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 Tus escritos: Carta de Miguel Fisac a un miembro de la Obra.- Agustina L. de los Mozos

010. Testimonios
Agustina :

 

CARTA DE MIGUEL FISAC A UN MIEMBRO DE LA OBRA

 

 

 

Madrid, 27 de septiembre de 1999

 

 

Querido Heliodoro: He recibido tu carta, que te agradezco mucho, y quiero contestarla, en todos sus párrafos, para que conozcas, con alguna profundidad, el planteamiento general de mi manera de pensar en relación con el Opus Dei, y sus relaciones con este incidente de "la Pagoda" y mi reacción pública en periódicos y radio.

Es natural que te haya producido regusto amargo, que tengo que aclararte que era el objeto que pretendía conseguir; precisamente en los socios numerarios del Opus Dei.

Soy el único socio vivo, y con una memoria y lucidez mental que todo el mundo me reconoce, que fue socio numerario del Opus Dei de antes de la guerra.

Me pasé con el Padre, por Andorra, y viví con él en Diego de León 14 hasta que se marchó a Roma. He viajado mucho y hablado muchísimo con él de forma particular. Fui, en muchos aspectos, un miembro atípico, que quería y sigo queriendo a todos los miembros de la Obra, que me negué a hacer proselitismo o a ocupar ningún cargo en ella, que vivía con los que mandaban, sin querer mandar y que ganaba bastante dinero cuando en el Opus Dei se necesitaba mucho y no lo había...



Después de intentar salirme del Opus Dei, año tras año, al conseguir, en Roma, que me dejaran salir, Álvaro Portillo me dijo: "Miguel, quiero pedirte perdón por la coacción que te hemos hecho para que no te fueras, porque has sido tan generoso que nos parecía que tenías vocación." Después de irme cometí la ingenuidad de continuar, durante tres años, confesándome con Paco Botella, con el que anteriormente me confesaba, hasta que un día, mi mujer me advirtió que si seguía confesándome con él nos iba a separar.

Noté en un principio un cierto acercamiento de la Obra para que fuera algo así como supernumerario, lo mismo que habían hecho con otros que se salieron, y al no querer doblegarme, comenzó la persecución.

Yo seguía y sigo queriendo a aquellos y a estos pero noté, en muchos, un gran rechazo.

Conocí la "marca de la casa" de no perseguirme directamente sino por medio de supernumerarios, cooperadores o amigos de unos u otros numerarios y supernumerarios interpuestos y se me hizo la conspiración del silencio que, todo hay que decirlo, secundaron encantados muchos otros arquitectos que no eran del Opus Dei pero que no me tragaban porque quizás los periodistas y los medios de comunicación me habían aireado demasiado. Y fui en la Escuela durante más de treinta y cinco años una persona desconocida. Y a continuación de una exposición de mi arquitectura en Munich y después en Weimar, etc., en el año 1993 cuándo yo ya tenía 80 años, algunos me redescubrieron con mucho entusiasmo, como queriendo quitarse cierto complejo de culpabilidad: Medalla de Oro de la Arquitectura, Exposición en el Ministerio de Fomento, publicación de dos libros, etc.

Recuerdo que el día que salí de la Obra el 30 de septiembre de 1955 me fui a pie, y llevando una maleta ligera de peso, desde la calle de Diego de León a la de Conde Duque; donde vivían mis padres, y pensé "¿y ahora Miguel qué?: ¡Pues mira, dirás siempre la verdad! -Estuve muchos años sintiéndome mal, diciendo medias verdades, mentiras y simulaciones- "y procurarás ser un hombre bueno, sin más." Y así marché interiormente hasta que años después algunos acontecimientos, me obligaron a buscar libros, que encontré, leí, y medité durante unos cuatro años, y me hicieron cambiar, al considerar que la esencia del Cristianismo es Amor a Dios y al prójimo como a uno mismo, y lo demás, son estructuras piadosas, que si no sirven para lo esencial, estorban.

Desde siempre he seguido teniendo cariño-por los hombres que conocí en la Obra, que han entrado ahí con el deseo de su santificación, en un Opus Dei que yo conocí muy profundamente y -que aunque no tuviera vocación para numerario- me gustó. Era otro Opus Dei, no distinto sino opuesto a lo que es hoy, cuyo objeto no es la santificación del trabajo ordinario, como esencia, sino el cumplimiento de unas "normas", cuyo desarrollo yo conocí personalmente, que no dejan de ser unas rutinas de piedad, unidas a unas mortificaciones medievales y anacrónicas, nada cristianas, que en lugar de amor-, producen soberbia, y unas actuaciones sociales de verdadera secta secreta, de hecho. Eso sí, con mucho dinero y mucho poder.

