Gracias a Dios, ¡nos fuimos!
Opus Dei: ¿un CAMINO a ninguna parte?

SANTOS Y PILLOS.
El Opus Dei y sus paradojas.
Santos y pillos. El Opus Dei y sus paradojas
Joan Estruch
ÍNDICE

Prefacio

Introducción
Parte primera:
I. Hacia una sociología histórica del Opus Dei: el estado de la cuestión
II. José María Escrivá
III. El fundador del Opus Dei y el Dios del fundador del Opus
IV. Desde la fundación oficial hasta el comienzo de la guerra española (1928-1936)
V. Los tres años de guerra (1936-1939)
VI. 1939: "Camino"
VII. La implantación del Opus Dei en España (1939-1946)
VIII. 1946: Roma
IX. La expansión internacional del instituto secular del Opus Dei (1947-1958)
X. 1958: "Non ignoratis", una carta de monseñor Escrivá
XI. La consolidación del Opus Dei
Parte segunda. La ética del Opus Dei y el "espíritu del capitalismo":
XII. La España de Franco, entre Fátima y Bruselas
XIII. La formación de empresarios y la dirección de empresas
XIV. El ascetismo intramundano del Opus Dei
XV. Conclusiones: el tradicionalismo y la modernidad del Opus Dei
Bibliografía
FIN DEL LIBRO
 
Nuestra web:
Inicio
Quiénes somos
Correspondencia
Libros silenciados

Documentos internos del Opus Dei

Tus escritos
Recursos para seguir adelante
La trampa de la vocación
Recortes de prensa
Sobre esta web (FAQs)
Contacta con nosotros si...
Homenaje
Links

SANTOS Y PILLOS. El Opus Dei y sus paradojas
Joan Estruch

CAPÍTULO II. JOSÉ MARÍA ESCRIVÁ

Pero si me preguntan cuál es su nombre, ¿qué les responderé?
(Exodo 3,13)

1. El Padre: ¿una identidad personal frágil?

Quien quisiera atenerse a la conclusión de Umberto Eco, que termina "El nombre de la rosa" afirmando que "nomina nuda tenemus", quedaría más que desconcertado al enfrentarse con la figura de monseñor Escrivá. En este personaje, extraordinario según sus seguidores, carismático para muchos observadores, complejo como todo el mundo, enigmático a pesar de los millares de páginas que se han escrito sobre su vida y obra, y rodeado de una cierta aureola de misterio seguramente como consecuencia deliberada de este alud de textos, una de las primeras cosas que llaman la atención es precisamente la variabilidad de su mismo nombre.

Si los "nomina" de Umberto Eco fueran un reflejo, una manifestación o una expresión de la realidad que designan, habríamos de concluir que la personalidad de monseñor Escrivá se caracteriza básicamente por la inconstancia y la versatilidad. Si tuviésemos que juzgar el talante de la persona por sus frecuentes cambios de nombre, nos hallaríamos ciertamente ante un caso digno de análisis psicológico, con una serie de síntomas que habría que interpretar como indicio de inestabilidad, o de no aceptación de los propios orígenes, o de fragilidad en la construcción de la identidad personal y de precariedad en el mantenimiento de dicha identidad.

Sin embargo, nada de esto concuerda en absoluto con los datos aportados por los biógrafos "oficiales" de monseñor Escrivá (básicamente, Berglar, Bernal, Gondrand, Helming, Sastre, y Vázquez de Prada), quienes tienden a subrayar más bien tanto la coherencia como la fortaleza interior del personaje, otorgando escasa importancia a la cuestión de la pluralidad de los nombres que emplea, sin mencionarla siquiera en algunos casos, y dando de ella otras veces una interpretación que cabría considerar como sumamente discutible. No será inútil, por consiguiente, que nos detengamos en el tema; procurando evitar las conclusiones precipitadas o abusivas, pero considerando que se trata al fin y al cabo de una de las vías posibles de aproximación a la compleja y enigmática figura del fundador del Opus Dei.

1) Los nombres de Escrivá

José María Escrivá Albás

Estos son, según todas las apariencias, el nombre y los apellidos originales. Para lectores poco familiarizados con las costumbres españolas al respecto, Berglar explica que se acostumbra a "añadir el apellido de la madre detrás del apellido del padre" (Berglar, 26). No habría más que decir, de no ser porque en un volumen que según cómo puede considerarse asimismo como una biografía, aunque desde luego no "oficial", antes bien una biografía que a los miembros del Opus Dei ha de resultarles irritante por su tono irónico y casi sardónico (Vida y milagros de Monseñor Escrivá de Balaguer, Fundador del Opus Dei), Lluís Carandell asegura que en el libro de registro de la catedral de Barbastro, junto a la partida de bautismo del pequeño José María, una anotación fechada el 20 de junio de 1943 indica que se cambia el apellido Escriba por Escrivá de Balaguer (Carandell, 80).

