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 Tus escritos: Diferentes pero iguales (III).- Salypimienta

010. Testimonios
salypimienta :

En el escrito anterior me quedé en lo difícil que es para algunos ex miembros expresar palabras de cariño o de afecto. Para otros al contrario, ingenuamente dicen lo que piensan y lo que sienten sin que se les cruce por la cabeza que eso pueda ser malinterpretado y dar pie a cosas que no son.

La manía de justificarnos para todo y en todo.

Cuando alguien nos hace una llamada de atención, nos critica o nos dice lo que piensa sobre nosotros, inmediatamente sentimos la necesidad de justificarnos. Llevamos las críticas MUY MAL. Debe de ser por la cantidad de correcciones fraternas y llamadas de atención que recibimos por montones y casi siempre injustamente o por verdaderas estupideces...



La poca generosidad que tenemos para con nosotros mismos.

Tenemos la tendencia a ser algo tacaños para nuestros gastos personales. Tanto cuidar el dinero en Casa nos hizo ser muy escrupulosos en cuanto a nuestros gastos personales se refiere. No es que seamos miserables ni mucho menos… pero ¡qué trabajo nos da darnos nuestros gustos por inocentes que sean!

La sensación de que hemos sido víctimas de una injusticia atroz.

Pienso que todas las personas que pedimos la admisión al Opus Dei, lo hicimos principalmente por ser todos unos idealistas de primera línea. Un día, topamos con una institución que nos dijo, que bajo su tutela y siguiendo sus directrices, conseguiríamos el ideal de todo cristiano: la santidad. Todos nuestros esfuerzos, nuestros anhelos, nuestros sueños y desvelos se centraron en ser los mejores hijos que Dios podía pedir. Renunciamos a todo lo que nos pidieron renunciar, hicimos todo lo que nos dijeron que teníamos que hacer… incluso yendo en contra de nuestra propia conciencia… hasta que la Verdad se impuso y nos dimos cuenta de que fuimos utilizados vilmente. Se valieron del cuento de la salvación para sacar todo de nosotros en favor de una institución totalmente egoísta y manipuladora que exprime a sus miembros sin importarle otra cosa, más que lo que pueda sacar de ellos (trabajo, dinero, más ‘vocaciones’, etc.) Muchos nos enfermamos al ver las injusticias, los despropósitos y las inmoralidades que se practican cotidianamente. Lo peor para muchos fue darnos cuenta de que nosotros mismos fuimos cómplices o ejecutores de esas injusticias, despropósitos e inmoralidades que se cometían hasta que GRACIAS A DIOS no pudimos más y nos fuimos.

Nos impidieron desarrollar nuestros talentos naturales.

¿Cuántos de nosotros nos dedicamos a lo que es nuestro talento verdadero? Conozco a muy pocos miembros de la Obra que se dedican a lo que verdaderamente les apasionaba. En primer lugar, a muy pocos les permitieron estudiar la carrera que les gustaba… y que alguien se dedique a lo que verdaderamente le apasiona es algo excepcional. Tantos años dedicados al estudio para que la Obra no te permita desarrollarte profesionalmente (porque eso es el pan de cada día). Lo peor de eso, es que muchas veces, a la salida, ya ni siquiera te puedes dedicar a eso porque los años en que debiste consolidarte profesionalmente y labrarte un prestigio, los dedicaste a las labores internas de la Obra.

La incapacidad de tener una religiosidad normal.

¿Cuántos de nosotros hemos logrado volver a ser unos cristianos comunes y corrientes? ¡La Obra nos deformó la piedad sin misericordia! Algunos de nosotros a la salida, sentimos un rechazo absoluto por todo lo que tuviera que ver con la Iglesia y con sus prácticas, quizá fue una especie de rebeldía. A muchos, lo que nos sostiene y nos ha sostenido siempre es la fe. El hecho de rezar, estar en un templo y hablar con Dios en oración nos da consuelo y seguridad. En lo personal, pasaron muchos años para que me animara a retomar algunas prácticas piadosas y las cosas me fueron mucho mejor cuando lo hice, me quité un gran peso de encima cuando decidí que NADIE me tiene que decir cómo ni cuándo dirigirme a Dios, que puedes usar la fórmula que mejor te acomode para dirigirte a Él. Desde niña me enseñaron a tratar con Dios en el catolicismo y no se hacerlo de otra manera. Volver a rezar, volver a comulgar… la verdad es que me trajeron una gran fortaleza. Quizá rezar no sirva de nada y no cambie el rumbo de los acontecimientos, pero nos da la serenidad y la fuerza para enfrentarnos a ellos. A mí me gustaba mucho más mi fe antes del Opus Dei, y creo que casi todos daríamos lo que fuera por recuperar esa piedad inocente y confiada (nada más de pensarlo me dan ganas de llorar).

La perplejidad de sentir que fuimos víctimas de abuso.

Solemos escandalizarnos mucho cuando se habla de abuso sexual, sobre todo cuando este está enmarcado en un clima religioso. Pienso que es igual de grave el abuso de conciencia que sufrimos las personas. Me parece una violación total al pudor de cada uno, tener que platicarle con pelos y señales a cualquier persona todos los andares, dolores, alegrías y concupiscencias de nuestra alma con el pretexto de la dirección espiritual. Dicen en la Obra que “Al alma de las personas hay que entrar de rodillas”… en Casa más parece que los curas y los directores irrumpen en el alma de las personas como si se tratara de la policía buscando pruebas incriminatorias. Casi siempre dejan todo patas arriba. Es una verdadera violación preguntarle a cualquier persona sobre su vida sexual, si se masturba o no, si tiene pensamientos pecaminosos, o cuantas veces a la semana tiene relaciones sexuales… ¡es una MARRANADA por parte de los curas y de los directores!

