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 Tus escritos: De interpolaciones, mistificaciones y fundaciones.- Gervasio

115. Aspectos históricos
gervasio :

De interpolaciones, mistificaciones y fundaciones

 Gervasio, 22/09/2017

        

Bien por Stoner. Que siga con colaboraciones en esa línea. Me refiero no sólo a su reciente artículo Sobre la reescritura de los sucesos del dos de octubre de 1928, sino también a los anteriores que versan sobre ese tema y otros aspectos de esa época. Se ha convertido en todo un especialista.

 

Stoner compara su tarea a la de la reconstrucción de un puzle. De acuerdo. Yo la compararía también a las tareas de reconstrucción de los textos originales de los jurisconsultos romanos. Cuando el Derecho romano pasó a ser un Derecho puramente histórico, la mayor preocupación de los romanistas se centró en las interpolaciones: el cambio y supresión de palabras, así como la adición de frases en la transmisión de los textos. La dificultad suele estribar, no sólo en identificar las interpolaciones, sino también en asignarles una fecha y una razón de ser.

 

Stoner estudia un texto primitivo —de 1931— relativo al 2 de octubre de 1931. El original, sin adiciones posteriores, es muy escueto y dice así...



Hoy hace tres años que en el convento de los Paúles, recopilé con alguna unidad las notas sueltas que hasta entonces venía tomando.

Ni yo ni nadie ve ahí un especial fenómeno místico de carácter milagroso. Hay un determinado momento en que el compositor de una sinfonía, o el creador de una novela, logran dar unidad a un conjunto de ideas que hasta entonces no era más que una yuxtaposición de fragmentos inconexos. Ese momento de iluminación también suele ser llamado de inspiración y/o de visión. El fenómeno del 2 de octubre se mueve, a mi modo de ver, en la línea, por lo que se deduce del texto mencionado en la redacción primitiva. $anjosemaría encuentra un sentido a lo que ya hasta entonces llevaba entre manos. Hasta entonces lo único que había hecho era apartarse de Zaragoza huyendo de sus tareas diocesanas.

En virtud de una adición posterior —del propio $anjosemaría—, el texto pasa a decir: hoy hace tres años que recibí una iluminación sobre toda la Obra. Suena mejor. Sin esa interpolación nadie se hubiese imaginado que se encontraba ante un fenómeno místico de carácter extraordinario; no explicable para la ciencia. En la redacción primitiva la iluminación tiene por término recopilar unas notas dispersas que había ido tomando. Con la interpolación posterior la iluminación tiene por término “toda la Obra”. ¿Son dos términos diferentes? ¿Es lo mismo recopilar —sistematizar— unas notas sueltas que ver toda la Obra? Yo respondería que, en cierto modo, sí. Es decir, que “toda la Obra” y el conjunto de notas sueltas que recopiló vienen a ser una y la misma realidad. €scrivá —por lo que él mismo cuenta— propiamente no ve algo nuevo. Toda la iluminación consiste en que el conjunto de notas sueltas que tiene entre sus manos adquieren a partir del 2-X-1928 cierta unidad y coherencia,  una nueva perspectiva. Eso explica que, aunque la iluminación se proyecta sobre toda la Obra, en ese “toda la Obra” no está presente todavía la sección de mujeres. Fue una iluminación sobre el conjunto de lo que había hecho hasta entonces, de donde estaba ausente labor con mujeres.

A partir de 1950, además de a las mujeres, se abrió a los sacerdotes diocesanos la posibilidad de formar parte de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz y Opus Dei. Esta última fecha, en cambio, no se considera fundacional. ¿Por qué? A mi modo de ver porque la decisión no se tomó en una situación o ambiente calificable de “sobrenatural”. No medió una misa en el oratorio de la señora marquesa de Onterio, o en otro templo, durante la cual se le hubiese ocurrido incorporar los sacerdotes diocesanos a su fundación. Fue algo mucho más vulgar, que da vergüenza hasta contarlo. También en este caso había dejado por escrito (Cfr. Reglamento I, Art. 3. 1: Con ningún pretexto serán admitidos como socios del Opus Dei los sacerdotes seculares, ni los religiosos, ni las religiosas) que nunca serían admitidos en la Obra sacerdotes diocesanos. Sucedió lo mismito que con lo de las mujeres. Cuando se fundó la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz en 14-II-1943 no estaba previsto que a esa sociedad pudiesen incorporarse sacerdotes diocesanos. Sin embargo, esa posibilidad de incorporación de sacerdotes diocesanos, la veo yo mucho más trascendente que el supuesto fenómeno místico de que durante la celebración de otra misa en un oratorio de la sección de mujeres se le haya ocurrido al celebrante que el título de servicio era el más adecuado para la ordenación sacerdotal de Múzquiz, Portillo y Guernica.