De todos modos, en ninguna de las biografías "oficiales" se hace referencia a este primer posible cambio de apellido, modificando su ortografía. Nos consta, por otra parte, que él utilizó la grafía Escrivá desde mucho antes de 1943: en el recordatorio de su primera misa, que celebró en 1925, tanto su apellido como el de su padre aparecen escritos con la v, y no con una b.

De ahí que resulte tanto más sorprendente que el obispo de Madrid, Leopoldo Eijo Garay, en una carta dirigida el día 24 de mayo de 1941 al abad (coadjutor) de Montserrat, Aureli Escarré, carta sistemáticamente citada en la literatura del Opus por cuanto constituye, como más adelante veremos, el primer documento de un miembro de la jerarquía en defensa del Opus Dei y de su fundador, a quien monseñor Eijo Garay dice conocer muy bien, tres veces mencione su nombre, y en las tres ocasiones le llame "Dr. Escribá".

Por supuesto que tanto en el caso del obispo de Madrid como en el de la partida de bautismo puede tratarse de un error. Mas también podría ser la primera de toda una serie de manifestaciones de la afición del "Padre" por ir modificando su nombre.

José María Escrivá de Balaguer

En el recordatorio de la primera misa al que acabamos de aludir, celebrada "en sufragio del alma de su padre D. José Escrivá Corzán", el recién ordenado sacerdote aparece como José María Escrivá y Albás. Hay entre padre e hijo una diferencia en la conjunción (y) que une ambos apellidos, cuya presencia en el castellano suele ir vinculada a familias de la aristocracia. Ya antes de la guerra española, monseñor Escrivá utilizó sistemáticamente esta conjunción.

En la inmediata postguerra solicitó de forma oficial, conjuntamente con sus dos hermanos, una modificación. De nuevo es Carandell, que en este ámbito concreto se documentó seriamente, el único que aporta pruebas, al reproducir el texto publicado en el "Boletín Oficial del Estado" del día 16 de junio de 1940. Los hermanos solicitan que "se les autorice para modificar su primer apellido en el sentido de apellidarse Escrivá de Balaguer", y justifican la petición "por ser corriente en Levante y Cataluña el apellido Escrivá, dando lugar a confusiones molestas y perjudiciales" (Carandell, 78).

Hay que hacer un cierto esfuerzo para evitar la tentación de ironizar al respecto. El fundador de una asociación que incansablemente ha ido proclamando a los cuatro vientos que estaba integrada por "cristianos corrientes", aduciendo aquí el argumento de la molestia de las confusiones provocadas por un "apellido corriente"...

En esta oportunidad, y a diferencia de lo que sucedía con el hipotético Escribá original, algunas de las biografías "oficiales" se detienen a comentar esta modificación. Curiosamente, no obstante, ninguna de ellas remite a la solicitud oficial cursada en 1940 ni a las motivaciones que la justifican. El único que cuenta algo por el estilo es el francés Gondrand: "Adoptó este apellido para distinguir su familia de los Escrivá de Romaní, originarios de la región valenciana y muy conocidos en España, cosa que podía generar confusiones" (Gondrand, 167). No parece que un Escrivá, sin más, sea fácil de confundir con un Escrivá de Romaní, ni es precisamente el apellido Escrivá de Romaní el "corriente en Levante y Cataluña"; por otra parte, Gondrand sitúa el cambio en torno a 1945 y no en 1940. El apéndice documental del volumen de Fuenmayor, Gómez-Iglesias e Illanes, al que habremos de recurrir con frecuencia por su riqueza, además de su carácter de literatura "oficial" del Opus Dei, confirma indirectamente la fecha de 1940. En efecto, los documentos correspondientes a los años previos a la guerra son de José María Escrivá y Albás, mientras que todos los reproducidos a partir de comienzos de 1941 son de José María Escrivá de Balaguer y Albás (Fuenmayor y otros autores, 509ss).

Gondrand prosigue diciendo que en un viaje de Escrivá a Barcelona, en 1941, ya "había empleado este nombre, que recuerda la ciudad de la cual procedía su familia paterna" (Gondrand, 167). La anécdota del viaje de 1941 es asimismo citada por los demás biógrafos.

"Cuando don Josemaría pensó en visitar a los del "Palau" (nombre que habían dado al piso de los primeros miembros del Opus en Barcelona, en la calle de Balmes), monseñor Cicognani, nuncio en Madrid, le aconsejó que sacase el billete de avión a nombre de Josemaría E. de Balaguer. Medida de cautela, pues se le conocía entonces popularmente por Escrivá. Tendría, además, que alojarse en casa de un sacerdote amigo suyo, porque para dormir en un hotel se exigía presentar la documentación" (Vázquez, 227).

El contexto en el que se produce esta situación es el del conflicto abierto de Escrivá con el padre Vergés, jesuita, de las Congregaciones Marianas de Barcelona, tema sobre el que volveremos en su momento. "Los hechos llegan a extremos de tal gravedad que comprometen la seguridad del Fundador en sus viajes a Barcelona. Corre el peligro de ser detenido por falsas acusaciones de tipo político-religioso. Tiene que limitarse a ir y volver en el día para no alojarse en ningún hotel. El nuncio de Su Santidad, monseñor Gaetano Cicognani, le aconseja reservar los billetes con otro nombre para no poner en movimiento a la policía, pues se le conoce más en esta época como padre Escrivá" (Sastre, 263s).

