Gracias a Dios, ¡nos fuimos!
Opus Dei: ¿un CAMINO a ninguna parte?

Contrapuntos al camino del Opus Dei
Índice del libro
Prólogo
Carácter
Dirección
Oración
Pureza
Corazón
Mortificación
Penitencia
Examen
Propósitos
Escrúpulos
Presencia de Dios
Vida sobrenatural
Más de vida interior
Tibieza
Estudio
Formación
El plano de tu santidad
Amor de Dios
Caridad
Los medios
La Virgen
La Iglesia
Santa Misa
Comunión de los Santos
Devociones
Fe
Humildad
Obediencia
Pobreza
Discreción
Alegría
Otras virtudes
Tribulaciones
Lucha interior
Postrimerías
La voluntad de Dios
La gloria de Dios
Proselitismo
Cosas pequeñas
Táctica
Infancia espiritual
Vida de infancia
Llamamiento
El apóstol
El apostolado
Perseverancia
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CONTRAPUNTOS AL CAMINO DEL OPUS DEI
Autor: Mosén Josep Dalmau

DIRECCIÓN

Punto 56. Madera de santo. -Eso dicen de algunas gentes: que tienen madera de santos. -Aparte de que los santos no han sido de madera, tener madera no basta. Se precisa mucha obediencia al Director y mucha docilidad a la gracia. -Porque, si no se deja a la gracia de Dios y al Director que hagan su obra, jamás aparecerá la escultura, imagen de Jesús, en que se convierte el hombre santo. Y la "madera de santo", de que venimos hablando, no pasará de ser un leño informe, sin labrar, para el fuego... para un buen fuego si era buena madera!

Contrapunto. Hay dos clases de santos: Los inéditos y los de cliché. Los primeros son los únicos que merecen de verdad tal nombre. Por ejemplo, una Juana de Arco, un Tomás de Aquino o un Francisco de Asís, santos perseguidos por la incomprensión. El verdadero santo se adelanta a su tiempo y adopta una forma de pensar y de vivir más conforme con el Evangelio. Estos santos escapan a la capacidad de todo director. Se sitúan por encima de él. Lo dice la Historia. Para ser un santo de éstos, sí que hace falta tener madera. Si te sujetas "pasivamente" al director, te excluirás tú mismo de la santidad verdadera. Serás simplemente un santo de cliché, sin nervio propio. Un cristiano que irá al cielo a decir amén. No a entonar su propio canto de gloria.


Punto 57. Frecuenta el trato del Espíritu Santo -el Gran Desconocido- que es quien te ha de santificar. No olvides que eres templo de Dios. -El Paráclito está en el centro de tu alma: óyele y atiende dócilmente sus inspiraciones.

Contrapunto. Muchas veces confundimos los pájaros que tenemos en la cabeza con el Espíritu Santo. Es una manera de andar "a la buena de Dios", es decir, de hacer nuestra real gana. No seas tan ingenuo que vayas a esperar que te hable el Espíritu Santo. Dios ya nos habló. Lee -escucha- su palabra evangélica. El espíritu de su palabra ha de ser tu norte y tu guía. Es menos fácil perderse teniendo el evangelio por brújula, que andar aguzando el oído a las inspiraciones interiores.


Punto 58. No estorbes la obra del Paráclito: únete a Cristo, para purificarte, y siente, con El, los insultos, y los salivazos, y los bofetones..., y las espinas, y el peso de la cruz..., y los hierros rompiendo tu carne, y las ansias de una muerte en desamparo... Y métete en el costado abierto de Nuestro Señor Jesús hasta hallar cobijo seguro en su llagado Corazón.

Contrapunto. No rehúyas la realidad poniéndote a sentir muy "místicamente" los insultos, y los salivazos, y los bofetones, y las espinas, y el peso de la cruz de Cristo. Es fácil aquí también salirse de madre. No es lo mismo sentirse solidario con unos puñetazos o insultos lejanos en el tiempo, que aceptar "ahora" como propias las cárceles frías y lóbregas de los perseguidos por la justicia, o sentir como propios los cosquilleos de los estómagos vacíos, la inseguridad de una barraca de hojalata, la desesperación de un jornal insuficiente, etc., de millones de personas. Aquí es donde Cristo padece de verdad. Ésta es la pasión actual y realísima de Cristo a quien tanto dices que amas.


Punto 59. Conviene que conozcas esta doctrina segura: el espíritu propio es mal consejero, mal piloto, para dirigir el alma en las borrascas y tempestades, entre los escollos de la vida interior. Por eso es Voluntad de Dios que la dirección de la nave la lleve un Maestro, para que, con su luz y conocimiento, nos conduzca a puerto seguro.