No creas que no pondero el desagrado que te puede proporcionar todo esto que te digo, pero creo que si Dios ha querido que a mis ochenta y seis años recuerde tanto como recuerdo, será por alguna razón. Y poner en alerta a los que se acercan a mi; lo considero una obligación.

Por ejemplo: Le oí al Padre decir muchas veces, más de tres, en diferentes ocasiones, ridiculizando a frailes y monjas, claro que en confianza ante tres o cuatro de mucha intimidad, que las fundadoras de muchas Congregaciones de monjas se habían motivado espiritualmente para reparar necesidades sociales: ayuda a mujeres descarriadas, niños anormales, ancianos, etc., pero todas terminaban haciendo Colegios para niñas ricas, y al decirlo se reía.

Recuerdo el primer colegio del Opus, de niños ricos, que se hizo: el de Gaztelueta, en las Arenas, en Bilbao. Era un chalet de lujo que regaló "Carito" la Marquesa de Mac-Mahon, madre viuda, de Perico Ibarra, que Pedro Casciaro había conocido y presentado al Padre, en Burgos, donde estaban los dos, con Paco Botella, en las oficinas de Reclutamiento que mandaba el General Orgaz.

Yo estuve durante unos días, en las Arenas, en Bilbao viendo, el verano anterior a su puesta en marcha, el chalé, para hacerle algunas reformas indispensables: aseos, etc. Y recuerdo que el Padre "justificaba" aquel Colegio diciendo que era un caso excepcional. Luego, viviendo él, se hicieron muchos y algunos de obreros, para disimular.

En USA en 1991 se creó una Organización católica, por supuesto aprobada por la jerarquía de la Iglesia, llamada ODAN (Opus Dei Awareness Network, Inc.) con el objeto de informar a los padres de los alumnos que allí estudian en los numerosísimos colegios, para niños ricos, estupendamente montados y atendidos, que proliferan por todo el Mundo y que son la cantera de vocaciones, muy tempranas, cómo con métodos coactivos muy bien estudiados se les atrae.

Esta organización ODAN tiene editado un librito "Parents' Guide to Opus Dei" y una reciente traducción al español, de una claridad y minuciosidad extraordinaria. Esto de los colegios para niños ricos, es el resultado final del primitivo ensayo universitario, que yo presencié, que tomaba el modelo de la Institución Libre de Enseñanza, pero que fracasó; porque la realidad de proporcionar un campo de atracción de vocaciones, primaba muy claramente, sobre el interés científico y humanista a la que tenía de La Institución.

Me recuerdas, en tu carta, aquella sesión de TV sobre la Beatificación del Padre.

Fue para mi muy duro tener que decir la verdad. ¡Sé tantas verdades, que las autoridades del Opus Dei saben que son verdades, que me admira que puedan ser personas que tengan Fe!

Por ejemplo: Vuestro Prelado Mons. Echevarría en la documentación secreta de las actas que consiguió comprar el Diario el País a un monseñor del Vaticano, del Tribunal de la Causa de Beatificación de Mons. Escribá de Balaguer, declaraba bajo juramento, que yo no podía declarar porque "presentaba una conducta contradictoria, propia de su inestabilidad emocional y temperamental." "Se trata de una persona psíquicamente desequilibrada, escrúpulos patológicos con manifestaciones de carácter obsesivo, situación de ansiedad permanente y manía persecutoria, que no ofrece garantías de dar un testimonio objetivo." Así empezaba para continuar con verdaderas calumnias como: "se dejó dominar por una soberbia vana y cometía graves imprudencias y empezó a dar a entender que había más problemas de costumbres que de cabeza. Se le ayudó a superar ese bache, pero no quiso acepta más auxilio. Ante su insistencia, se le concedió la dispensa, porque no quiso avenirse a ningún razonamiento. Pasado el tiempo, entre sus desgracias familiares - contrajo matrimonio enseguida - y los fracasos profesionales han ido enrareciendo más su carácter y sus ideas, no dudando en autodefinirse un hombre de condiciones peculiares. Relata como ejemplo, que la víspera de su Primera Comunión, como había entendido que el ayuno le prohibía tomar nada, pasó todo el tiempo escupiendo para no tragar saliva. Se ha proclamado defensor del divorcio, porque dice - La Iglesia no puede imponer esta obligación a los que no tienen fe; y así - con planteamientos de este tipo - razona ahora.