El tema de la sexualidad.

Ya hemos tocado este tema muchas veces. El sexo en el Opus Dei es “ELTEMA”. No sé de nadie, que haya sido numerario, agregado, supernumerario, o numeraria auxiliar que no tenga algún conflicto con la sexualidad. En algunos casos, el ex miembro tiene tal confusión con su propia sexualidad, que termina siendo una carga para él. Alguna vez conté que a mi salida, tomé cursos y diplomados para poder dar ayuda psicológica y emocional y me certifiqué en psicoterapia Gestalt y PNL entre otras. Algunos ex miembros se acercaron a mí en busca de ayuda, por eso me siento con la capacidad de hablar del tema. En la mayoría de los casos, los hombres que salen de la Obra tienen una verdadera fijación con el sexo. En el caso de las mujeres, la fijación es con encontrar un marido para casarse y tener sexo sin problemas (traumas que nos machacaron con insistencia que nos hacen creer la que se acuesta con uno que no es su marido es una zorra). En ambos casos, el sexo, más que provocar curiosidad, provoca una verdadera obsesión. Uno me contó que a la semana de su salida un amigo lo llevó de putas (perdón, pero así es), desde ese día hasta hoy, muchos años después, él aparta un dinero de su sueldo para irse de putas una vez a la semana. Ante esa confesión le sugerí que se buscara una novia, que le saldría más barato, y me dijo que no, que prefería seguir así, que las prostitutas no le pedían nada, ni tenía que decirles nada. Sólo llegaba, tenía sexo y ¡se acabó! Una me contó, que se casó con un ex agregado (ella ex numeraria) y que el sexo era una cosa horrible entre los dos, porque ninguno de los dos lo disfrutaba pensando que el otro podría pensar mal de verle gozar. Otro me contó, que su obsesión era practicar todas las posturas y formas del sexo, pero que su mujer (ex de Casa) se negaba rotundamente a hacerlo de otra manera que no fuera la tradicional, y él se la pasaba masturbándose a todas horas fantaseando con posturas del kamasutra. Unos se casan con la primera o con el primero que se encuentran a su salida, otros tienen relaciones amorosas a montones, quizá buscando al amor de su vida, o quizá porque cuando sienten que se están enamorando prefieren mandar todo al diablo, aunque le rompan el corazón a la otra persona… quizá olvidaron lo doloroso que es que te hagan eso. Otros nada más no se animan a aventurarse en una relación amorosa. En el caso de los ex supernumerarios, las cosas no son tan distintas como podría suponerse. Muy pocos son los casos de ex supernumerarios que permanecen casados con la misma persona (ya escribiré sobre ello algún día). Los miedos y los traumas son idénticos a los de los numerarios o los agregados. Erich Fromm explica más o menos este fenómeno en su libro “El arte de amar”. Cuando buscamos llenar un vacío con el sexo, ni lo conseguimos llenar y sólo nos sentimos más vacíos. Para amar, primero tenemos que estar llenos de amor, de otra manera ni lo podemos dar ni lo podemos recibir. Lo ideal sería que la sexualidad fuera una donación íntima mutua entre dos individuos que además de sexualmente, se compenetran moral, intelectual y afectivamente. El problema es que para que eso suceda se necesita una entrega muy grande, y…

No estamos dispuestos a entregarnos para que nos vuelvan a destruir.

No es miedo, es verdadero terror el que nos provoca a la mayoría volvernos a entregar de cualquier manera. Todos salimos del Opus Dei destruidos en mayor o menor medida (creo que más bien en medida superlativa). Nuestra entrega a la ‘vocación’ fue completa, sencillamente porque la Obra no te deja que esa entrega no sea total seas numerario, agregado, supernumerario o numeraria auxiliar. Dentro tienes que dar literalmente TODO, si eres 10 tienes que dar 10, si eres 1000 tienes que dar 1000. Lo malo es cuando te das cuenta de que toda esa entrega que tú diste para Dios, en realidad era para la institución y además todo el tiempo te dijeron que no era suficiente, aunque tú te diste tan todo que te quedaste en nada. No solo es el cabreo, es el desconsuelo, la desilusión, el terror de sentirte traicionado hasta por Dios, por que en algún momento todos le reclamamos a Él por haber permitido eso, que nos explotaran en Su Nombre. Esa es la peor herida que te deja la Obra… porque si te entregaste completamente para Dios y te hirieron casi de muerte, ¿quién te dice que entregarte a una persona común y corriente no te va a resultar una experiencia igual de horrible? Eso es lo que creo que es lo peor, la desconfianza… uno no está dispuesto a que lo lastimen, nos da verdadero pánico aunque no nos atrevamos a confesarlo. Cuando salimos del Opus Dei, sentimos que nuestra vida se desgarraba y se caía a pedazo. Sencillamente no nos sentimos capaces de volver a pasar por eso.

Ahora me bajo del púlpito, ;-) y mientras se me ocurren más cosas les dejo besos cariñosos a todos.

Salypimienta.

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Publicado el Miércoles, 06 diciembre 2017



 
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