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 Tus escritos: El Opus Dei, una institución encallada en el fanatismo.- Lucas

070. Costumbres y Praxis
Lucas :

EL OPUS DEI, UNA INSTITUCIÓN ENCALLADA EN EL FANATISMO

Lucas, 27 de marzo de 2015

 

No deja de sorprender que después de tantas advertencias al Opus Dei por parte de la Santa Sede para que legalice sus procedimientos institucionales (dirección espiritual, confesión, proselitismo, atención económica a los que se van después de toda una vida de entrega, etc.) de acuerdo con la norma eclesial, siga sin realizar una reforma en profundidad de esos procedimientos para adecuarlos a la legalidad vigente.

Últimamente los miembros de la obra han sido testigos perplejos de numerosos cambios, en lo referente a la práctica de la dirección espiritual, que se han sucedido sin explicación alguna de los motivos por los que una praxis fundacional ha variado tanto. La confianza ciega en los directores no les ha permitido a muchos preguntarse por qué tanta oscuridad en el gobierno de la institución…



En este sentido, no es normal que se siga ocultando a los miembros los reglamentos, que los miembros no tengan acceso a las normas por las que se regula su vida, sino que éstas sigan estando guardadas bajo llave en el despacho del director. O que hayan desaparecido la casi totalidad de las Cartas del fundador. Es como si un Estado mantuviese ocultas sus leyes. Todo esto no es transparencia ni legalidad; es considerarla voluntad del que gobierna como ley suprema. ¿Cuándo van a estar disponibles a los miembros los Estatutos de la Prelatura otorgados por la Iglesia? ¿Cuándo se podrán leer en los centros?

La realidad es que no existe una explicación RAZONABLE a todos estos interrogantes. Los miembros deberían ser conscientes de por quiénes son gobernados, del talante de éstos. No se piensen que es el Consejo el que gobierna el Opus Dei. La obra está gobernada realmente al margen del Consejo, por unas pocas personas mayores y algunos colaboradores más jóvenes para cada ocasión, que actúan en paralelo respecto del Consejo. Es un gobierno en la sombra, cuyo responsable último es el Prelado. Algunos Vicarios regionales lo saben perfectamente; también lo saben muchos numerarios que viven en Roma.

La percepción del doble funcionamiento de la institución, de su doblez o hipocresía, es apreciada de hecho por casi todos los miembros numerarios, aunque no sean capaces de objetivar su causa. No hay más que estar en las tertulias y en los círculos breves para darse cuenta de que nadie dice lo que piensa. Por eso son tan poco interesantes y tan terriblemente aburridos esos medios. Pero también es apreciable en la imposibilidad de comunicación y de amistad sincera entre los miembros. Nadie sabe qué le pasa al que vive al lado, no se permite la libre comunicación de conocimientos íntimos.

Cada vez más, la institución se mantiene en pie por intereses creados y por miedo, sin cabida para el sincero entusiasmo. La hipocresía institucional termina afectando a todos, no sólo a los que gobiernan. Cada miembro tiene que asumir su propia hipocresía para pervivir dentro sin enfermar en lo psíquico. Pero vivir hipócritamente, aunque sea la única manera de sobrevivir ahí dentro, siempre pasa factura. Esto no va con Dios ni con la naturaleza humana, que piden coherencia y naturalidad.

Pero ¿por qué el Prelado y secuaces mantienen esta opacidad, tan incomprensible en una institución eclesial? La respuesta es: por fidelidad al fundador. Pero ¿por qué esta fidelidad al fundador por encima de la fidelidad a la Iglesia, y yo diría también que por encima de la fidelidad a Dios? Pues engañar y ocultar a los miembros no es ser fiel a Dios. La respuesta sería: por ideología, por fanatismo en el fundador por encima de lo razonable. La fe teologal en el fundador es un pecado bastante grande, de los mayores, porque, en los extremos a los que llegan, se requiere divinizar su figura y ponerla por encima de la Iglesia, olvidándose de que todos los humanos somos iguales y falibles. Las personas humanas no son dignas de fe teologal, que sólo se debe a Dios. Ni siquiera la Iglesia pide que creamos en ella con fe teologal. Suelen interpretarse las palabras del Credo “Creo en la Iglesia” como ámbito en el que uno cree con la luz de Cristo que resplandece sobre el rostro la Iglesia (Catecismo 748). Así pues, la fe en un hombre llevada hasta esos extremos tan poco razonables es fanatismo, algo que va contra el primer mandamiento. Separar y distinguir entre fe en Dios y fe en el fundador es saludable. La identificación total entre esos conceptos es fanatismo. Divinizar al fundador y a su obra resulta peligroso. Además, si se oculta la verdad sobre el fundador, por algo será. Que cada uno piense su postura al respecto. No se debería tener una confianza absoluta en las instituciones humanas.

Así pues, el Opus Dei es una institución gobernada por fanáticos y bastante fanatizada por el adoctrinamiento que padecen los miembros desde su formación inicial. El grado de fanatismo personal sólo se descubre cuando se sale del mismo.

Los caminos por los que se sale del fanatismo son muy variados. Uno de ellos es usar la razón, introducir la razón, el sano sentido crítico, la averiguación de la verdad en fuentes más amplias que las de la obra, pues en ella la verdad está controlada férreamente. Por ejemplo, casi nadie en la obra sabía nada sobre los denodados esfuerzos y maniobras del fundador durante muchos años para ser obispo, sin importarle abandonar su querida obra por ese motivo tan vanidoso. Es una verdad ocultada por los prelados, que la conocían perfectamente, y que ahora ha sido probada con toda seguridad mediante documentos originales incontrovertibles. Y hay muchas más realidades, como esa, que se han ocultadas. Podrían citarse también los muy ilustrativos primeros estatutos de la obra como Pía unión, que son la explicación de lo que en el fondo es esta institución. Por lo tanto, usar la razón es fundamental para conocer la verdad.

Otra vía que saca del fanatismo es la experiencia personal de la actuación gravemente injusta, y a veces malévola, de la institución. En este caso también se rompe la confianza y uno se pone a pensar. ¡Qué mala es la confianza total en una institución!

Una tercera vía de pérdida de fanatismo suele ser la enfermedad psicológica o el sufrimiento, que, al romper la unidad personal introduciéndonos en la noche del misterio y de la duda, hace que nos preguntemos muchas cosas, abriéndonos a la añoranza de lo ilimitado.

También lleva al descubrimiento de la verdad la comunicación con alguien informado, la comunicación de experiencias personales, etc. Por eso es un derecho fundamental de la persona la libertad de comunicación.

En fin, los fanatismos no son buenos, sacan de la realidad y encarcelan en un mundo de ideas no propias, sino de otros. Se asemejan a los barcos que pierden su navegación libre cuando encallan en los arrecifes, donde son destrozados por las olas.

Lucas




Publicado el Viernes, 27 marzo 2015



 
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