Tan interesantes son las coincidencias como las divergencias. Todos los biógrafos "oficiales" se recrean poniendo en boca del gobernador civil de Barcelona, Correa Veglison, el comentario según el cual si él hubiese sabido que Escrivá iba a ir a Barcelona, habría mandado policía al aeropuerto para detenerle. A la vez que coinciden asimismo todos en subrayar su extrema pobreza, que le obligaba a viajar en un coche destartalado, cuando no en tren sin tener apenas dinero para pagar el billete, a todos se les escapa reconocer aquí que en 1941 Escrivá efectúa el viaje en avión. También afirman que no dormía en el hotel, aunque discrepan sobre el hecho de si pernoctaba o no en Barcelona.

Todos ellos, por último, coinciden en atribuir al nuncio Cicognani la iniciativa del cambio de nombre a fin de protegerse, y no a la iniciativa de los propios hermanos Escrivá, publicada en el "Boletín Oficial del Estado" en 1940. Por lo demás, el interés del cardenal Cicognani al dar estos paternales consejos al padre Escrivá resulta tanto más conmovedor, cuanto que Cicognani mismo, el día 3 de julio de 1941, se dirige en estos términos al cardenal Segura, arzobispo de Sevilla: "No desconoce, sin duda, Vuestra Eminencia, la existencia y funcionamiento de la institución denominada Opus Dei. Habiendo surgido acerca de ella diversas apreciaciones y encontrados criterios, yo agradecería sinceramente a Vuestra Eminencia tuviera la bondad de manifestarme el juicio que le merece dicha obra y de proporcionarme al mismo tiempo cuantos informes y datos crea convenientes y necesarios al objeto de que yo pueda informar cumplidamente a la Santa Sede en el momento oportuno" (Rocca, 1985, 134). A esta carta el cardenal Segura responde el día 29 de julio de 1941., diciendo que apenas tiene información alguna, que esa misma falta de información "indica el carácter secreto, rigurosamente secreto con que funciona", que aun así le consta que el "Sr. Escrivá" tiene tratos con dos obispos españoles y que ignora "si es una obra política, o social, o de apostolado". Para concluir que "confío muy poco para la buena causa de estos modos de proceder tan ajenos a la tradición de apostolado de la Iglesia" (Rocca, 1985, 134s).

Josemaría Escrivá de Balaguer

Pero no es sólo el apellido de monseñor Escrivá el que sufre modificaciones. También el nombre evoluciona con el tiempo: y así, del "corriente" José María se pasará a un originalísimo Josemaría.

"Años más tarde -hacia 1935- unirá sus dos primeros nombres -Josemaría- porque será igualmente inseparable su único amor a la virgen María y a san José" (Sastre, 22; idéntica explicación en Vázquez de Prada, 34). Gondrand es algo más preciso, y hace constar que en esta época junta los dos nombres "sólo en la firma" (Gondrand, 106). Al cabo de veinte años, efectivamente, en los documentos oficiales ambos nombres continúan apareciendo separados, y tan sólo en la década de los sesenta el uso del "Josemaría" será sistemático.

El cambio de nombre ha quedado incorporado a las modernas ediciones de Camino, tanto en castellano como en otros idiomas, y es utilizado en la literatura "oficial" para hacer referencia a "cualquier" período de la vida de monseñor Escrivá; hasta el punto que el empleo de una u otra grafía constituye, en la actualidad, un buen indicio para detectar la posición que un determinado autor adopta ante el Opus Dei.

Mariano

Durante los años de la guerra española, Escrivá firma algunos documentos y cartas con el nombre de Mariano, "por devoción a la Virgen y para no llamar la atención" (Helming, 47). Helming reproduce un documento que lleva esta firma, fechado en Daimiel el 20 de abril de 1939, "Año de la Victoria", y dirigido a Dolores Fisac, una de las primeras socias de la rama femenina de la Obra y hermana del arquitecto Miguel Fisac, miembro también del Opus durante los años cuarenta.

Pero el empleo de ese nuevo nombre no es exclusivo del período de la guerra. En 1949 envía desde Milán una carta "a sus hijos de Portugal", que termina con un: "Un fuerte abrazo a todos. La bendición de vuestro Padre. Mariano" (Berglar, 284). La costumbre perdura aún en 1960 y en 1969, a juzgar por las cartas que se reproducen en otras biografías (por ejemplo, Vázquez, 322s y 349). Al parecer, pues, éste era el nombre usado para la firma en sus relaciones epistolares con miembros del Opus.

