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 Correos: Terapia Familiar Sistémica. Un estudio.- Sabela

080. Familias del Opus Dei
sabela :

Hola a todos,

 

A continuación os adjunto un resumen de uno de los ensayos que he trabajado en relación a la Terapia Familiar Sistémica para mis estudios de doctorado; tanto el ensayo en cuestión como el caso clínico expuesto como ejemplo han sido supervisados por la catedrática de psicoterapia responsable. Me parece que muchos de los presupuestos que comparten las distintas escuelas de orientación Familiar Sistémica se ven reflejados con muchas de las pautas de funcionamiento dentro de las familias del OD. Por ello, me parece relevante dejaros una muestra de ello (el ensayo también está disponible en su versión inglesa). Aquellos que estén interesados en profundizar en la temática, pueden continuar haciéndolo a través de las obras de los autores mencionados en el siguiente texto.

 

Un saludo,

Sabela.

 

* * *

 

El siguiente ensayo crítico está basado en el capítulo 3, A Family Model (Un modelo de familia), escrito por Minuchin, S. (1974) e incluido en Families and Family Therapy (Familias y terapia de familia), Harvard U. Press.



 

La Terapia Estructural es uno de los modelos teóricos, orientaciones o aproximaciones de la Terapia Familiar, surge a mediados del siglo XX, y su principal exponente es Salvador Minuchin. Como todo planteamiento de ecología del desarrollo o sistémico, concibe al hombre como parte de su medio.

Siguiendo la terminología de Bronfenbrener[1], a su vez que los sujetos están insertos en una macroestructura que es la sociedad, también están insertos en otra microestructura que es la propia familia. Puesto que desde la perspectiva sistémica lo importante es la relación entre partes (entre las personas), que son las que pertenecen a sistemas, la pertenencia viene dada por una relación; las relaciones entre los distintos micro-sistemas darán lugar al mesosistema. Aunque Minuchin no lo dice explícitamente (por lo menos en este capítulo), lo que se da entre los miembros de una familia y la sociedad es un proceso interactivo. La sociedad no cambia porque cambia la familia ni la familia cambia porque cambia la sociedad, sino que ambos sistemas, microsistema familia y macrosistema sociedad están insertos en un sistema mayor de relaciones que cambia y evoluciona gracias a la interacción entre ambos. El microsistema sociedad y el microsistema familia se configuran mutuamente en un proceso interactivo.

Minuchin comienza diciéndonos que el ser humano nace y se desarrolla en un contexto determinado y necesita de los otros para su desarrollo y realización. Ronald Laing cita a William James, quien escribió: “No podría idearse un castigo más monstruoso, aún cuando ello fuera físicamente posible, que soltar a un individuo en una sociedad y hacer que pasara totalmente desapercibido para sus miembros”. Tal situación llevaría a la persona a una pérdida de mismidad, que no es más que una traducción del término “alineación”. Otros pensadores también han señalado esta cualidad del hombre como ser social. E. Aronson titula a su libro “El animal social” y cita a Aristóteles. Esta cualidad social del ser humano se basa por una parte en su manera de organizarse para la convivencia, sea en la tribu como grupo o en la polis como lugar –lo que llevó a Aristóteles a identificar al hombre como un animal social-, y por otra en la dependencia de la relación con “los otros” en unas coordenadas socio-históricas determinadas, para llegar a ser alguien, algo que subraya por ejemplo Erich Fromm[2], cuando se ocupa del problema de la emergencia del individuo frente a las ambigüedades de la libertad en las sociedades occidentales.

La terapia sistémica tiene similitudes con el movimiento de la antipsiquiatría surgido a finales de los años 60. Hoy están ya extinguidos los ecos de la revuelta que lideraron Basaglia, Cooper y Laing, porque se cumplió una de las metas de la antipsiquitría con la desinstitucionalización de los enfermos y el tratamiento ambulatorio. Sin embargo, se ha implantado con gran fuerza en el territorio psicoterapéutico la Terapia Familiar también llamada Terapia Sistémica, que nació igualmente bajo la idea de la familia patógena. Su tesis básica fue que los problemas del individuo eran problemas del sistema en los que estaba inmerso y que, por lo tanto, se conseguirían escasos resultados tratando al individuo aisladamente o desconociendo su contexto; la alternativa consistía en tratar al sistema (familiar generalmente) del que forma parte el individuo.