Se compagina mal con esta visión personal de vuestro Prelado, que, a mí, estando dentro de la Obra, y siendo tan indeseable, el Padre me dirigiera una carta de cuatro páginas, escrita de su propia mano, nombrándome Miembro Elector. O que, después de prometerme que estuviera tranquilo que no me destinaría a ser cura, quisiera que yo fuera el único socio, no cura, de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, a lo que yo, delante de Álvaro Portillo, me negué en rotundo.

En contraposición a tu experiencia de que siempre has oído que cuando alguien abandona la Obra, se le ayuda siempre que él quiera, yo conozco a bastantes que se han salido de la Obra, a los que se ha perseguido.

No querría presentar una lista detallada de las persecuciones que están demostradas que he padecido. Sólo te diré que cuando se lo conté en Roma al Obispo Maximino Romero de Lema, él me dijo que hablaría de ello con Álvaro Portillo, pues se solía ver con él en una Comisión de la Santa Sede, pero que sería mejor que yo antes, se lo contase directamente a Álvaro. Y así lo hice. Le telefoneé, me dijo que fuera a verle esa misma tarde. Me prometió resolver el asunto y me citó para el día siguiente. Y cuando volví, me explicó que había telefoneado a Florencio Sánchez Bella para que fuera a hablar con él, y que había dado orden de que no se me persiguiera.

Siguiendo tu carta, sobre "la pagoda", en la que recuerdas una conferencia que di hablando de que era un proyecto algo superficial en mi trayectoria arquitectónica. Te diré que en el programa de los laboratorios Jorba, el propietario me sugirió que le interesaba también que donde estuviera su despacho, la biblioteca, el bar, etc., hubiera algo que sirviera de anuncio o de reclamo. Esa "pagoda" formaba parte del programa que se me había pedido. Yo pude decir que esa torre era algo superficial, pero no que no le diera importancia. De hecho, arquitectónicamente, se le dio importancia, fuera de España; y esa ha sido la causa de su desaparición: Se veía demasiado, y los nuevos propietarios, no sólo me habían comunicado su idea de conservar "la pagoda", sino que me pidieron permiso para poner "Edificio Miguel Fisac". Y ya se había puesto el cartel con mi nombre sobre ella, cuando a las pocas semanas comenzaron a demolerlo rápidamente. Parece ser que en las oficinas municipales desde el principio, y para entregar los permisos de nueva construcción, exigieron reiteradamente que se derruyera el edificio en toda su totalidad, incluida "la pagoda".

Con la simple visión de un observador exterior, he podido darme cuenta de que el concepto esencial de espiritualidad propio del Opus Dei: La santificación del trabajo ordinario, ha sido sustituido en la práctica, la Fe por la Piedad. Como he podido comprobar entre otras cosas, al leer el libro de Pilar Urbano, extraordinaria escritora y periodista, que diciendo verdades - no dice todas, por supuesto - deja patente esa preocupación preocupante, de tomar la piedad como pieza esencial que hasta llega a decir el Padre: "me hago garante de la salvación de vuestra alma, si cumples las Normas." Y refiriéndose a cuando a López Rodó lo hacen Ministro: "Ahora tendrás mucho trabajo, pero si no me cumples las Normas, en lugar de hacer Opus Dei harás Opus diaboli." ¿Es qué entonces una hora de trabajo ha dejado de ser una hora de oración?

Nunca he tenido rechazo hacia los socios numerarios del Opus Dei y cada vez los quiero más. No puedo, en esta carta, darte más detalles de lo que sé; pero los sé porque los he vivido.

Estoy a tu completa disposición para hablar, contigo, o con cualquier miembro numerario de la Obra que quiera hablar conmigo.

Estoy moralmente convencido de que mi actitud es la correcta en mis circunstancias y en mi condición de cristiano, que quiere vivir y morir cumpliendo la voluntad de Dios, amándole y amando, por Él, a mi prójimo.

Si la destrucción de "La Pagoda" sirve para servir a Dios y al prójimo, ¡bendita sea!

 

 

 

Un fuerte abrazo,

Miguel Fisac

 

P.D. Fechas: Los diez y nueve años que estuve en la Obra fueron del 29 de Febrero de 1936 al 30 de septiembre de 1955.

Conocí a Ana María a finales de noviembre de 1955 y nos presentó el arquitecto del Pino. Nos casamos el 11 de enero de 1957. Ella nunca había oído hablar del Opus Dei.




Publicado el Lunes, 08 diciembre 2008



 
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