Contrapunto. Conviene que conozcas esa doctrina segura: Dios te ha hecho libre y responsable. No intentes, pues, descargar sobre la conciencia del director -un pobre diablo como tú- toda la responsabilidad de tu salvación. Harto quehacer tiene él consigo mismo. Dios quiere que cada uno lleve la dirección de su nave. Un director, por muchas luces que tenga y por muchas cosas que le comuniques, no podrá captar del todo ese cúmulo de imponderables que quedan en tu interior y que en definitiva son los que deciden la situación. A la postre, tú mismo te tienes que salvar.


Punto 60. Si no levantarías sin un arquitecto una buena casa para vivir en la tierra, ¿cómo quieres levantar sin Director el alcázar de tu santificación para vivir eternamente en el cielo?

Contrapunto. ¿Te gustaría vivir en una casa que ha sido planeada a gusto o criterio de otro? ¿Cómo puedes, entonces, aceptar tan bobamente y tan a ciegas -como si todo fuera indudable, y sin poner nada de tu parte- las decisiones del director?


Punto 61. Cuando un seglar se erige en maestro de moral se equivoca frecuentemente: los seglares sólo pueden ser discípulos.

Contrapunto. Es una equivocación creer que el sacerdocio nos consagra también como maestros de moral. Muy a menudo, en este campo, los seglares nos dan sus buenas lecciones, que los sacerdotes recibimos como buenos discípulos.


Punto 62. Director. -Lo necesitas. -Para entregarte, para darte..., obedeciendo. -Y Director que conozca tu apostolado, que sepa lo que Dios quiere: así secundará, con eficacia, la labor del Espíritu Santo en tu alma, sin sacarte de tu sitio..., llenándote de paz, y enseñándote el modo de que tu trabajo sea fecundo.

Contrapunto. Amén. Amén. Amén. El que obedece pasivamente acaba siendo un títere; un individuo instrumentalizado y prostituido.


Punto 63. Tú -piensas- tienes mucha personalidad: tus estudios -tus trabajos de investigación, tus publicaciones-, tu posición social -tus apellidos-, tus actuaciones políticas -los cargos que ocupas-, tu patrimonio..., tu edad, ya no eres un niño!... Precisamente por todo eso necesitas más que otros un Director para tu alma.

Contrapunto. Tú -piensas- tienes mucha personalidad: la adolescencia superada, tu trabajo de tornero o fresador, tu cargo de enlace sindical, tus reivindicaciones sociales, tu actuación política, tu prestigio en el mundo obrero, tu experiencia de lucha... ¡Todo esto hace que no seas un cualquiera! Pero no te fíes mucho de ti mismo. Lo que eres es gracias a los otros. No te desentiendas de ellos. Escúchales y hazles caso. Los necesitas -al menos a algunos de ellos- para no perderte a ti mismo.


Punto 64. No ocultes a tu Director esas insinuaciones del enemigo. -Tu victoria, al hacer la confidencia, te da más gracia de Dios. -Y además tienes ahora, para seguir venciendo, el don de consejo y las oraciones de tu padre espiritual.

Contrapunto. Hacerse confidente de un problema es compartir también su carga. No limites tu confidencia a una sola persona. A la larga puedes quedar alienado. Confía en todos aquellos que te merecen confianza. Tendrás así más posibilidades de resolverlo satisfactoriamente; contarás con sus oraciones... y, sobre todo, te harás libre.


Punto 65. ¿Por qué ese reparo de verte tú mismo y de hacerte ver por tu Director tal como en realidad eres? Habrás ganado una gran batalla si pierdes el miedo a darte a conocer.

Contrapunto. ¿Cómo te explicas esa inclinación a decir al primero que pasa todas tus cosas buenas y malas? ¿Es que quieres hacer gala de tu manera de ser? Eres entonces un pedante. Tendrás una cualidad más, si te frenas un poco y te guardas más para ti las cosas que haces y piensas.


Punto 66. El Sacerdote -quien sea- es siempre otro Cristo.

Contrapunto. Sea quien sea, cualquiera -el barrendero, por ejemplo, es siempre otro Cristo.


Punto 67. No quiero -por sabido- dejar de recordarte otra vez que el Sacerdote es "otro Cristo". -Y que el Espíritu Santo ha dicho: "nolite tangere Christos meos" -no queráis tocar a "mis Cristos".

Contrapunto. Esto no te lo han dicho muchas veces: Los poderes sobrenaturales de los sacerdotes son más instrumentales que personales. Por esto, no conviene crear una exigencia de respeto por esa cosa accidental, por mucho relieve que tenga. No vaya a ser que, escudándose en su dignidad sacerdotal, sigan manteniendo una injusta situación de privilegio enojosa para muchos. Hoy todo el mundo exige respeto. Para Dios "todo el mundo" ha sido siempre respetable.


