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 Tus escritos: ¿Será de 1930 este texto?.- Gervasio

115. Aspectos históricos
gervasio :

¿Será de 1930 este texto?

Gervasio, 5/01/2018

 

El texto al que me refiero es este: Los socios y asociadas no serán egoístas, en el sentido de captar vocaciones para ellos solos (ni en ningún otro). Por el contrario, fomentarán vocaciones para los institutos, órdenes y congregaciones religiosos y Seminarios seculares. Se trata de una de esos fragmentos antiguos de literatura espiritual, atribuidos al fundador del Opus Dei, llamados por sus seguidores catalinas. Esta catalina hace la nº 52 y se le ha asignado como fecha de redacción 16-VI-1930.

Lo que más me llamó la atención inicialmente es que Escrivá habla de “los socios y asociadas” y no de “los socios y las socias”, que es la terminología que utilizará once años más tarde en los Reglamentos del Opus Dei de 1941. La terminología de socios y socias fue sustituida, al cabo del tiempo, por la de socios y asociadas. Lo de socia no sólo suena mal, sino que tiene un marcado alcance peyorativo, algo así como llamar a una mujer individua. Por eso ya en las primeras ediciones de los Catecismos de la Obra nunca se hablaba de socias sino de asociadas. En los catecismos más recientes no se habla ni de socias, ni de asociadas —tampoco de socios—, pues, fallecido Escrivá, a sus seguidores les ha dado por negar que el Opus Dei tenga carácter asociativo. Sostienen que la institución por él fundada forma parte de la jerarquía eclesiástica, pese al pronunciamiento en contra de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Esta congregación (Cfr. Iuvenescit Ecclesia, 14-VI-2016) ha declarado que las prelaturas personales —sólo hay una: el Opus Dei— carecen de naturaleza jerárquica. Aunque a los superiores del Opus Dei les cuesta Dios y ayuda reconocer errores y rectificar, espero que acabarán haciéndolo, aunque sea a su arrogante manera, a su estilo…

A lo que iba…



Si la modificación de la catalina nº 52 se hubiese hecho, aprobado ya el Opus Dei como prelatura personal, su tenor hubiera sido: Las personas del Opus Dei no serán egoístas, en el sentido de captar vocaciones para ellos solos (ni en ningún otro), etc., evitando hablar de “socios” y “asociadas”. O bien los hombres y las mujeres del Opus Dei, etc.

Lo más probable es que en la redacción primitiva no se distinguiese entre socios y asociadas, sino que, como era frecuente entonces, se considerasen implícitamente incluidas en la palabra socios a las mujeres, si del contexto no se deducía otra cosa. Tal sucede en  el I Reglamento de 1941, donde nunca se habla de socias. Comienza a hablarse de socias a partir del II Régimen, pero sólo para referirse a cosas que atañen específicamente a las mujeres, como su división en sirvientas y no sirvientas o a que los actos comunes de las mujeres se finalizan con la invocación Sancta María, Spes Nostra, ancilla Domini. Por otra parte resulta muy forzado resaltar con un y asociadas la promoción de vocaciones para “los Seminarios seculares”. Parece tarea impropia de las asociadas.

Con eso de añadir asociadas, en donde antes sólo se decía socios, tengo la impresión de que alguien —probablemente el propio Escrivá— se consideró en el deber de resaltar que, como la catalina es posterior al 14 febrero de 1930, era consciente de que su fundación comprendía también a las mujeres. Lo llamativo es que daba por descontado que habría mujeres, sin haber recibido sobre este particular el visto bueno del padre Valentín Sánchez, su mentor espiritual y también garante —a juicio de Escrivá— del origen divino de sus visiones. Lo conoció posteriormente, en 5 de julio de 1930. Por lo demás, fuese el padre Sánchez u otro mentor espiritual anterior a Sánchez —como también se ha propuesto y no cabe descartar— el que diese el visto bueno a la “fundación” de la sección femenina, hay que tener en cuenta lo limitado y modesto del papel de esos señores llamados mentores espirituales, directores espirituales, acompañantes espirituales o como deban ser denominados. Estoy seguro de que si alguien se confiesa con un párroco y le consulta:

— Esta noche he soñado con las ánimas del purgatorio y me decían: haz una limosna a la parroquia de 10.000 €. ¿Cree usted, padre, que esto viene de Dios? ¿No será una sugerencia del demonio?