Prescindiendo ya de otras modificaciones ocasionales: nombre en latín en muchos documentos oficiales del Vaticano, alternando con el Giuseppe italiano; Josep Maria en la primera edición catalana de Camino (1955); o un divertido Joe Mary en una postal redactada en inglés y mandada desde Pamplona (franquista) a Madrid (republicano), pasando por Francia, el día 29 de diciembre de 1937, tenemos pues un inicial José María Escrivá (o Escribá) convertido en Josemaría Escrivá de Balaguer.

Posiblemente sea exagerado basarse en estos datos para sostener, como hace Carandell a lo largo de todo su libro, la tesis según la cual cuanto se refiere al Opus Dei es un puro reflejo de la personalidad del "Padre". No obstante, lo cierto es que también el Opus Dei ha cambiado a menudo de nombre -de "ropaje", en la terminología oficial- en el transcurso de su historia. Y tampoco es absurda la suposición de Carandell, en el sentido de que detrás de todo ello pudiera haber una cierta voluntad de Escrivá por borrar sus orígenes. Así, mientras por un lado se nos explica que se quiso conservar la habitación del "Padre", en la casa madrileña de la calle Diego de León, exactamente igual que cuando residía en ella en los años cuarenta, por otro lado resulta que la casa natalicia de Barbastro ha desaparecido. Fue derribada en los años setenta "y se sustituyó por un edificio nuevo que actualmente alberga un centro del Opus Dei" (Berglar, 25): es decir que el derribo fue deliberado, y vendría a corroborar esta hipótesis de la voluntad de negar los orígenes.

En cualquier caso, sin duda no es menos exagerado afirmar que en la vida de Escrivá hay "una coherencia interior y una continuidad inalterables" y que "no hubo rupturas, cambios repentinos, ni transformaciones inesperadas " (Berglar, 327). No hace falta ser psicólogo, ni detective privado, ni novelista, como prosigue diciendo Berglar, para hallar en la vida de monseñor Escrivá sorpresas notables. Empezando por las sorpresas de su nombre. Y continuando por las de los atributos y títulos que lo acompañan, como veremos seguidamente.


2) Los títulos de Escrivá

Doctor Escrivá

Puestos a encontrar "suspense" en la vida del padre Escrivá (Berglar, 25), incluso su título de doctor universitario aparece envuelto de cierto misterio.

Según el perfil biográfico que actualmente publican las ediciones más recientes de todas sus obras, monseñor Escrivá de Balaguer era doctor en derecho por la Universidad de Madrid y doctor en teología por la Universidad Lateranense de Roma, además dc doctor "honoris causa" de la Universidad de Zaragoza, y Gran Canciller de las Universidades de Navarra y Piura (Perú), ambas del Opus Dei.

Del doctorado romano en teología, obtenido a los cincuenta y tres años, nada se sabe; ni siquiera el tema de la tesis, que jamás se ha publicado. En su estudio bibliográfico de las obras de monseñor Escrivá, Lucas E. Mateo Seco (en Rodríguez y otros autores, 469-572) no la menciona. Bien es cierto que aunque dedica cuatro páginas (495-498) a la investigación de Escrivá sobre "La Abadesa de Las Huelgas", omite precisar que éste es el tema de su tesis de doctorado en derecho. Pero el dato nos consta por muchas otras fuentes.

Resumiendo, la versión que se desprende de las biografías "oficiales" es la siguiente: licenciado en derecho por la Universidad de Zaragoza, en 1927 obtiene del obispo de la diócesis un permiso de dos años para trasladarse a Madrid y hacer el doctorado. El tema de su proyecto de tesis es "La ordenación sacerdotal de mestizos y cuarterones en los siglos XVI y XVII" (Bernal, 118). Nueve años después, al estallar la guerra, Escrivá continúa en Madrid, pero no ha terminado la tesis. Y no sólo eso, sino que en 1938, instalado ya en Burgos, ciudad estratégica "en la que residía el gobierno de la zona nacional" (Vázquez, 188), ha de comenzar una nueva tesis, ya que "los apuntes y notas de la que estaba haciendo habían quedado abandonados en Madrid" (Helming, 43). En Burgos, efectivamente, el monasterio de Santa María de las Huelgas, en cuyo recinto había tenido lugar la ceremonia de "exaltación del Caudillo Franco a la jefatura del Estado", proporcionará a Escrivá "un nuevo tema de investigación, sobre los problemas canónico-teológicos que plantea la jurisdicción de las abadesas de dicho monasterio, durante la edad media" (Gondrand, 136).

Esta vez el proceso de elaboración de la tesis va a ser mucho más rápido, pese a tratarse de un trabajo dc notable erudición, dado que tiene en cuenta "todos los documentos y la literatura especializada" y "bastantes publicaciones en lengua alemana" (Berglar, 398). Algunos autores han mostrado su extrañeza, en vista de que el padre Escrivá desconocía e1 alemán, y han atribuido a algún discípulo -concretamente, a Amadeo de Fuenmayor- una participación decisiva en la redacción de la tesis. Comoquiera que sea, según la versión oficial, en Burgos el "Padre" pasa muchas horas en el archivo del monasterio (y no hay constancia escrita, por lo demás, de que Fuenmayor estuviese en Burgos, ni siquiera de que hubiese conocido a Escrivá antes del año 1939, en Valencia), y una vez concluida la guerra y de regreso a Madrid le comenta a su amigo agustino José López Ortiz, futuro obispo de Tuy-Vigo y futuro vicario general castrense, que sigue "trabajando en la tesis doctoral sobre la Abadesa de Las Huelgas" (Berglar, 59).