 

Ese “toda la Obra” en la que la palabra Obra está escrita con inicial mayúscula, no puede tomarse como lo tomaríamos hoy día, a saber, por abreviación de “Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz y Opus Dei”. Es decir, una Obra con su camisita y su canesú: con su sección femenina, con sus sacerdotes agregados, con sus laicos agregados y con sus otras cositas. En 1931 no había más “Opus Dei” que la labor deslavazada que €scrivá se traía entre manos. Era una labor sólo con varones y desarrollada principalmente en academias: primero en la Academia Amado en Zaragoza y posteriormente en la Academia Cicuéndez en Madrid. No fue una iluminación consistente en un “deja de hacer lo que hasta ahora estás haciendo para ocuparte de otra cosa”. Efectivamente, una vez que el borrico sarnoso se dio cuenta de la hermosa y pesada carga que el Señor, en su bondad inexplicable, había puesto sobre sus espaldas, ¿qué es lo que hizo a continuación? Poner en marcha la Academia DYA. Otra vez una Academia. Continuó haciendo lo mismo que hasta entonces venía haciendo, por supuesto sin retornar a Zaragoza a ocuparse de las tareas diocesanas que allí le aguardaban. Se mantuvo en sus trece. Recuerdo que cuando hablaba de Benedicto XIII, elogiaba su tozudez de aragonés.

El fundador prosigue, en el texto estudiado por Stoner, con otra interpolación más: Ese día el Señor fundó su Obra: desde entonces comencé a tratar almas de seglares, estudiantes o no, pero jóvenes. Y a formar grupos. Y a rezar y a hacer rezar. Y uno se pregunta ¿es que hasta entonces no rezaba? Sus biógrafos dicen que sí. ¿Es que hasta entonces no había realizado labor alguna con estudiantes jóvenes en las academias  en que había trabajado? Sus biógrafos dicen que sí.

Suele decirse de los poetas, de los novelistas, de los compositores musicales, de los pintores y de otros artistas que para que la inspiración o iluminación les llegue es necesario que se encuentren trabajando. Tal sucede con la mal llamada —porque comprende también a los diáconos y a algunos laicos— fundación de la “Sociedad de la Santa Cruz”. La iluminación correspondiente a la fundación de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, se produce cuando  Álvaro Portillo, José Luis Múzquiz y José María Hernández Garnica ya se estaban preparando para ser sacerdotes y cursaban los correspondientes estudios. Es entonces cuando “Dios funda”. Dios siempre está al servicio de lo que €scrivá ya ha previsto y tiene en proyecto. Así, da gusto fundar.

La fundación de sección de mujeres, a primera vista, parece constituir una excepción a que la inspiración ha de encontrarte trabajando. El fundador repetía con frecuencia que la sección de mujeres del Opus Dei había nacido contra su personal opinión e inclinación. Y como prueba alegaba que, poco antes de la correspondiente iluminación, había dejado por escrito algo así como nunca habrá mujeres ni de broma en el Opus Dei. Esa anotación no sé si figuraría en alguna de las catalinas quemadas o si se conserva en algún texto antiguo que ha llegado hasta nosotros. No recuerdo haberla leído nunca en su contexto. Quizá alguien sepa más. Sea lo que fuere el caso es que previamente al 14 de febrero de 1930 —fecha en la que se sitúa la fundación de la sección de mujeres— ya se había planteado la posibilidad de que hubiese mujeres en el Opus Dei. Si no se lo hubiese planteado no habría escrito: nunca habrá ni de broma mujeres dentro del Opus Dei. En fin que el tema de la presencia de mujeres sí, mujeres no en su Obra también se lo traía entre manos.

Hasta ahora hemos hablado de iluminación, de inspiración, de visión. Es el momento de plantearse más a fondo si esas visiones, iluminaciones, inspiraciones o comoquiera que deban ser llamadas, fueron o no y en qué sentido inspiraciones divinas.