Es muy probable que el párroco en su respuesta se decante por que su sueño nada tiene que ver con el demonio y sí mucho con el bien de las almas y con Dios nuestro Señor.

Lo más que pueden permitirse lo mentores espirituales cuando se les propone algo es juzgar sobre su intrínseca bondad o maldad —dar limosna a la parroquia en sí mismo es una acción buena—, pero no les corresponde pronunciarse sobre la naturaleza del fenómeno concomitante: ¿fueron realmente las ánimas del purgatorio las que le hablaron en sueños o todo fue producto de un normal fenómeno onírico? Lo que el  padre Sánchez —o quien fuera— le dijo a Escrivá sobre la “fundación” de la sección de mujeres no pasa de ser un animarle a que también llevase a cabo labor con mujeres. No ve nada malo en ello. No parece que le haya dado a conocer pormenores como si en esa Obra habría que distinguir entre sirvientas y no sirvientas, y cosas así, tal como hace la Santa Sede al aprobar algo. Efectúa un examen profundo. El padre Sánchez —o quien haya sido el elegido por Escrivá para contarle sus interioridades— no es quien para pronunciarse sobre el origen divino de la visión acaecida en el oratorio de la marquesa de Onteiro mientras decía misa.

En fin, tengo para mí que esto de las catalinas, los apuntes personales, un diario íntimo o como quiera que se llame a esa literatura sobre la vida interior de Escrivá —escrita por él mismo— está redactada cara a la galería. Se percibe demasiado postureo, demasiadas poses, demasiados retoques, demasiados ocultamientos. Es sabido que quien escribe un diario íntimo —tal decía Marañón a propósito del diario de Amiel— en el fondo de su corazón lo que está deseando y pensando es que otros lo leerán. 

El segundo elemento que me llamó la atención fue lo de fomentarán vocaciones para los institutos, órdenes y congregaciones religiosos y Seminarios seculares. ¿Qué serán los “institutos religiosos”? En el Código de Derecho canónico de 1917 se habla de institutos eclesiásticos, pero lo de institutos religiosos es más bien terminología propia del Código de 1983. El de 1917 habla de congregaciones, órdenes y sociedades de vida en común sin votos públicos. Quizá en la catalina nº 52 —tal como ha llegado a nosotros— se haga referencia a los “institutos seculares”, que nacen en 1947, con la constitución apostólica Provida Mater Ecclesia. En tal caso la última redacción de la catalina nº 52 tal como hoy la presentan, habría que situarla después de 1941 —por lo de asociadas— y después de1947, por lo de institutos religiosos. Quizá la catalina nº 52 utilice la terminología del código de 1983 y la modificación sea posterior a 1983. Vaya usted a saber.

El tercer elemento que me llamó la atención de la catalina en cuestión es su contenido. En ella leemos que quienes son del Opus Dei no se limitarán a captar vocaciones para ellos solos —el verbo utilizado es captar—, sino también para órdenes y congregaciones religiosas. ¡Cómo me sorprende esta exhortación! Para mí lo nunca visto ni escuchado. En mis años de pertenencia a la Obra, jamás de los jamases he escuchado cosa semejante. Nadie me ha animado —ni a mí ni a nadie— a que captase vocaciones para órdenes y congregaciones religiosas. En lo que se nos insistía —y lo teníamos que difundir y practicar— es en que para ser santo no hace falta ser religioso ni sacerdote, sino que uno podía adquirir igualmente la santidad en calidad de laico, sin abandonar sus estudios universitarios ni renunciar al ejercicio de una profesión laical. Leemos en el artículo 2 § 1, de las Constituciones del Opus Dei de 1950 —y en el correspondiente artículo de las constituciones de 1982— que la finalidad del Opus Dei es difundir entre todas las clases de la sociedad civil la vida de perfección en el siglo.  Subrayo lo de en el siglo.