Antes de finalizar el año, el día 18 de diciembre, lee la tesis en la facultad de derecho de Madrid y obtiene la calificación de sobresaliente (Vázquez, 506). Sorprende, de todas formas, la escasa atención que los biógrafos prestan a este importante acto académico. Algunos de ellos ni siquiera aluden a él, y los que lo mencionan lo hacen muy velozmente y como de paso: en ningún caso, por ejemplo, tenemos constancia de los miembros que integraban el tribunal, ni de los amigos y discípulos que sin duda quisieron acompañar al "Padre" y asistir al acto. Causa extrañeza semejante ausencia de todo tipo de precisiones, en el contexto de unas obras tan documentadas y que en la inmensa mayoría de los casos, se caracterizan justamente por su forma de ocuparse de todos los detalles.

De ahí que resulte hasta cierto punto comprensible la reacción de Antonio Pérez, que había sido uno de los principales colaboradores de Escrivá, ordenado sacerdote en 1948, y antiguo administrador general del Opus Dei (Annuario Pontificio, 1956, 880), cuando afirma que "el padre Escrivá no era un gran jurista, como nos lo han querido presentar después. Yo incluso dudo mucho de que hubiera estudiado derecho. Nunca vi su título de licenciado y tal como eran las cosas en la Obra, de haberlo, se lo hubiera puesto en un marco dorado impresionante. Aunque pudo haberse perdido ese documento, como tantos otros, durante la guerra" (Moncada, 1987, 19). El título de licenciado, desde luego, pudo haberse perdido durante la guerra. Pero el de doctor no, porque es posterior.

Otro dato relativamente sorprendente es que, aun cuando Escrivá afirma en 1939 que está trabajando en la tesis, que presentará el mes de diciembre, un curriculum vitae de Escrivá enviado en 1943 a Roma por el obispo auxiliar de Madrid, Casimiro Morcillo, incluye entre sus publicaciones un "Estudio histórico-canónico de la jurisdicción eclesiástica nullius dioecesis de la Ilma. Sra. Abadesa del Monasterio de Santa María La Real de Las Huelgas", editado en Burgos en 1938 (Fuenmayor y otros autores, 523). Teniendo en cuenta que Escrivá no llega a Burgos hasta el mes de enero de 1938, resulta difícilmente imaginable que antes de terminar cl año tuviera ya el estudio listo. Un estudio, por lo demás, que con esta referencia de lugar y año no es jamás citado en ninguna otra publicación.

De hecho, según todas las fuentes, el estudio sobre "La Abadesa de Las Huelgas" se publica en 1944 (Editorial Luz, Madrid). El texto "constituye, ampliado y revisado, el tema de su tesis doctoral en derecho" (Sastre, 272). Hemos consultado esta primera edición, y una vez más llama la atención el hecho de que en ningún momento se mencione para nada que se trata de una tesis de doctorado. El prólogo, firmado por José María Escrivá y fechado precisamente en Burgos, el 31 de marzo de 1944, se limita a indicar que "aquí te presento, amable lector, a la famosa Abadesa de las Huelgas" (Escrivá, 1944, 5). Añade, eso sí, una frase enormemente significativa, pero que nada tiene que ver con la cuestión que ahora nos ocupa, cuando escribe: "Vas a verla gobernar, como lo hiciera una reina... Vas a verla regir como "Madre y Prelada"". Estos dos atributos, en boca del "Padre" y fundador de la que será a partir de los años ochenta la "prelatura" del Opus Dei, parecen una auténtica premonición... Pero de la tesis doctoral, ni palabra.

No es más explícita al respecto la recensión que, firmada por M. Giménez Fernández, publica en su número 6 (noviembre-diciembre 1944, 395s) la revista "Arbor", del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, fundada y dirigida por un equipo de personas entre las que abundan los socios del Opus Dei. El autor de la recensión comenta que "Don José María Escrivá ha confirmado el juicio ya merecido en otras actividades por su extraordinaria valía", y que "por doquier, a través de la exposición serenamente objetiva, se siente latir el fervor sobrenatural que en el alma verdaderamente sacerdotal del autor brota incontenible".

Independientemente de lo que pudiera haber sucedido en diciembre de 1939, pues, parece indiscutible que cinco años más tarde se opta por destacar el "fervor sobrenatural" del sacerdote, por encima de las "virtudes científicas" del trabajo del doctor universitario. Y en todo ello hay sin duda un poquitín más de" suspense" (Berglar, 25) de lo que algunos suponen.