El fundador decía —se lo he oído decir varias veces y lo decía con orgullo—  que las mayores gracias con que el Señor le había favorecido —a él pobre pecador, etc.— habían tenido lugar durante la misa, intra missam.  Lo decía en latín, para darle una cierta unción sacerdotal, sacra, sobrenatural o algo así. De ahí deducíamos que la iluminación del 2 de octubre había tenido lugar durante la misa. No nos imaginábamos que el momento fundacional del 2 de octubre hubiese tenido lugar mientras ordenaba  unas notas escritas por él mismo en su propia habitación y que la iluminación sobrenatural consistía en recopilar esas nota, dotándolas de cierta unidad. Todos los 2 de octubre que pasé en Roma, que fueron bastantes, el Padre se sentía en la obligación de decir algo acerca de la fiesta A que estábamos celebrando; pero nunca aludía ni mencionaba lo de las fichas que revisaba en su habitación. Despachaba el asunto con un ¡Cómo sonaban las campanas!

No fui sólo yo el engañado, sino que las dos primeras biografías que, después de la muerte de €scrivá se comenzaros a redactar  —una por cada sección—, afirmaban que la visión del 2 de octubre había tenido lugar intra missam. Don Álvaro corrigió ese dato. Y es que se suele otorgar mayor sobrenaturalidad a una iluminación ocurrida durante la misa —o durante un rato de oración o arrodillado en la cueva de Lourdes ante la Virgen de Lourdes— que a una iluminación ocurrida en un contexto de secular vulgaridad: mientras ponía la lavadora, mientras pasaba el aspirador, mientras esperaba el autobús, mientras me lavaba los dientes.

 ¿Quería €scrivá engañar con su intra missam? Yo diría que sí, puesto que efectivamente nos llevó a engaño. Es verdad que a veces se hacen cosas “sin querer”; pero no me parece que este fuese el caso. Se trata, diría yo, de ese tipo de engaño de quien usa peluca o bisoñé. Desea ocultar su calvicie, aunque es consciente de que casi todos saben que usa un postizo. Lo sepan o no los demás, nunca se deja ver sin su peluca. Le gusta que apenas se note. Es como un artículo de Crónica. Todos saben que nos encontramos ante una idealización de la realidad. Lo importante es que el relato quede mono y muy sobrenatural. Una pinturita de Watteau. Como leí hace poco en OpusLibros parece que todos están escritos por la misma mano.

Oí decir al fundador en más de una ocasión que cada vez percibía menos la diferencia entre la providencia ordinaria de Dios y su providencia extraordinaria. Hay personas —suelen ser muy piadosas y devotas— que en todo ven la mano de Dios. €scrivá veía la mano de Dios, o del demonio según los casos, en casi todo. Era muy sobrenatural. Si algo no le gustaba —por ejemplo, los mareos que cogió al atravesar el Mediterráneo en el J.J. Sister— se lo atribuía al demonio. También atribuyó al demonio la “tentación” de opositar a una canonjía de Cuenca. Cuando algo no les gusta suelen decir que “Dios lo permite” y, cuando algo les gusta, suelen decir que “Dios lo manda” o que “Dios se lo pide”.

Pues —mira por donde— a mí me pasa lo mismo. En las fechas fundacionales de €scrivá veo puritita —como diría un mexicano— providencia ordinaria de Dios. Eran cosas que se le ocurrían, a veces durante la celebración de una misa. No veo providencia extraordinaria.

Por lo demás, lo que echo en falta conocer es cuándo Dios le comunicó a $anjosemaría aquello de si no pasáis por mi cabeza y por mi corazón no podréis encontrar a Cristo. No estaría de más que tal comunicación estuviese acompañada por su personal opinión en contra, puesta por escrito. Él no quería, pero Dios se lo exigió. Lo mismo cuando Dios le impuso, contra su voluntad, que los superiores locales fuesen al mismo tiempo directores espirituales de las personas a su cargo. Lo de cuándo Dios le comunicó que debía de haber mujeres en el Opus Dei tiene para mí menor interés. Si hubiese sido yo su confesor, le hubiese aceptado sin vacilar esto último; pero no lo primero.

 El Opus Dei, a mi modo de ver, tiene ya suficientes santos y beatos en los altares y otros en camino de serlo, y hasta demasiadas sobrenaturalidades de origen divino y hasta demasiadas aprobaciones y bendiciones pontificias y de los reverendísimos ordinarios de los lugares. Lo que le falta son otras cosas.

Gervasio




Publicado el Viernes, 22 septiembre 2017



 
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