la pena y eso aunque tenga que repetirlo un millón de veces. 

Un saludo y un abrazo muy afectuoso para "Harto", que era compañerode mi curso en la facultad de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid y pitó en la misma noche que yo el 19 de marzo de 1965. El se fue a los trece años dentro y yo a los casi treinta y cuatro años.  Gracias a Opuslibros nuestra amistad se ha recuperado ahora. Yo asistí incluso a los festejos de su boda en Madrid. Si hubiera seguido en el Opus Dei no me hubieran dejado ir. ¿Veis cómo se recuperan los antiguos amigos y la familia, gracias a estar fuera? Que sigáis tan felices como yo. 

ELCANARIO




Publicado el Viernes, 28 octubre 2016



 
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