Monseñor Escrivá de Balaguer

El 22 de abril de 1947 el "Padre" es nombrado "prelado domestico di Sua Santitá", título que le otorga el derecho a recibir el trato de monseñor. Gondrand asegura que antes de aceptar vacila, "pues no quiere nada para él. Si, por fin, acepta, es para no desairar a quienes le han propuesto" (Gondrand, 181). Gracias a Vázquez de Prada sabemos que quien le ha propuesto es Alvaro del Portillo, en nombre del Consejo del Opus, "sin que él se enterara" (Vázquez, 249). La nota de humildad viene a continuación, al precisar que "rara vez se ponía el vistoso ropaje prelaticio, ni calzaba el zapato de hebilla. Sentía el peso de la purpúrea vestimenta como un cilicio; pero, en ocasiones señaladas, sabiendo "cuánto divertía a sus hijos el colorido", les seguía la corriente del buen humor" (ibíd., 249; el entrecomillado es nuestro).

Es curioso comprobar hasta qué punto esas apreciaciones contrastan, por no decir directamente que se contradicen de modo radical, con los testimonios de quienes no son, o bien han dejado de ser, miembros del Opus Dei (Hertel, Moreno, Steigleder, Walsh, etc.) y con los testimonios de aquellas personas entrevistadas en el transcurso de la presente investigación que habían conocido personalmente a monseñor Escrivá. Todos ellos coinciden en afirmar su afición, no sólo al lujo, a los refinamientos y a cuanto se le antojara aristocrático, sino también, y ante todo, a los honores, los títulos y los símbolos de prestigio.

Si alguien quisiera llevar a cabo algún día una investigación centrada en este período concreto, podría trabajar sobre la hipótesis de que el nombramiento como "prelado doméstico" de 1947 fue recibido, en efecto, con escaso entusiasmo, pero porque llegaba de hecho como compensación por una meta más alta que no se había podido alcanzar. Lo que el procurador general del Opus Dei, Alvaro del Portillo, habría intentado conseguir no era el título de monseñor por la vía del nombramiento como prelado doméstico del Santo Padre, sino por la vía del "episcopado". El objetivo era que el padre Escrivá llegara a obispo (o arzobispo). Y la hipótesis dice que estuvieron a punto de lograrlo, pero que muy en última instancia el proyecto se vio frustrado (por intervención de miembros de la Compañía de Jesús) y que el nombramiento del 22 de abril de 1947 fue una especie de "premio de consolación".

Monseñor Escrivá morirá en 1975 habiendo visto cómo eran consagrados obispos varios sacerdotes de su Obra destinados a América Latina; pero al fundador nunca le será otorgada semejante dignidad.

El Padre

Sin embargo, el presbítero José María Escrivá, convertido en monseñor Josemaría Escrivá de Balaguer, y simplemente Mariano en las cartas personales a los amigos, es sobre todo conocido y habitualmente designado como "el Padre". "Más de sesenta mil personas le llamaban Padre", titulará un periódico de Milán en un artículo escrito con motivo de su fallecimiento ("Ii Giorno", 26.7.1975).

Ya durante los años iniciales se extiende, entre los miembros del Opus Dei, la costumbre de llamarle así. El, por su parte, se dirigirá siempre a la gente de la Obra llamándoles "hijos e hijas". Hasta había pedido, para su tumba, el siguiente epitafio: "Orad por este pecador, que engendró hijos e hijas" (Vázquez, 309). La idea está ya presente en Camino (n°. 28), cuando afirma: "Hijos, muchos hijos, y un rastro imborrable de luz dejaremos, si sacrificamos el egoísmo de la carne." Pero por una vez no se le hizo caso y se prefirió para su sepultura esta fórmula realmente lapidaria: "El Padre".

Los ejemplos y las citas relativas a esta costumbre de denominar "el Padre" al fundador del Opus Dei serían interminables. Limitémonos, por consiguiente, a dos o tres observaciones.

En primer lugar, es de advertir que la costumbre se convirtió en ley. En las Constituciones del Opus Dei vigentes hasta su conversión en prelatura, las referencias a la figura del "Padre" son muy frecuentes, y expresamente se estipula que el presidente general es llamado "Padre" por los socios ("avocaturPater"; Constituciones, 1950, n0. 327), en el artículo 2 (De Patre) del capítulo 1 de la parte III.

En vida de monseñor Escrivá, la polarización del Opus en torno a la figura del "Padre" contribuye a hacer posible la imagen de la organización como una gran "familia". Las analogías "familiares" son muy del agrado del "Padre", el cual recurre a ellas con frecuencia. Así, en los comienzos de la Obra, la madre de Escrivá era llamada "abuela", mientras que su hermana era "tía Carmen". "Nos vino muy bien -dicen que monseñor Escrivá decía- que mi madre y mi hermana quisieran encargarse de la administración de nuestros primeros centros. Sobre todo Carmen, que fue la que más se metió en todo. Si no, no hubiéramos tenido un verdadero hogar: nos habría salido una especie de cuartel." Y añade Helming que "los miembros de la Obra empezaron a llamarla "tía Carmen" espontáneamente, y no sólo por ser hermana del fundador, sino por el cariño que 1e tenían. Conocía los nombres de todos los primeros miembros de la Obra, sabía cuáles eran sus platos favoritos y los postres que les gustaban. Les regalaba caramelos y, si un botón estaba a punto de caérseles, se lo cosía... " (Helming, 58). El texto puede ser considerado como una buena muestra de aquello que para Escrivá constituía la diferencia entre un "cuartel" y un "hogar", así como del papel asignado a la mujer, tema al que en otro momento tendremos ocasión de referirnos.