Punto 68. Presbítero, etimológicamente, es tanto como anciano. -Si merece veneración la ancianidad, piensa cuánto más habrás de venerar al Sacerdote.

Contrapunto. Antiguamente el pueblo cristiano escogía a sus sacerdotes entre los más valiosos y experimentados. Solían ser los más ancianos. Presbítero quiere decir anciano. Es justo que rehabilites y veneres "el saber" y la "experiencia" de los otros. Te pueden servir de guía.


Punto 69. Qué poca finura de espíritu -y qué falta de respeto- supone dedicar bromas y vayas al Sacerdote -quien sea- bajo ningún pretexto!

Contrapunto. Qué poca finura de espíritu y qué falta de respeto supone dedicar bromas de mal gusto a cualquiera que sea y por la razón que sea. El sacerdote no ha de ser más ni menos.


Punto 70. Insisto: esas bromas -burlas- al Sacerdote, con todas las circunstancias que a ti te parezcan atenuantes, son siempre, por lo menos, una ordinariez, una chabacanería.

Contrapunto. Insisto: hay que tratar al sacerdote con la naturalidad y el respeto debidos a todas las personas. Harás un acto de justicia y le ayudarás a no segregarse de los hombres concretos.


Punto 71. Cómo hemos de admirar la pureza sacerdotal! -Es su tesoro. -Ningún tirano podrá arrancar jamás a la Iglesia esta corona.

Contrapunto. La pureza -en el sentido de no ejercicio de la sexualidad- ni es un tesoro admirable en el sacerdote -sería desvirtuar la dignidad del sacramento del matrimonio, y la pureza en sí misma no es ni un sacramento-, ni se puede afirmar que la Iglesia la mantendrá para siempre jamás.


Punto 72. No me pongas al Sacerdote en el trance de perder su gravedad. Es virtud que, sin envaramiento, necesita tener. Cómo la pedía - Señor, dame... ochenta años de gravedad!- aquel clérigo joven, nuestro amigo! Pídela tú también, para el Sacerdocio entero, y habrás hecho una buena cosa.

Contrapunto. Ya se pasaron, gracias a Dios, los tiempos del espectáculo y de la comedia social. Sinceridad, sinceridad, sinceridad. Esto es lo único que hoy convence. Esos aires postizos de gravedad, de delicadeza y dignidad ofendidas, hoy dan risa. Pide al Señor que el clero no adopte actitudes de "gran dignidad": impiden la comunicación.


Punto 73. Te ha dolido -como una puñalada en el corazón- que dijeran de ti que hablaste mal de aquellos sacerdotes. -Y me alegro de tu dolor: ahora sí que estoy seguro de tu buen espíritu!

Contrapunto. He tenido la gran satisfacción de saber que te ha dolido, como una puñalada en el corazón, el darte cuenta que hablaste mal, no del obispo, del financiero o del empresario, sino de aquel señor obrero que pasaba por tu calle.


Punto 74. Amar a Dios y no venerar al Sacerdote... no es posible.

Contrapunto. Amar a Dios y mantener privilegios económicos, de dignidad o de poder... no es posible.


Punto 75. Como los hijos buenos de Noé, cubre con la capa de la caridad las miserias que veas en tu padre, el Sacerdote.

Contrapunto. Procura cubrir con la capa de la caridad y la comprensión las miserias morales de la gente, sin distinción (¿Qué más da que sea cura o gitano el culpable?). Es la humanidad entera la que cojea, no sólo la parte alta de la sociedad.


Punto 76. Si no tienes un plan de vida, nunca tendrás orden.

Contrapunto. Andate con cuenta de que el orden del plan de vida no te agarrote la existencia o te margine de la vida. Se ha dicho muy bien: "Ama y haz lo que quieras".


Punto 77. Eso de sujetarse a un plan de vida, a un horario -me dijiste-, es tan monótono! Y te contesté: hay monotonía porque falta Amor.

Contrapunto. Eso de sujetarse a un plan de vida, a un horario, es tan monótono, porque la vida no suele ser así. La Vida no tolera moldes. Se escapa. No es nunca igual. Es nueva cada día.


Punto 78. Si no te levantas a hora fija nunca cumplirás el plan de vida.

Contrapunto. No es esencial levantarte a hora fija. Levántate a la hora que te has propuesto al irte a dormir.


Punto 79. ¿Virtud sin orden? - Rara virtud!

Contrapunto. ¿Virtud sin orden? Virtud heroica.


Punto 80. Cuando tengas orden se multiplicará tu tiempo, y, por tanto, podrás dar más gloria a Dios, trabajando más en su servicio.

Contrapunto. Cuando tengas orden, no tendrás tal vez tiempo de hacer cosas nuevas. Serás un hombre bloqueado y acabado. ¡Quién sabe si también delante de Dios!

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