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 Tus escritos: El futuro ya pasó.- zartan

010. Testimonios
zartan :

Estaba yo leyendo a Fueraborda "Unos supernumerarios muy de casa" y se me fue haciendo un nudo en la garganta. ¿Como hemos podido ser tan ciegos? Yo también me sumo al grupo de esos cretinos que fuimos poco a poco dejando de lado a nuestra verdadera familia. Ahora -tengo la impresión- que no están las cosas tan duras y hay un poco mas de sentido común al respecto.

Pero no voy por esos lados, voy más bien por los recuerdos que Fueraborda me ha despertado. Calculo que somos mas o menos de la misma generación, de aquellos que pasábamos todo por el corazón y la cabeza de alguien más y todo lo que no pasaba por esos canales era diabólico aunque fuera la gramática de Lebrija. Lógicamente pasaba por la cabeza y el corazón pero luego se distribuía por medio de una sucesión de conductos donde, en mi opinión, cada uno aportaba su propio chorrito...

Eran tiempos en los que vivíamos con la esperanza del futuro. Por un lado estaba la famosa “intención especial”, por la que rezábamos todos los santos días, pero no era la única meta, también estaba la situación de la Iglesia. Veíamos que la reforma litúrgica se interpretaba como que cada uno hiciera lo que le diera la gana sin ningún miedo al ridículo; en el campo doctrinal escuchabas las ideas más peregrinas confundiendo ecumenismo con sincretismo o con un simple “vamos a cambiar a ver qué pasa” sin que nadie con autoridad se atreviera a decir nada de nada; además notabas una auténtica crisis de identidad en bastantes religiosos y muchos curas después de escuchar el grito de “aggiornamento”. De verdad que la situación era, al menos, un poquito complicada al final de los sesenta y principios de los setenta. Esto y mucho más lo notábamos todos, no era algo que viniese exclusivamente a través de los canales directivos del entonces Instituto Secular (*).

Todo lo anterior nos dejaba claro a cada socia y socio (para que veáis que -a pesar de la edad- estoy volviéndome políticamente correcto) que teníamos unas metas importantes que conseguir y por las que valía la pena luchar. Estábamos en primera línea de fuego, de nuestro esfuerzo dependían cosas grandes y debíamos seguir en las fortificaciones que protegían la doctrina, la liturgia, el sentido común y un montón de cosas mas que estaban en peligro a causa del ataque de los tártaros.

Esta idea de primera línea de combate se mezclaba con una cierta sensación de superioridad. Se hablaba de humildad colectiva pero, simultáneamente, se recibían “olores” de que formábamos parte de una elite. Estos “olores” podían ser la simple comparación entre un farol con luz y otro sin ella o el tono de superioridad con el que se hablaba sobre la formación doctrinal en otras realidades de la Iglesia. Todavía recuerdo la mirada de calibre 9mm de un sacerdote al que, en una tertulia y con toda ingenuidad por mi parte pregunté, después de una disertación sobre el estado de algunos seminarios y su nivel de formación intelectual, si el Papa (entonces Pablo VI) también era cura diocesano.

Más tarde vinieron las famosas tres campanadas y las giras por España y América Latina donde nos quedó claro que éramos uno de los pocos (si no el único) remanso de aguas limpias dentro de la Iglesia y que poco a poco tendríamos que ampliar este espacio extendiendo la zona oxigenada al resto del mundo hasta llegar, como alguien comentaba jocosamente, al momento en que las reuniones de la ONU terminasen con un “Sancta Maria Ancilla Domini, Sedes Sapientiae … ora pro nobis”. Eran metas grandes. No importaban los sacrificios ni las incomprensiones de gente buena o mala, al final le daríamos la vuelta al mundo como a un calcetín y la humanidad sería feliz.

Pero el tiempo pasó y llegó el 26 de junio de 1975 y las metas siguieron siendo las mismas aunque se sumó (siempre para bien de la Iglesia) el extender la devoción al fundador una vez que se consiguió recalcular la fecha, ya que nadie esperaba ese 26 de junio tan pronto. Este recálculo matemático era como intentar saber si las cebras son blancas con rayas negras o negras con rayas blancas: que da igual, que lo importante es que es cebra y no caballo.

Aquí hubo un claro aunque imperceptible cambio de metas: ahora lo más esencial era que los cofundadores velásemos por la continuidad, la fidelidad. No recuerdo cuándo aparecieron los “vademecum”, las praxis y demases pero creo que fue por entonces. El cuidado de las fortificaciones empezaba a ser tan importante o más que el fin para el que se habían levantado.

Y llegó el verano de 1978, Pablo VI cedió el paso a Juan Pablo I y… ahora sí que sí. El cardenal Albino Luciani nos entiende y quiere mucho así que, seguramente, la Iglesia nos pedirá ayuda en toda regla y la serviremos como ella quiere ser servida.

Pero esa idílica situación duró menos que estornudo de gato. Fueron unos meses de continuas emociones. Finalmente se corrió la voz de que había sido blanca la nueva fumata y de nuevo nos pegamos a la televisión para ver quien era el nuevo Papa. Recuerdo que, cuando el protodiácono comunicó solemnemente el nombre del nuevo electo, el celtíbero que tenía a mi lado comentó “¡¡¡joder, un Papa negro!!!” aunque más tarde alguien, más experto en cardenales o con mejor oído, nos comunicó que era polaco y que era un sueño, seguramente la intención especial saldría con ese nuevo Papa y “pariter cum illa” un buen montón de esas metas que teníamos pendientes.