La Terapia Estructural hace énfasis en el establecimiento de unos límites adecuados como una parte necesaria del proceso de autonomía individual del sujeto. La ausencia o la carencia absoluta de límites es lo que en mi opinión, puede acabar constituyendo una familia patógena. Cuando los límites son inespecíficos, la comunicación entre los miembros puede tornarse ambigua e incongruente, que podría llegar a situaciones psicóticas como las formuladas por Gregory Bateson en su Teoría del Doble Vínculo. Sin embargo, Bateson y su Teoría del Doble Vínculo pertenece a la Terapia Sistémica Comunicacional de Palo Alto, que explica cuestiones diferentes a las de la Terapia Sistémica Estructural de Minuchin. El problema del Doble Vínculo se basaba en una cualidad de la relación que impedía la metacomunicación, no era un tema de límites.

Al igual que en la sociedad desempeñamos distintos roles para adaptarnos a distintos contextos, la familia también establece sus roles de actuación que se reparten entre sus distintos miembros. La familia es el grupo de socialización primario. Aunque el resultado de nuestra identidad sea el resultado de la pertenencia a distintos grupos, siempre existe un grupo que predomina sobre los demás. Así, la familia siempre será el núcleo fundamental desde donde parte el desarrollo de nuestra identidad, bien sea para crecer en la misma dirección de los valores que tenga, o bien sea para oponernos a ellos, pero en cualquier caso, siempre como marco de referencia.

A continuación, trataré de ejemplificar algunas de las ideas propuestas en el marco de la Terapia Sistémica a través de una experiencia personal. Dados los límites de extensión de este ensayo, destacaré solamente las ideas de mayor relevancia.

        En este contexto me referiré a una antigua relación de pareja con una persona involucrada en la secta Opus Dei, de adscripción católica fundamentalista. La persona en cuestión es el mayor de nueve hermanos, tiene casi 30 años y convive actualmente con sus padres. Se trata de una familia donde los límites entre sus miembros son difusos, pero sin embargo, los límites que separan la familia del resto de la sociedad son extremadamente rígidos. Dicha secta tiene unos patrones y normas de actuación dentro de ella muy rígidos e inamovibles.

        La persona en cuestión si bien tenía una independencia económica que le hubiera permitido abandonar el hogar familiar, carecía de una independencia emocional respecto de su familia. Los miembros de dicha familia no tenían una autonomía individual ni experiencias privadas que no fueran compartidas y comunicadas entre todos los miembros a modo de clan. Así, la identidad de cada uno de sus miembros está condicionada a la identidad familiar.

Cuando esta persona inició una relación de pareja con una persona ajena totalmente a los valores de su familia, la presión familiar fue tan fuerte que se vió obligado a romper conmigo y a culparme a mi por ello. El padre le había dicho pocos días antes de la ruptura que la relación conmigo estaba dañando seriamente a la familia. El sistema que conforma esta familia ofrece resistencia al cambio más allá de cierto margen, y mantiene sus mismos patrones a lo largo del tiempo. Cualquier desviación que vaya más allá del umbral de tolerancia del sistema elicita mecanismos de homeostasis que reestablecen el orden de relaciones del sistema, y eso permite que se mantenga sin cambios. Cuando las situaciones de desequilibrio del sistema tienen lugar, es habitual para los miembros de la familia sentir que otros miembros no están cumpliendo con sus obligaciones. Las llamadas a la lealtad familiar y las maniobras para inducir sentimientos de culpa pueden entonces aparecer.

        Esta persona mantiene una pertenencia simultánea a distintos contextos grupales. dentro y fuera de su núcleo familiar de ideología opuesta, por lo que se halla en una situación de conflicto psicológico que puede ser perjudicial para su salud mental debido al estrés que esto genera. El sujeto no tiene una identidad definida, o mejor dicho, no es libre para decidir por sí mismo y poder llegar a alcanzarla, de ahí posiblemente su pertenencia a contextos contradictorios en búsqueda de su propia identidad. Sin embargo, el precio psicológico que se paga por ceder tu identidad en beneficio de la identidad familiar puede llevar al sujeto a una estado pseudopsicótico de fragmentación personal, angustia, incoherencia o labilidad afectiva.



[1] Bronfenbrenner, U. (1979). The ecology of Human Development. Cambridge, Harvard University Press.

 

[2] Fromm, E (1947). El miedo a la libertad.

 




Publicado el Lunes, 26 junio 2006



 
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