En la anual lista de San José —una lista de posibles vocaciones que se confecciona cada año el 18 de marzo—, nunca se pone como candidato una posible vocación para una orden o congregación religiosa. La Costumbre de la Lista de San José empezó antes de la guerra española de 1936, dijo el fundador en una tertulia de 19-III-1969 (Cfr. Opuslibros, de Compaq, Víspera de San José”, 5-III-2005). Y con esa más que notable facilidad que el fundador tenía para sacar de su contexto frases del Evangelio añadía: el día en que un hijo mío me diga que no hace proselitismo (…) yo le diré lo que se lee en el Evangelio cuando fue Jesús a resucitar a Lázaro, y los amigos de Lázaro decían: iam foetet (JoannXI, 39), hiede. Este hijo mío, que no quisiera hacer proselitismo, estaría muerto y podrido. Y a los muertos yo… etc.  Y así, cuando leíamos el relato de la resurrección de Lázaro en el Evangelio, sacábamos como moraleja que teníamos que hacer proselitismo, porque si no oleríamos tan mal como el cadáver putrefacto de Lázaro. El proselitismo, sin embargo, a lo que a mí se me alcanza, nada tiene que ver con el pasaje evangélico en el que se narra la resurrección de Lázaro.

Vázquez de Prada comenta a propósito de esta catalina nº 52: Con visión ancha y magnánima, entendía el Fundador que la salud general de la Iglesia estaba por encima de las necesidades particulares de la Obra, en esto de las vocaciones, como se desprende de una anotación de 1931 (sic). ¡Y esto lo escribía cuando no tenía más que tres personas que le seguían; tres vocaciones a medio hacer! Esta consideración, este pensierino —como diría un italiano—  queda muy bien en una causa de canonización para ensalzar el afán de almas del siervo de Dios, o en una hagiografía, pero está muy alejada de lo que vivíamos y se nos ensañaba. Quizá en 1930 o en 1931… El caso es que esa visión ancha y magnánima de que habla Vázquez de Prada —si es que la hubo— duró bien poco. Una cosa es decir cosas bonitas y otra llevarlas a la práctica. Lo de fomentar vocaciones para las órdenes y congregaciones religiosas acabó más bien en un arrebatacapas. Muchos de los primeros y primeras y segundos y segundas y terceros y terceras que se hicieron del Opus Dei pensaron previamente en la posibilidad de entregarse a Dios, pero no en el Opus Dei. Los jesuitas se quejaban de que los del Opus les arrebataban vocaciones. Recuerdo que entre un cura de la Obra y yo convencimos a un chico que se había planteado ser carmelita de que se entregase a Dios en medio del mundo. Vamos, que se hiciese del Opus Dei.

Estas épocas antiguas del Opus Dei me suenan a Yesterday. Me refiero a la famosa canción de los Beatles Yesterday —compuesta por Paul Mac Cartney concretamente —,  en la que se rememora con añoranza el pasado. ¡Qué fácil era todo entonces! Love was such an easy game to play. ¡Qué fácil era hacer proselitismo! No la trabajera en que se ha convertido posteriormente. Era algo alegre y natural. Un juego fácil y divertido al que jugar.

 

¿Por qué el Opus Dei, y concretamente el proselitismo en el Opus Dei, ya no es lo que era? Las instituciones, lo mismo que las personas, van cambiando con el transcurso  del tiempo. Un individuo, a partir de cierta edad, ya no se interesa por jugar a las canicas. Posteriormente deja de jugar al fútbol, abandona también la bicicleta, etc. Si acaso juega al golf. Aunque conserve su identidad a lo largo de la vida, una persona  es una realidad histórica, en transformación. Lo propio pasa con la Humanidad. Distinta es la Humanidad del neolítico que la de hoy, aunque persistan tribus que viven en la edad de piedra. El Opus Dei no es una excepción.

El Opus Dei no es una excepción. No obstante, nos encontramos con que se sustituye socias, por asociadas. Y eso no sólo en la catalina nº 52, sino en las nº 124, 496 y 835. La tal sustitución tiene el agravante de que al día de hoy ya está periclitada. Al día de hoy llamar o calificar a los individuos del Opus Dei de socios y asociadas ya no se lleva. Se les llama fieles o de otra manera que evite las palabras socio y asociada o cualesquiera  otras que connoten la idea de entidad asociativa.