Incluso más tarde, cuando el grupo de estudiantes y jóvenes licenciados que seguían al "Padre" se haya transformado en una organización internacional de considerables dimensiones, se intentará preservar esta imagen del Opus Dei como una gran familia. "Padre de familia numerosa y pobre", es el título del último capítulo de la biografía de Bernal. "Reuniones de familia", denomina Gondrand (p. 284) a las grandes asambleas congregadas para escuchar al "Padre" con motivo de sus grandes viajes de los años setenta por el mundo entero ("un maratón sobrenatural", según Sastre, cap. IX). Y en el momento de su muerte Alvaro del Portillo dirá que "no importa que se nos salten las lágrimas, porque somos una familia y nos queremos mucho" (en Vázquez, 486).

Bien es verdad que en algún caso este apelativo del "Padre" puede dar lugar a una cierta ambigüedad. Así, cuando e1 "Padre" escribe a sus "hijos": "qué confianza, qué descanso y que optimismo os dará, en medio de las dificultades, sentiros hijos de un Padre, que todo lo sabe y todo lo puede" (citado en Gondrand, 67), es preciso andar ojo avizor para saber de qué "Padre" se está hablando en cada caso. Y esa ambigüedad podría quedar todavía más acentuada a raíz de la muerte de monseñor Escrivá ya que, como dice Alvaro del Portillo en la primera misa de corpore insepulto celebrada aquel mismo día (26 de junio de 1975), "además de que tenemos a Dios Padre, que está en los cielos, tenemos a nuestro Padre en el cielo, que desde allí se preocupa por todas sus hijas y todos sus hijos" (citado en Vázquez, 486). Y ya desde los años treinta don Josemaría aconsejaba a sus hijos que rezasen a menudo el Padrenuestro, "meditando sobre todo las dos primeras palabras, Padre Nuestro..." (Gondrand, 82).

Marqués de Peralta

De los honores, títulos y condecoraciones recibidos por monseñor Escrivá a lo largo de su vida, el más sorprendente de todos acaso sea éste, que él mismo solicitó en 1968. Cuando el hecho trascendió a la opinión pública, provocó un revuelo considerable y propició un montón de rumores sobre las posibles motivaciones ocultas subyacentes a semejante decisión (véase, por ejemplo, Carandell, 65, e Ynfante, 31s). La noticia dio pie a comentarios irónicos, causó una cierta consternación en muchos ambientes eclesiásticos y no resultó fácil de digerir para muchos miembros de la propia Obra. El hecho ni siquiera es mencionado en el perfil biográfico oficial que encabeza las ediciones recientes de sus obras; algunos biógrafos pasan por él como de puntillas y otros lo presentan de un modo tan forzado, que diríase que denota una franca incomodidad.

Así, Bernal se refiere al tema en un subcapítulo en el que Escrivá es paradójicamente descrito como "Pobre de solemnidad" (Bernal, 327-343), y lo presenta como una "heroica decisión", tomada con plena conciencia "de las críticas que su petición iba a suscitar" y basada en el hecho de que "el desprendimiento de los bienes humanos o de los símbolos de honor nunca puede ser excusa para incumplir el propio deber" (Bernal, 342). Plantear la cuestión en términos de "deber" podría ser interpretado como una transposición del principio de una de las máximas de Camino (n°. 332): "Al que pueda ser sabio no le perdonamos que no lo sea", transformado ahora en un: "Al que pueda ser noble no le perdonamos que no lo sea." Lógicamente no es ésta, sin embargo, la interpretación de las biografías oficiales: Escrivá actúa así con el fin de compensar a su familia por los muchos sacrificios que habían hecho por la Obra (Gondrand, 250ss; Vázquez, 348ss).

Dado que de estos familiares el único que aún vive es su hermano Santiago, el título será para él: al cabo de un año, según Gondrand; al cabo de cuatro años, según Bernal. Ninguno de ellos considera oportuno añadir que "simultáneamente" a la petición del marquesado para monseñor Escrivá se había solicitado otro título, una baronía, para el hermano. Ninguno de ellos considera necesario reproducir el decreto (publicado en el "Boletín Oficial del Estado" del 3 de agosto de 1968) que accede a la solicitud de rehabilitación del título de marqués de Peralta. Vázquez de Prada, en cambio, sí reproduce el documento de 1972 en el que consta que el titular ha pasado a ser Don Santiago Escrivá de Balaguer y Albás (Vázquez, 350). Ese mismo autor, en el índice biográfico que incluye al final de su volumen, relaciona todos los títulos, nombramientos, condecoraciones y honores recibidos por monseñor Escrivá (ibíd., 550): el marquesado no aparece para nada.