Con el nuevo Papa llegó la beatificación de Josefina Bakhita y, posteriormente, la canonización del fundador pero, sobre todo, llegó la intención especial. Lo que tanto habíamos esperado y rezado.

Las cosas normalmente no son sencillas y una de ellas fue la publicación del nuevo código de derecho canónico que tanta relación tendría con la intención especial. Todo andaba bien y las prelaturas personales estaban junto a las diócesis, eran parte de la jerarquía de la Iglesia pero, de repente (fulmine a ciel sereno), alguien o alguienes la cambiaron y pasaron a ser una forma de distribuir mejor el clero con la que pueden colaborar los laicos mediante convenios o contratos. Y volvemos a discutir si las cebras son blancas o negras. A este respecto me volví a ganar otra mirada asesina con otra de mis preguntas tontas: ¿para pasar de instituto secular a prelatura personal tendremos que firmar realmente un contrato escrito? No sé por qué molestó esa pregunta y sigo sin saberlo. El caso es que no hice la otra pregunta que tenía en ese momento en la cabeza ¿pasar de socio a colaborador no es similar a que te dejen en la puerta de la calle con permiso de mirar al interior por la ventana? El razonamiento de “parece queso, huele a queso, sabe a queso y, por tanto, es jabón” nunca no me ha convencido mucho.

Los que habéis conseguido llegar a este punto de mi relato podréis preguntaros ¿pero que pasó con esas metas iniciales? Eso mismo digo yo, se quedaron perdidas en la historia. El sucederse de eventos había actuado como el prestidigitador: nos había hecho poner la atención en otras cosas y nos habíamos olvidado de lo esencial. Es muy sencillo y cómodo echar la culpa a D.Alvaro o a D.Javier pero, en realidad fuimos todos como en Fuenteovejuna, nosotros mismos amordazamos a nuestros intelectuales y aplicamos la máxima de “quien se mueve no sale en la foto”. Habíamos confundido la fidelidad con la inmovilidad y quien intentaba modificar levemente el rumbo era condenado al ostracismo que institucionalmente se camuflaba con depresión, “pipiritaje mental” o marcharse dando portazo o silenciosamente. Entre todos habíamos dejado pasar el futuro, nuestra meta era seguir creciendo y que nada se moviera. ¡¡Entusiasmante!!

Nos habíamos olvidado del prestigio profesional y la real santificación del trabajo, de extender ese “remanso de aguas limpias”, de servir a la Iglesia pero de verdad. Lo importante era que no se cambiara nada, que los colegios mayores siguieran en pie, que los colegios de niños (a los que nunca se dedicaría la Obra) siguieran funcionando y aportando carne nueva a la pirámide, que hubiera nuevos soldados que ocuparan las almenas de la fortificación… lo institucional había tomado la delantera. Simplemente habíamos dejado pasar el futuro.

Imagino que en este largo tiempo que llevo fuera del sistema algunas cosas habrán cambiado aunque solo sea porque ha cambiado la realidad de la vida y… no sé cómo sería posible dejar un mail en la mesa de dirección para que lo revisen y luego lo envíen. Pero hasta este momento no he visto en la Obra mas que “más de lo mismo” pero si uno lee la carta del 14 de febrero de este año puede encontrarse un par de significativas sorpresas:

Punto 14. ...“Para esto, es necesario reforzar, del modo oportuno en cada caso, la relación con personas de otras instituciones y realidades de la Iglesia, superar posibles malentendidos y encomendar al Señor las iniciativas promovidas por otros, viviendo la humildad colectiva.”

Punto 15. ...”Será bueno seguir aprovechando las oportunidades de animar a algunos fieles de la Prelatura, Cooperadores y gente joven, a ofrecerse a colaborar, con plena libertad y responsabilidad personales, en catequesis, cursos prematrimoniales, labores sociales en las parroquias u otros lugares que lo necesiten, siempre que se trate de servicios acordes con su condición secular y mentalidad laical”

No son mucho pero creo que marcan un posible comienzo de un nuevo futuro. Podría ser que -pasados los años- nos encontrásemos una nume o un nume haciendo catequesis en una parroquia que lo necesita. Quien sabe, todo es posible incluso retomar aquella idea “post-conciliar” de extender ese remanso de agua limpia o servir a la Iglesia como ella quiera ser servida.

Hay bastantes otros puntos que me gustaría que fuesen saliendo adelante pero esto ya es algo positivo, algo se mueve o eso creo y, por eso, aplaudo.

Desde mi selva un abrazo a cada uno.

Zartan

(*) Si queréis divertiros observando el trabajo del “Ministerio de la Verdad” consultad en Wikipedia la voz “Instituto Secular”. Comprobareis con sorpresa que uno de los primeros fue el de las “Misioneras de la Realeza de Cristo” o el de “la Compañía de San Pablo”. ¿Creíais que había sido otro el primero verdad?


Publicado el Miércoles, 08 marzo 2017



 
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