David Lodge tiene una novela que pretende reflejar, con comicidad y exageraciones, el mundillo de los catedráticos de literatura inglesa, titulada Small World. En ella se discute si es acertado como título para un libro el siguiente: La influencia de T. S. Eliot en Shakespeare. Uno de los profesores  —Dempsey— lo consideraba sencillamente absurdo, porque Shakespeare nunca conoció ni pudo conocer a T.S. Eliot, por lo que éste nunca pudo haber influido en aquél. El autor del libro, en cambio, sostenía:

— Lo que pretendo mostrar es que no podemos evitar leer a Shakespeare sino es a través de los anteojos de la poesía de T.S. Eliot. Lo que quiero decir es: ¿Quién puede leer Hamlet hoy día sin pensar en Prufrock? ¿Quién puede escuchar las palabras de Fernando en La tempestad, sin acordarse de la sección El sermón de fuego de La Tierra baldía.

Por su parte, el futuro editor del libro consideraba excelente el título propuesto.

— Las bibliotecas compran prácticamente todo lo que tiene que ver tanto con Shakespeare como con T. S. Eliot. Tener ambos autores en un mismo título, será irresistible.

Como ya señalé antes, no es lo mismo leer el relato de la resurrección de Lázaro —con su iam foetet, ya hiede— habiendo previamente escuchado a Escrivá hablar de proselitismo, que leer ese pasaje sin haberlo escuchado previamente. Lo propio sucede con el ne timeas (Lucas I, 30) de la Virgen María ante la embajada del Arcángel Gabriel. El fundador aseguraba que también él había tenido sus Ne timeas, como consecuencia de  las diversas embajadas que había recibido del Altísimo. Es una pena que José Luis G. G. —el de la “pesca submarina”—, no haya compuesto antes de dejar la Obra un motete a cuatro voces en memoria y loor de los Ne timeas del santo fundador, tal como Tomás Luis de Victoria hizo en relación con Nuestra Señora con su Ne timeas Maria.

Aunque los rasgos definitorios del Opus Dei y las enseñanzas de su fundador sean o fuesen siempre idénticos —que no lo son— a lo largo del tiempo, la forma de percepción de esa realidad va variando con el paso de los años y de las circunstancias. Por poner un ejemplo nimio. Era costumbre —no sé si lo sigue siendo— escribir a El Padre cada quince días. Había de hacerse con pluma estilográfica, en vez de bolígrafo, porque a Escrivá le gustaban más los trazos de la pluma que los del bolígrafo. Escribir a máquina para facilitar la lectura, tampoco valía porque tal modalidad era considerada poco familiar. Las cosas se han puesto de tal manera que ya casi nadie escribe cartas manuscritas en soporte de papel y menos a pluma. Se utiliza el correo electrónico o similar. Resulta muy artificial tener una estilográfica sólo para escribir a El Padre. La costumbre de escribir quincenalmente una carta manuscrita a El Padre habrá nacido “con la naturalidad con que brota una fuente”, pero hoy día ya no resulta natural.

            A lo que iba. Me parece fuera de lugar ir “actualizando”, “poniendo al día” los escritos del santo fundador, ocultando unos —como la conferencia de 1948 La Constitución Apostólica “Provida Mater Ecclesiae”y el Opus Dei, sobre la evolución los estados de perfección— y modificando otros. El Opus Dei es una realidad histórica y cambiante. No le toca ser un fósil. También el fundador fue cambiando a lo largo de su vida. Pretender que el Opus Dei es una realidad atemporal lleva a que cada vez con más frecuencia haya que ir ocultando y modificando ridículamente los datos históricos.

            Entiéndaseme bien. No preconizo que el Opus Dei cambie o deje de cambiar, sino que no se cambie la historia del Opus Dei, como consecuencia de los cambios que el Opus Dei va sufriendo.

Gervasio




Publicado el Viernes, 05 enero 2018



 
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