Eso sí, todos ellos coinciden en describir detalladamente las consultas previas efectuadas "a algunos de los cardenales que en la Curia romana gozaban de mayor fama de prudencia, y a la Secretaría de Estado del Santo Padre" (Bernal, 342). El episodio recuerda curiosamente aquel otro de 1941, ya comentado, en que esos mismos autores pretendían atribuir al nuncio Cicognani la iniciativa de hacer viajar al "Padre" a Barcelona con el nombre de Escrivá de Balaguer. Como si ambas manifestaciones de aristocratismo debieran legitimarse mediante el recurso a la bendición de las jerarquías eclesiásticas. Y es que, en efecto, si la legitimación quisieran buscarla en la propia producción literaria, fácilmente podrían encontrarse con aquel: "Honores, distinciones, títulos..., cosas de aire, hinchazones de soberbia, mentiras, nada" (Camino, n° 677).

2. ¿San Josemaría?

Como coronación de todo este conjunto de "mutaciones" de los nombres de monseñor Escrivá, sus "hijos" desearían poder ofrecerle, a título póstumo, el honor mayor de todos, el de su canonización.

Inmediatamente después de su fallecimiento empiezan a llegar a la Santa Sede millares de cartas pidiendo la apertura del proceso. Cartas "de jefes de Estado y de gobierno, de ministros, de senadores y de diputados, de familias y de individuos de toda clase y de todo el mundo; también de 69 cardenales y de 1300 obispos, más de una tercera parte del episcopado mundial, lo cual constituye un hecho único en la historia de la Iglesia católica" (Le Tourneau, 19). La fama de santidad del fundador del Opus Dei se extiende progresivamente, "con significativa espontaneidad", según se dice en el decreto de introducción de la causa de beatificación y canonización (texto íntegro reproducido en Seco, 196-205).

El sucesor de monseñor Escrivá, Alvaro del Portillo, nombra rápidamente a un postulador de la causa. El reverendo Flavio Capucci lo es oficialmente desde 1978. En 1980 se solicita la introducción de la causa. En 1981 se inicia el proceso. Monseñor Escrivá se convierte en "el Siervo de Dios Josemaría Escrivá de Balaguer".

En los distintos países, las respectivas "vicepostulaciones del Opus Dei" publican periódicamente unos boletines informativos, "con censura eclesiástica de la Congregación para las causas de los santos", que dan cuenta de la marcha del proceso, reproducen fragmentos de aquellas cartas de obispos del mundo entero y publican nuevas cartas de personas que agradecen los "favores" obtenidos por la "intercesión" de monseñor Escrivá, a quien se dirigen en sus plegarias.

Con idéntica "significativa espontaneidad", el vicario general del Opus Dei, Javier Echevarría, entra a formar parte de la Congregación para las causas de los santos, como consultor (Annuario Pontificio, 1982), seguido del propio prelado, monseñor Alvaro del Portillo (Annuario Pontificio, 1983). No van a ser los únicos; más adelante se incorporarán a la misma Congregación otros sacerdotes del Opus Dei: Joaquín Alonso, asimismo como consultor, o José Luis Gutiérrez Gómez, como relator, por ejemplo.

En 1990 se publica un decreto pontificio "sobre el ejercicio heroico de las virtudes del Siervo de Dios Josemaría Escrivá de Balaguer" ("Hoja informativa" de la vicepostulación del Opus Dei, n°. 12). Monseñor Escrivá se convierte en "el Venerable Josemaría Escrivá de Balaguer".

Pero el proceso no termina necesariamente ahí. El "Venerable" puede convertirse en "Beato".* Y el "Beato" se puede convertir en "Santo". En general estos procesos son sumamente lentos, y acostumbran a durar muchos años. Hasta ahora, la causa del "Venerable Josemaría Escrivá" ha avanzado a una velocidad que muchos observadores, en Roma, califican de insólita. En 1991, también en Roma, se dijo que se habían terminado las prisas y que el proceso, en e1 caso de seguir adelante, transcurriría con la rapidez (es decir, la lentitud) habitual.

El tiempo dirá, pues, si el Opus Dei podrá reivindicar un día, junto a aquel ambiguo "nuestro Padre en el cielo", un no menos ambiguo "Padre santo". O bien si se convertirán en profecía unas palabras pronunciadas años atrás por monseñor Escrivá (y citadas en Vázquez, 54): "¡No te hagas ilusiones!, no soy de madera de santo."

*Lo es ya en el momento de publicarse estas páginas.

 

Arriba

Anterior - Siguiente

Volver a Libros silenciados

Ir a la página principal

Gracias a Dios, ¡nos fuimos!
Opus Dei: ¿un CAMINO a ninguna parte?